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La nota del
día
No debe haber problema en que niños trabajen
Si se consideran los males de
la calle, los peligros (maras, pederastas, proxenetas, secuestradores,
droga, vagancia), el trabajo doméstico es una alternativa más
humana y más sensata
Publicada 23 de diciembre 2004, El Diario de Hoy
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El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Comenzaremos recordando que en EL DIARIO DE HOY tenemos un fuerte y
permanente compromiso con el bienestar de los niños en el país.
En campañas diversas, participando en el debate público
sobre la problemática de la niñez, contribuyendo a obras
benéficas y a través de programas como Guanaquín
Escolar y la enseñanza y divulgación de valores, defendemos
a la infancia y nos ocupamos de su formación, su salud y su futuro.
EL DIARIO DE HOY ayuda a una escuela pública, ha hecho donaciones
importantes a entidades que protegen niños y a un costo millonario
sostiene un programa, Guanaquín Escolar, que brinda material educativo,
láminas didácticas y auxiliares pedagógicos a escuelas
y familias en toda la República.
Dicho lo anterior, reiteramos nuestra firme oposición al plan de
erradicación del trabajo infantil, aunque estamos de acuerdo con
que se prohíba la labor de menores en ocupaciones peligrosas o
insalubres. En vez de pretender multar y perseguir, como ejemplo, el trabajo
de niños en labores domésticas, dentro de sus propias viviendas
o parcelas agrícolas, esos esfuerzos y averiguaciones se deben
encaminar a buscar a los padres que abandonan a sus hijos. Los cuadros
terribles de miseria que existen en El Salvador son más consecuencia
de la irresponsabilidad paterna, que de supuestas fallas en el sistema
económico o la mala distribución de la riqueza.
A nadie le debe extrañar que la ofensiva contra el trabajo infantil
sea una iniciativa de la OIT, entidad financiada y empujada por los sindicatos
norteamericanos. Una de las políticas fundamentales y de siempre
de dichas organizaciones ha sido impedir o estorbar la formación
de mano de obra capaz y disciplinada en el tercer mundo, sobre todo en
Hispanoamérica. Y es sabido por muchos que el niño se disciplina
o a través de la escuela, o en el trabajo. Si no es posible que
todos asistan a la escuela, y la alta deserción escolar que padecemos
lo atestigua, hay que echar mano del trabajo.
La alternativa es la calle y sus horrores
De nuevo diremos: en un mundo ideal y deseable, como es el caso de las
grandes democracias, los niños asisten a la escuela hasta pasada
la pubertad. También ayudan en labores domésticas; los que
más lo hacen son los que más tarde sobresalen en la vida.
Pero una cosa es el sueño y las metas que una nación se
traza, y otra las concretas realidades de un pueblo pobre.
El trabajo en el hogar, doméstico, tiene de por sí dos grandes
beneficios. El primero, como decimos, es que ordena a los niños,
les disciplina, les enseña a seguir instrucciones, a ser valorados
en su esfuerzo. ¿Barrió bien la habitación? ¿Puso
orden en el dormitorio? Pueden ser premiados, presionados o castigados
por hacer bien o mal lo que se les encarga; eso es parte de la educación
desde los albores de la humanidad.
El segundo grande e importantísimo beneficio, es que el trabajo
doméstico mantiene a los niños alejados de la calle buena
parte del tiempo. Si se consideran los males de la calle, los peligros
(maras, pederastas, proxenetas, secuestradores, droga, vagancia), el trabajo
doméstico es una alternativa más humana y más sensata.
Si a ese trabajo sigue un aprendizaje en artes y oficios, todavía
mejor, aunque disguste a la OIT.

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