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Arterias cerradas

El colesterol se adhiere a las arterias cortando el flujo sanguíneo. Mudar de estilo de vida previene el infarto

Publicada 22 de diciembre 2004, El Diario de Hoy

Leyre Ventas lventas
El Diario de Hoy
LeyreVentaslventas@elsalvador.com


Contaba con un currículo completo. Antes de ser ingresado a causa de aquel dolor pectoral que sintió mientras atendía su negocio ya poco rentable, Raúl Eduardo Ibarra conoció amagos –le impresionó ver a su suegro en el lecho de muerte–, cateterismos y anginas de pecho.

El 11 de noviembre de 2001 su carrera cardiovascular alcanzó la meta: siendo atendido por angina en el Hospital Zacamil, sufrió el temido infarto.
Los análisis descubrieron la causa: niveles elevados de colesterol en sangre. “Fue el mal comer, todo con mucha grasa”, recuerda Ibarra que le explicaron.

Buenos y malos

El cuerpo humano produce naturalmente todo el colesterol que necesita para formar las membranas celulares y producir ciertas hormonas. Así, el exceso de dicho lípido (substancia grasa) se le atribuye directamente a las grasas saturadas, presentes en los lácteos, los aceites tropicales tales como el aceite de coco y la carne roja.

El colesterol llega a las células a través del torrente circulatorio, transportado por las lipoproteínas: las de baja y alta densidad (LDL y HDL, por sus siglas en inglés y respectivamente).

El malo de la película es el LDL, ya que su exceso en la sangre hace que se acumule en las paredes de las arterias.

Cuando la placa de grasa obstruyó el flujo en las vías sanguíneas coronarias de Ibarra, tuvo lugar el ataque al corazón. “Tenía los niveles altísimos”, explica el infartado sin memoria de cifras, pero con el recuerdo fresco. Con altísimo se refiere, sin duda, a un número superior a los 159 miligramos por decilitro de sangre, que implican un alto riesgo de eventos cerebrovasculares.

El colesterol bueno también existe. Las partículas de HDL transportan la grasa de las células al hígado, donde puede ser eliminada del organismo.
Aunque la bonanza de la molécula termina cuando el tabaquismo, gramos de más, la diabetes, la hipertensión o la vida sedentaria entran en escena, y, por consecuencia, el nivel del HDL baja.

Cuestión de costumbres

Raúl Ibarra fumaba una cajetilla cada ocho días, aunque le extrañe nunca desarrolló diabetes, pero su historial de hipertensión tiene larga vida. Aquel noviembre su presión alcanzó los 200, lejos del recomendado margen entre 80 y 120.
En las posibilidades de sufrir un percance cardíaco influye, además de la alimentación, el factor genético.

La mayoría de los hermanos de Raúl padecen hipertensión, también su hija. La mayor de las hermanas cuenta con un cateterismo, y la madre murió de infarto tras una operación similar a la suya.

El marco familiar no le era favorable, pero la actividad física constante tampoco tuvo cabida en el día a día de Ibarra.

Raúl Eduardo hubiera podido ser parte de la muestra representativa –202 individuos– que Claudia María Suárez Ramírez tomó en 1997 para el estudio que correlacionaba los valores de colesterol y triglicéridos con la actividad física y los hábitos alimentarios en pacientes mayores de 45 años, y le daría el título de doctora en medicina por la Universidad Salvadoreña Alberto Masferrer.

Ibarra contaba en la fecha con la edad requerida (hoy tiene 59 años). Pero no estar ingresado en la Clínica de la Fundación Salvadoreña para la Tercera Edad (Fusate) lo salvó de contribuir a las conclusiones del estudio.

La investigación determinó que existe una asociación estadísticamente significativa entre dislipidemia (concentración alterada de lípidos en sangre) y las variables tenidas en cuenta: el 61 por ciento de casos de dislipidémicos presentaron una relación cintura-cadera anormal, el 60 por ciento eran obesos y el 64 por ciento sedentarios.

En conclusión, el 29 por ciento de los individuos estudiados con colesterol alterado compartían males: obesos, con cintura y cadera desproporcionada y sedentarios.

Para prevenir

“Son países de la supervivencia, donde la medicina preventiva no es prioridad”, justifica las cifras el cardiólogo Hugo Villarroel, y explica que el paciente de su especialidad es un paciente muy enfermo ya.

Ibarra no acostumbraba chequearse el colesterol, y las visitas al médico del corazón no fueron frecuentes hasta después del infarto, cuando se volvieron quincenales, y, a medida que se recuperaba, mensuales, bimensuales, bienales.

Además de la irresponsabilidad del paciente, el doctor apunta a la cultura del centro comercial ahora en auge como promotora de la alimentación chatarra, el sedentarismo y de una actitud consumista hacia lo superfluo.

“Estamos prescribiendo muchas recetas para bajar el nivel de colesterol”, comenta la rutina de cardiólogos, y discute el centrarse más en medicinas que en prevención. “El cambio de estilo de vida no vende, los medicamentos sí”, busca en lo comercial la justificación.
“Nos sentimos orgullosos de los by pass, las angioplastias y las operaciones de corazón abierto, pero la verdadera solución es evitar el proceso”, explica Villarroel. “El primer tratamiento debe ser el cambio de estilo de vida”.

Raúl Ibarra se medica y come, aunque con excepciones, sin grasa ni sal. El currículo de hipertensión sigue engordando. Con las medidas impuestas, eliminó los factores ambientales para quedarse con los genéticos.


Cambiar de hábitos para prevenir consumo de alcohol

Dos copas de vino al día para hombres y una para mujeres puede proteger el corazón. Cantidades superiores se asocian con un aumento de peso, la presión arterial alta y, como última consecuencia, enfermedad coronaria.

Cambiar la dieta
Es la mejor manera de reducir el LDL dañino y evitar así la ingesta de medicamentos para disminuir el colesterol.
Ello implica moderar el consumo de carnes rojas poco magras, mantequilla, hígado, tamales, alimentos fritos con mantecas de cerdo.
También sustituir los carbohidratos simples: azúcares y harinas refinadas, fécula de papa, arroz y pastas, panadería sin harina integral, gaseosas, refrescos de fruta natural, por complejos: miel de abeja, harinas integrales.
La fruta y los vegetales frescos contienen fibra, recomendada para mantener el colesterol a raya. La misma función cumplen los frijoles y las lentejas.
Las grasas animales deben cambiarse por aceites no saturados (de oliva, girasol, canola o maíz).

Ejercicio regular
La mejor manera de aumentar los niveles de HDL es hacer ejercicio regularmente. Un programa de actividades adecuadamente diseñado ayuda a reducir y mantener el peso y la presión arterial al nivel acordado con el médico.
Dejar de fumar
El tabaco cierra arterias y altera factores de coagulación, aumentando la posibilidad de trombos y enfermedades coronarias (multiplicándolas al sumar otras variables). Los riesgos existen también para fumadores pasivos.


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