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Conversando sobre
política
La globalización
Soy un creyente de la globalización y, en consecuencia, de la apertura
comercial. Nadie puede negar que los países deben entrar en el
fenómeno de la llamada por otros mundialización
Publicada 22 de diciembre 2004, El Diario de Hoy
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Luis
Mario Rodríguez R.
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
La disputa entre los que están a favor de la globalización
y los denominados globalofóbicos aún no termina,
ni creo que finalizará, sino hasta que la globalización
incida de forma positiva, no sólo en la dimensión económica
de los estados, sino también en su dimensión política
y social.
Estoy de acuerdo con Luis Armando González y Kati Griffith, cuando
afirman que si la globalización es un proceso de reestructuración
económica mundial, los estados no sólo deben redefinirse
en relación a ese proceso, sino que deben prepararse para insertar
exitosamente a sus respectivas sociedades en el mismo. Asimismo, un Estado
reestructurado y un sólido entramado institucional puede promover
eficientemente una inserción internacional acorde a los recursos
y las capacidades del país respectivo.
Con esta afirmación, los profesores González y Griffith
confirman la necesidad de la reforma institucional en El Salvador. Y es
que nuestro país difícilmente podrá aprovecharse
de los beneficios de la apertura comercial si no acude al encuentro de
la citada reforma.
Joan Prats, profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona, indica
con propiedad lo siguiente: Los aspectos políticos institucionales
surgen así como responsables de poner en marcha un conjunto de
reglas del juego que permitan a los actores sociales orientar sus intereses
a favor de un desarrollo humano, que se suma y no excluye, que amplía
las capacidades de las personas, que garantice la competencia en los mercados
abiertos y asegure la libertad para escoger el tipo de vida social en
el que quieren realizarse.
Prats va más allá de nuestro análisis. Relaciona
una fuerte institucionalidad con el potencial que representa para el aumento
del desarrollo humano. Y es que tal afirmación es incuestionable.
Cuanto mejor funcionen las instituciones fiscalizadoras del uso de los
recursos públicos, evitando la corrupción, tendremos más
posibilidades para satisfacer las necesidades de los más pobres.
Aquí tenemos una relación evidente. No podemos seguir postergando
la reforma institucional en el país. Gran parte de nuestro estancamiento
económico y, sobre todo, muchos de los problemas sociales existentes
se relacionan con la débil institucionalidad que poseemos.
Soy un creyente de la globalización y, en consecuencia, de la apertura
comercial. Nadie puede negar que los países deben entrar en el
fenómeno de la llamada por otros mundialización.
El mismo Stiglitz se refiere a las facetas positivas de este fenómeno
al citar la apertura del mercado lácteo de Jamaica a las importaciones
desde EE.UU. en 1992, con lo cual, afirma el autor, los niños pudieron
consumir leche más barata. Pero también soy consciente de
que la globalización tiene una deuda pendiente con el crecimiento
económico de los estados y con el desarrollo social.
Es importante encontrar esa fórmula que nos permita seguir diversificando
nuestras exportaciones para aprovechar nuevos mercados; la sola oportunidad
de entrar libre de aranceles a Estados Unidos o los estados miembros de
la Unión Europea representa un potencial de crecimiento sin precedentes.
Pero también es necesario que esa fórmula nos señale
las medidas a tomar para que los empleos que genera la industria nacional
no se vean mermados por el fenómeno globalizante. Este es el reto.
Por hoy existen estrategias interesantes presentadas por entidades como
Funde, ANEP y Fusades, que nos presentan caminos que podríamos
seguir para encontrar el equilibrio mencionado. Es importante poner en
marcha algunas de estas iniciativas, pero para ello necesitamos el consenso
y la participación de las fuerzas políticas de una forma
responsable: ni insinuar que no se apoyará tratados tan importantes
como el que se ratificó la semana pasada, ni aferrarse al argumento
de que la apertura comercial es la única vía para el desarrollo
económico y social.
*Secretario de Asuntos Legislativos y Jurídicos
de la Presidencia de la República. Columnista de El Diario de Hoy.

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