Miguel Gallegos
Valdés
El Diario de Hoy
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elsalvador.com
Diciembre es el mes más especial del año;
en este mes, abundan los buenos propósitos, los mejores deseos
para con nuestros semejantes, nos acordamos de quienes, casi siempre,
en el resto del año no nos volvemos a acordar, nos volvemos amables
con toda la gente, cariñosos, atentos y comprensivos con quienes
nos sirven y nos rodean; en fin, nos volvemos verdaderos seres celestiales.
Pero no sólo nosotros, como personas, somos bañados por
este halo luminoso de amor, comprensión y respeto, sino también
a nivel institucional, empresarial y hasta político; así
vemos cómo en las oficinas de gobierno, algunos empleados se vuelven
más diligentes, sonrientes y amables no sólo por la feliz
espera de sus aguinaldos y vacaciones, sino porque también reciben
ese baño de gracia.
Los almacenes le ofrecen a sus clientes, desde un par de meses antes,
este mundo y el otro para que se acerquen a comprar.
Rebajas extraordinarias, pago de primas hasta enero y a los clientes especiales
como usted, altos planes de financiamiento pre-aprobados. Muchos otros
negocios rifan carros, casas, muebles, etc., para lo cual le entregan
por cada compra, los respectivos tiquetes de participación, para
llenar.
Los bancos y las tarjetas de crédito ofrecen extra-financiamientos
con muy bajos intereses y hasta por cinco años, para la compra
de vehículos o para tapar otros chíos. Total, una verdadera
cornucopia.
En la calle también vemos ese fenómeno. Cuando manejamos,
nos volvemos respetuosos y amables; cedemos el paso a otros vehículos,
sobre todo, si van manejados por féminas, quienes a su vez se vuelven
más amables y respetuosas de las leyes de tránsito, y hasta
los taxistas y buseros hacen gala de cortesía.
Aun en los campos de batalla, los ejércitos regulares y las guerrillas
acuerdan ocho y hasta quince días de tregua en sus actividades
bélicas. Muchos países se disponen a ofrecer la paz a sus
enemigos y algunos gobernantes proponen amnistía a sus opositores.
En conclusión, si fuésemos capaces de mantener ese encanto
en nuestro comportamiento durante los 360 días del año,
ciertamente habría menos muerte, menos hambre, menos codicias y
egoísmos, que vuelven nuestro diario vivir casi imposible.
Pidamos una vez más al Niño Dios, como regalo de Navidad,
que haga permanecer en nosotros la generosidad y las manifestaciones de
amor durante todo el año. Feliz Navidad para todos.
No creen, estimados lectores, que vale la pena pensar... ¿Por qué
no somos siempre así?

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