Elizabeth
Economy
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
Las protestas en China no son nada nuevo. Según
algunas versiones, los funcionarios chinos abordan más de 50,000
incidentes graves al año. La corrupción generalizada
ha creado un profundo descontento: los trabajadores protestan por estafas
parecidas a la de Enron con sus ahorros de toda la vida, los habitantes
de zonas urbanas luchan contra las confiscaciones ilegales de terrenos,
y los de zonas rurales, contra injusticias pequeñas y grandes
diarias.
Lo habitual es que esas protestas revistan carácter local y en
general se resuelvan con una combinación de sobornos, detenciones
y promesas de mejoras en el futuro. A veces el Gobierno de China adopta
medidas contra funcionarios locales cuyos delitos son considerados mayúsculos.
Sin embargo, mientras las protestas siguen siendo de carácter local,
se puede abordarlas como casos aislados que no plantearán un desafío
más amplio ni desencadenarán un movimiento encaminado a
cambiar el sistema.
No obstante, puede estar acabándose la época en que el gobierno
apagaba las protestas como si se tratara de incendios de maleza. A lo
largo del pasado año y medio, las organizaciones no gubernamentales
(ONG) ambientales de China han organizado protestas que traspasan las
fronteras provinciales, cuentan con la participación de chinos
de todos los estratos sociales y el apoyo de medios de comunicación
de China y abordan directamente la cuestión del fracaso en la gestión
de los asuntos públicos a escala nacional.
El catalizador de esas protestas tan amplias es la propuesta construcción
de centenares de embalses en toda la China occidental. La construcción
de embalses en China nunca ha estado sometida a un debate público.
Entretanto, los activistas ambientales de China se han centrado en las
cuestiones políticamente inocuas de la
protección de la diversidad biológica, el reciclado y la
educación ambiental.
Sin embargo, ahora esos activistas han adoptado posturas más firmes
y han lanzado campañas contra varias propuestas de embalses a lo
largo de los ríos Nu y Jinsha en Yunnan y el río Min en
Sichuan. Siguen planteando cuestiones tradicionales relativas a la pérdida
de la diversidad biológica, la destrucción de parajes de
belleza natural e importancia cultural y las cuestiones de justicia social
que entraña el reasentamiento, pero ahora ponen también
en entredicho la deficiente gestión de los asuntos públicos
y la corrupción, que permiten que la construcción de embalses
continúe sin supervisión, sin evaluaciones de las repercusiones
ambientales, mientras los funcionarios locales desvían fondos destinados
a los reasentamientos y hacen caso omiso de las reclamaciones de los habitantes
de las zonas rurales afectadas.
Hay muchos asuntos políticos en juego y los intereses del sector
hidroeléctrico de China son muy potentes. Los activistas ambientales
que están luchando actualmente para que se detenga la construcción
de embalses y la inundación de la región, cultural y paisajísticamente
renombrada, de la Garganta del Salto del Tigre, en Yunnan, están
luchando contra el cerebro de los proyectos de centrales hidroeléctricas
Li Xiaopeng, hijo del ex primer ministro Li Peng.
Las ONG con sede en Beijing se están aliando con las ONG locales
de Sichuan para lanzar campañas por la red Internet, distribuir
peticiones y movilizar a los habitantes de las zonas rurales. En un caso,
los activistas ambientales llevaron a los habitantes de una zona en la
que estaba prevista la construcción de un embalse a otra ciudad
para que vieran con sus propios ojos lo mal que les había ido a
otros en el proceso de reasentamiento, tras la construcción de
un embalse.
Los proyectos de embalses han pasado a ser también el punto de
convergencia para un debate político más amplio en los medios
de comunicación de China. Periódicos como Southern Weekend,
China Youth Daily e incluso el tradicionalmente conservador China Daily
piden directamente una mayor apertura política, una mayor participación
política y un fortalecimiento del Estado de Derecho.
Protestas ambientales similares han evolucionado hasta convertirse en
reclamaciones de un cambio político más amplio en otros
países. En la antigua Unión Soviética y en sus estados
satélites, el activismo ambiental contribuyó espectacularmente
al cambio de régimen. En países como Tailandia, Indonesia
y Filipinas, la protesta ambiental ha contribuido a espolear la reforma
política.
Lo mismo puede ocurrir en China. Muchos de los principales activistas
ambientales de China son antiguos estudiantes y dirigentes intelectuales
de las protestas de Tienanmen de 1989, convencidos de que el activismo
ambiental brinda una vía para hacer avanzar la reforma política
más amplia. Otros comenzaron con una actitud apolítica,
pero han llegado a convencerse de que no puede haber protección
ambiental sin cambio político. Ese compromiso compartido con la
reforma del sistema está poniendo a prueba al Gobierno de China.
Los dirigentes de China reconocen que sus opciones políticas son
limitadas: continuar como hasta ahora, represión o reforma. Hasta
ahora, el gobierno ha demostrado cierta flexibilidad, mientras intentaba
abordar ese nuevo desafío con medios tradicionales.
El primer ministro Wen Jiabao ha suspendido la construcción de
varios embalses hasta que se puedan llevar a cabo las evaluaciones de
sus repercusiones sociales y ambientales. Se han aprobado algunos y otros
no. En vista de que hay centenares de embalses que aún pueden llegar
a ser blancos de protestas, por fuerza aumentará la presión
en pro de una respuesta más satisfactoria. El Gobierno podría
lanzar una amplia ofensiva contra esas protestas, si bien con ello podría
perjudicar el prestigio internacional de China y provocar protestas más
amplias y violentas.
La tercera opción es la de utilizar la protección ambiental
para justificar un avance de la reforma política de China cuanto
antes. Si bien se trata de un resultado improbable actualmente, a medida
que las protestas contra los embalses cobren fuerza, los dirigentes de
China pueden llegar a comprender que, si no se dan prisa, corren el riesgo
de ser barridos.
Copyright: Project Syndicate.
*Miembro de mayor antigüedad y directora de Estudios Asiáticos
del Consejo de Relaciones Exteriores de Estados Unidos.

|