elsalvador.com WWW
Portada Nacional El País Deportes Metro Negocios Editorial RUZ Vida Internacionales Por el mundo

Vientos de cambio
Avalancha de protestas en China

El catalizador de esas protestas tan amplias es la propuesta construcción de centenares de embalses en toda la China occidental. La construcción de embalses en China nunca ha estado sometida a un debate público

Publicada 22 de diciembre 2004, El Diario de Hoy


Elizabeth Economy
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Las protestas en China no son nada nuevo. Según algunas versiones, los funcionarios chinos abordan más de 50,000 “incidentes graves” al año. La corrupción generalizada ha creado un profundo descontento: los trabajadores protestan por estafas parecidas a la de Enron con sus ahorros de toda la vida, los habitantes de zonas urbanas luchan contra las confiscaciones ilegales de terrenos, y los de zonas rurales, contra injusticias —pequeñas y grandes— diarias.

Lo habitual es que esas protestas revistan carácter local y en general se resuelvan con una combinación de sobornos, detenciones y promesas de mejoras en el futuro. A veces el Gobierno de China adopta medidas contra funcionarios locales cuyos delitos son considerados mayúsculos. Sin embargo, mientras las protestas siguen siendo de carácter local, se puede abordarlas como casos aislados que no plantearán un desafío más amplio ni desencadenarán un movimiento encaminado a cambiar el sistema.

No obstante, puede estar acabándose la época en que el gobierno apagaba las protestas como si se tratara de incendios de maleza. A lo largo del pasado año y medio, las organizaciones no gubernamentales (ONG) ambientales de China han organizado protestas que traspasan las fronteras provinciales, cuentan con la participación de chinos de todos los estratos sociales y el apoyo de medios de comunicación de China y abordan directamente la cuestión del fracaso en la gestión de los asuntos públicos a escala nacional.

El catalizador de esas protestas tan amplias es la propuesta construcción de centenares de embalses en toda la China occidental. La construcción de embalses en China nunca ha estado sometida a un debate público. Entretanto, los activistas ambientales de China se han centrado en las cuestiones —“políticamente inocuas”— de la protección de la diversidad biológica, el reciclado y la educación ambiental.

Sin embargo, ahora esos activistas han adoptado posturas más firmes y han lanzado campañas contra varias propuestas de embalses a lo largo de los ríos Nu y Jinsha en Yunnan y el río Min en Sichuan. Siguen planteando cuestiones tradicionales relativas a la pérdida de la diversidad biológica, la destrucción de parajes de belleza natural e importancia cultural y las cuestiones de justicia social que entraña el reasentamiento, pero ahora ponen también en entredicho la deficiente gestión de los asuntos públicos y la corrupción, que permiten que la construcción de embalses continúe sin supervisión, sin evaluaciones de las repercusiones ambientales, mientras los funcionarios locales desvían fondos destinados a los reasentamientos y hacen caso omiso de las reclamaciones de los habitantes de las zonas rurales afectadas.

Hay muchos asuntos políticos en juego y los intereses del sector hidroeléctrico de China son muy potentes. Los activistas ambientales que están luchando actualmente para que se detenga la construcción de embalses y la inundación de la región, cultural y paisajísticamente renombrada, de la Garganta del Salto del Tigre, en Yunnan, están luchando contra el cerebro de los proyectos de centrales hidroeléctricas Li Xiaopeng, hijo del ex primer ministro Li Peng.

Las ONG con sede en Beijing se están aliando con las ONG locales de Sichuan para lanzar campañas por la red Internet, distribuir peticiones y movilizar a los habitantes de las zonas rurales. En un caso, los activistas ambientales llevaron a los habitantes de una zona en la que estaba prevista la construcción de un embalse a otra ciudad para que vieran con sus propios ojos lo mal que les había ido a otros en el proceso de reasentamiento, tras la construcción de un embalse.

Los proyectos de embalses han pasado a ser también el punto de convergencia para un debate político más amplio en los medios de comunicación de China. Periódicos como Southern Weekend, China Youth Daily e incluso el tradicionalmente conservador China Daily piden directamente una mayor apertura política, una mayor participación política y un fortalecimiento del Estado de Derecho.

Protestas ambientales similares han evolucionado hasta convertirse en reclamaciones de un cambio político más amplio en otros países. En la antigua Unión Soviética y en sus estados satélites, el activismo ambiental contribuyó espectacularmente al cambio de régimen. En países como Tailandia, Indonesia y Filipinas, la protesta ambiental ha contribuido a espolear la reforma política.

Lo mismo puede ocurrir en China. Muchos de los principales activistas ambientales de China son antiguos estudiantes y dirigentes intelectuales de las protestas de Tienanmen de 1989, convencidos de que el activismo ambiental brinda una vía para hacer avanzar la reforma política más amplia. Otros comenzaron con una actitud apolítica, pero han llegado a convencerse de que no puede haber protección ambiental sin cambio político. Ese compromiso compartido con la reforma del sistema está poniendo a prueba al Gobierno de China.

Los dirigentes de China reconocen que sus opciones políticas son limitadas: continuar como hasta ahora, represión o reforma. Hasta ahora, el gobierno ha demostrado cierta flexibilidad, mientras intentaba abordar ese nuevo desafío con medios tradicionales.

El primer ministro Wen Jiabao ha suspendido la construcción de varios embalses hasta que se puedan llevar a cabo las evaluaciones de sus repercusiones sociales y ambientales. Se han aprobado algunos y otros no. En vista de que hay centenares de embalses que aún pueden llegar a ser blancos de protestas, por fuerza aumentará la presión en pro de una respuesta más satisfactoria. El Gobierno podría lanzar una amplia ofensiva contra esas protestas, si bien con ello podría perjudicar el prestigio internacional de China y provocar protestas más amplias y violentas.

La tercera opción es la de utilizar la protección ambiental para justificar un avance de la reforma política de China cuanto antes. Si bien se trata de un resultado improbable actualmente, a medida que las protestas contra los embalses cobren fuerza, los dirigentes de China pueden llegar a comprender que, si no se dan prisa, corren el riesgo de ser barridos.

Copyright: Project Syndicate.
*Miembro de mayor antigüedad y directora de Estudios Asiáticos del Consejo de Relaciones Exteriores de Estados Unidos.


elsalvador.com WWW