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La nota del día
Comienza a repuntar la agricultura

A medida que la escuela vaya penetrando las zonas rurales, y se consiga disminuir la criminalidad, la gente se va a interesar más y más en los gustos y comodidades que brinda el modernismo

Publicada 22 de diciembre 2004, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

El crecimiento de la actividad agrícola en el país fue de 3.3%, de acuerdo con las últimas estadísticas del MAG, que además resalta una serie de avances en varios campos. Según el ministro Mario Salaverría, el incremento “es el resultado del empuje de subsectores como la pesca, la avicultura y la caña de azúcar”, a lo que se tiene que agregar el algodón, que renace después de muchos años.

Muy buenas noticias, y es de esperar que las comunidades alrededor de las zonas donde el cambio tiene lugar, participen con su trabajo y más ideas y proyectos. Hasta hoy, uno de los problemas graves que afronta el agro es el desinterés de los campesinos y jornaleros por laborar más de cinco horas al día, lo que se traduce en una incongruencia: faltan brazos para cultivar la tierra, en un país donde supuestamente se sufre de subempleo.

Son muchas la causas de la apatía entre los pobladores rurales, de ser una parte activa en la producción. La más citada son las remesas, que elevan el umbral del ocio: para que alguien se anime a dejar la hamaca y se ponga a trabajar, se requiere de incentivos que sobrepasen en buena medida el nivel de subsistencia que permite la remesa. El aliciente mayor en tal sentido es el consumismo, tan condenado pero que mueve el mundo.

Lo segundo, que la gente perdió el empuje por el trabajo en los años de la agresión comunista. No tenía mayor sentido cultivar con intensidad las propiedades porque o faltaba la dirección de sus previos dueños, o llegaban las bandas armadas y robaban, quemaban cosechas y destruían los aperos. En esos años de angustia y muerte, lo primordial era sobrevivir, no trabajar para construir sus vidas. De allí que para muchos lo más pernicioso de esa guerra sin sentido fue la pérdida de la laboriosidad y la honradez del salvadoreño.

Las estupideces detienen el progreso

Pero a medida que la escuela vaya penetrando las zonas rurales, y se consiga disminuir la criminalidad, la gente se va a interesar más y más en los gustos y comodidades que brinda el modernismo. En otras palabras, la zanahoria de tener mejor ropa, de comidas gustosas, de electrodomésticos, de telefonía y traslados a otros sitios, hace que la gente sacuda el esqueleto y se ponga a trabajar. Más los jóvenes que los viejos.

Pese a las buenas noticias y a los avances, empero, no se podrá soñar con una agricultura pujante y competitiva, mientras no se revierta la montaña de estupideces que se inició con la reforma agraria y se mantiene con las condonaciones y la politización de los asuntos relacionados con el agro. Comiéncese considerando un hecho apabullante: los tamaños máximos de la propiedad rural que permite la Constitución no pagan la compra de equipos eficientes para trabajarla, ni menos instalar plantas que procesen las cosechas. Varias firmas enlatadoras de fruta y jugos que en un momento pensaron instalarse aquí, se fueron casi de inmediato al enterarse de las demenciales limitaciones y regulaciones que rigen la campiña salvadoreña. Y si no se pueden instalar factorías, tampoco es posible valorar mejor el trabajo de los pobladores rurales y elevar en tal manera su nivel de vida. El que en verdad desea superarse tiene que emigrar a las ciudades.

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