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Niños tras las rejas en Navidad

Inocentes. Manuel ha vivido cinco navidades con su madre en Cárcel de Mujeres. Stanley, de 22 días, pasará la primera allí. Otros 36 infantes tendrán la misma experiencia

Publicada 21 de diciembre 2004, El Diario de Hoy

Agasajo. La Dirección de Centros Penales festejó a los menores que, junto a sus madres, están internos en el presidio..Fotos EDH / Omar Carbonero
Jorge Beltrán
El Diario de Hoy

nacional@elsalvador.com

Es la quinta Navidad que Manuel N. (se han cambiado los nombres) de casi seis años, pasará tras las rejas de Cárcel de Mujeres, en Ilopango. No ha delinquido, pero es hijo de una campesina que cumple una condena de 13 años por un intento de asesinato.

Para él, el significado de la Navidad se reduce a una quiebra de piñatas y de modestos obsequios que iglesias u otras instituciones les hacen llegar en esta época.

Manuel no sabe quién es Santa Claus y mucho menos quién es su padre. Margarita, una mujer de 28 años, no se lo ha dicho, asegura, porque el niño fue concebido por una violación que sufrió en la bartolina policial de Jujutla, Ahuachapán, a pocos días de que le arrestaran.
La mujer asegura que a finales de abril de 1998, un policía que estaba de carcelero consumó el hecho amenazándole. Entró en la cárcel embarazada, aunque sin saberlo.

Del supuesto violador no sabe ni el nombre. Una institución gubernamental le recomendó silencio, por la situación en que se hallaba.

Consuelo


A despecho de todo eso, la mujer dice que le da igual no saber quién es el padre de Manuel. Lo importante es que entre ambos se dan amor y consuelo. Cuando el niño le pregunta por su progenitor, ella le responde que está allá arriba (en el cielo).

No obstante, Margarita no oculta un poco de disgusto cuando su Manuelito le dice “Mami, cómpreme ropa azul y negro, porque yo voy a ser policía”. “Le pido a Dios que me quite todo eso (desprecio) que siento por dentro”, asegura la mujer.

Margarita espera, sin quererlo, que en cualquier momento su hijo sea obligado a salir de la cárcel, para reunirse con sus otros dos hermanos, pues ya sobrepasa los cinco años, edad tope para que los pequeños estén en el reclusorio.

Se dice inocente

El tiempo que ha transcurrido desde febrero pasado, la mujer lo toma como la respuesta de Dios a las oraciones que le hace a cada momento para que le dejen al niño a su lado.
“Con mi hijo me siento bien aquí, es un consuelo para mí”, asegura la convicta, quien dice que está pagando un delito que nunca cometió.

La mujer cuenta que trabajaba como empleada de casa con unos señores que tenían rencillas con unos vecinos. “Un día fueron a fregar a alguien y en mí se limpiaron”, sostiene.
La mujer dice que está por cumplir siete años de cárcel, de los trece que le impusieron, durante los cuales no tiene registros de mala conducta.

Compañeras de celda le han dicho que ya podría ser beneficiada con la libertad condicional, “pero yo no sé como se hace eso”, asegura.

De momento, el pequeño Manuel, quien este año cursó con buenas notas el kinder para niños de cinco años, sólo tiene un deseo que pedirle a ese tal Santa: que su mamá salga libre.

Margarita, en tanto, espera que sea pronto, pues no soportaría pasar una Navidad en completa soledad, aunque tenga a su alrededor a más de 500 compañeras de cárcel.

Stanley es el menor de todos

Stanley, el nuevo de los “huéspedes” de Cárcel de Mujeres, no se percató ayer de que había quiebra de piñatas.

A sus veintidós días de nacido, la música y el bullicio de los demás niños recogiendo dulces no eran suficientes para perturbarle el sueño o despegarlo del pezón de su madre, Eunice, quien hace tres meses cayó presa, acusada de secuestro.

Será su primera Navidad pero deberá pasarla tras las rejas como su madre, quien espera salir libre, bajo fianza, a primeros días de enero.

Stanley es uno de los 38 niños para quienes la Navidad no pasa de ser un día que de extraordinario sólo tiene el bullicio que se escucha atrás de los muros de la prisión.


Alegría. Marta Guerra fue la primera que bailó con Ávila..Fotos EDH / Omar Carbonero

Bailando al ritmo de “El pirulino”

El viceministro de Seguridad Pública, Rodrigo Ávila, y el director de Centros Penales, Astor Escalante, no anduvieron con remilgos ayer en Cárcel de Mujeres, tras ser invitados a bailar por varias internas.

Al son de “El pirulino” y otras cumbias de similar ritmo, los funcionarios no tuvieron otra opción que aceptar la invitación de las mujeres cuyos movimientos eclipsaron al lento contoneo de Ávila y Escalante.

Luego de los mensajes navideños que ambos funcionarios junto a la viceministra de Gobernación, Silvia de Aguilar dieron a las reclusas, el grupo “Los hijos del pueblo” iniciaron el baile.

Fue Marta Guerra quien se abalanzó, literalmente, hacia Rodrigo Ávila; luego una más se allegó a Escalante, quien acabada la primera cumbia, cogió el micrófono y pidió, a guisa de broma, que no hicieran pública su forma de bailar.

Al cabo de unas cuatro cumbias, los funcionarios se escabulleron del barullo de presidiarias, pero un grupo de mujeres, con visibles tatuajes de la Mara Salvatrucha, interceptaron a Ávila, quien no tuvo otra opción que posar con ellas en grupo.
Para entonces ya era mediodía y el hambre hizo a la mayoría de mujeres buscar el comedor donde Gobernación las agasajó con un almuerzo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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