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| Agasajo. La Dirección de Centros Penales
festejó a los menores que, junto a sus madres, están
internos en el presidio..Fotos EDH / Omar Carbonero |
Jorge Beltrán
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Es la quinta Navidad que Manuel N. (se han cambiado los nombres) de
casi seis años, pasará tras las rejas de Cárcel de
Mujeres, en Ilopango. No ha delinquido, pero es hijo de una campesina
que cumple una condena de 13 años por un intento de asesinato.
Para él, el significado de la Navidad se reduce a una quiebra de
piñatas y de modestos obsequios que iglesias u otras instituciones
les hacen llegar en esta época.
Manuel no sabe quién es Santa Claus y mucho menos quién
es su padre. Margarita, una mujer de 28 años, no se lo ha dicho,
asegura, porque el niño fue concebido por una violación
que sufrió en la bartolina policial de Jujutla, Ahuachapán,
a pocos días de que le arrestaran.
La mujer asegura que a finales de abril de 1998, un policía que
estaba de carcelero consumó el hecho amenazándole. Entró
en la cárcel embarazada, aunque sin saberlo.
Del supuesto violador no sabe ni el nombre. Una institución gubernamental
le recomendó silencio, por la situación en que se hallaba.
Consuelo
A despecho de todo eso, la mujer dice que le da igual no saber quién
es el padre de Manuel. Lo importante es que entre ambos se dan amor y
consuelo. Cuando el niño le pregunta por su progenitor, ella le
responde que está allá arriba (en el cielo).
No obstante, Margarita no oculta un poco de disgusto cuando su Manuelito
le dice Mami, cómpreme ropa azul y negro, porque yo voy a
ser policía. Le pido a Dios que me quite todo eso (desprecio)
que siento por dentro, asegura la mujer.
Margarita espera, sin quererlo, que en cualquier momento su hijo sea obligado
a salir de la cárcel, para reunirse con sus otros dos hermanos,
pues ya sobrepasa los cinco años, edad tope para que los pequeños
estén en el reclusorio.
Se dice inocente
El tiempo que ha transcurrido desde febrero pasado, la mujer lo toma como
la respuesta de Dios a las oraciones que le hace a cada momento para que
le dejen al niño a su lado.
Con mi hijo me siento bien aquí, es un consuelo para mí,
asegura la convicta, quien dice que está pagando un delito que
nunca cometió.
La mujer cuenta que trabajaba como empleada de casa con unos señores
que tenían rencillas con unos vecinos. Un día fueron
a fregar a alguien y en mí se limpiaron, sostiene.
La mujer dice que está por cumplir siete años de cárcel,
de los trece que le impusieron, durante los cuales no tiene registros
de mala conducta.
Compañeras de celda le han dicho que ya podría ser beneficiada
con la libertad condicional, pero yo no sé como se hace eso,
asegura.
De momento, el pequeño Manuel, quien este año cursó
con buenas notas el kinder para niños de cinco años, sólo
tiene un deseo que pedirle a ese tal Santa: que su mamá salga libre.
Margarita, en tanto, espera que sea pronto, pues no soportaría
pasar una Navidad en completa soledad, aunque tenga a su alrededor a más
de 500 compañeras de cárcel.
Stanley es el menor de todos
Stanley, el nuevo de los huéspedes de Cárcel
de Mujeres, no se percató ayer de que había quiebra de piñatas.
A sus veintidós días de nacido, la música y el bullicio
de los demás niños recogiendo dulces no eran suficientes
para perturbarle el sueño o despegarlo del pezón de su madre,
Eunice, quien hace tres meses cayó presa, acusada de secuestro.
Será su primera Navidad pero deberá pasarla tras las rejas
como su madre, quien espera salir libre, bajo fianza, a primeros días
de enero.
Stanley es uno de los 38 niños para quienes la Navidad no pasa
de ser un día que de extraordinario sólo tiene el bullicio
que se escucha atrás de los muros de la prisión.
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| Alegría. Marta Guerra fue la primera
que bailó con Ávila..Fotos EDH
/ Omar Carbonero |
Bailando al ritmo de El pirulino
El viceministro de Seguridad Pública, Rodrigo Ávila, y
el director de Centros Penales, Astor Escalante, no anduvieron con remilgos
ayer en Cárcel de Mujeres, tras ser invitados a bailar por varias
internas.
Al son de El pirulino y otras cumbias de similar ritmo, los
funcionarios no tuvieron otra opción que aceptar la invitación
de las mujeres cuyos movimientos eclipsaron al lento contoneo de Ávila
y Escalante.
Luego de los mensajes navideños que ambos funcionarios junto a
la viceministra de Gobernación, Silvia de Aguilar dieron a las
reclusas, el grupo Los hijos del pueblo iniciaron el baile.
Fue Marta Guerra quien se abalanzó, literalmente, hacia Rodrigo
Ávila; luego una más se allegó a Escalante, quien
acabada la primera cumbia, cogió el micrófono y pidió,
a guisa de broma, que no hicieran pública su forma de bailar.
Al cabo de unas cuatro cumbias, los funcionarios se escabulleron del barullo
de presidiarias, pero un grupo de mujeres, con visibles tatuajes de la
Mara Salvatrucha, interceptaron a Ávila, quien no tuvo otra opción
que posar con ellas en grupo.
Para entonces ya era mediodía y el hambre hizo a la mayoría
de mujeres buscar el comedor donde Gobernación las agasajó
con un almuerzo.

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