elsalvador.com WWW
Portada Nacional El País Deportes Metro Negocios Editorial RUZ Vida Internacionales Por el mundo

La nota del día
La mejor obra social es crear empleo

A lo largo de las décadas pasan tierras y comercios, sin que los padres o los hijos agreguen mayor cosa en provecho de sus descendientes

Publicada 21 de diciembre 2004, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Como lo señaló el ex presidente español José María Aznar, no hay objetivo social más importante que la creación de empleo. Mucho más que construir clínicas o repartir casitas, tener trabajo es lo que saca a la gente de la pobreza y contribuye al desarrollo de una nación. El gran personaje que fue el escritor peruano Eudocio Ravines dijo, en una frase lapidaria, que en las sociedades libres “los pobres no son explotados y los explotados no son pobres”. Lo que la gente quiere, aunque no lo piensa, es que en sus pueblos y barriadas se instalen comercios, fábricas y granjas que los exploten dándoles empleo, pagándoles regularmente un salario, costeándoles diversas prestaciones y brindándoles la oportunidad de capacitarse y optar por labores más lucrativas. Que no haya nadie que “explote” a una comunidad, es la mayor desgracia que puede ocurrirle a sus miembros.

Pero los empleos no se producen por generación espontánea o arte de magia. Trabajo, comiéncese por esa realidad, siempre hay: la gente recoge madera para combustible, agua para beber, siembra granos para alimentarse, limpia su casa y atiende a su familia. Pero esos son trabajos para subsistir que muy poco contribuyen a la economía organizada de un país. Lo necesario y urgente es crear fuentes de trabajo que se sumen al intercambio comercial y satisfagan además de las necesidades inmediatas de una persona, alguna pequeñísima parte de las necesidades colectivas. Cuando el campesino siembra suficiente maíz o fruta para alimentarse pero también para vender o intercambiar, comienza a integrarse a la sociedad de intercambio.

Es claro que hasta los pueblos más pobres tienen tiendas, almacenes de algún tamaño, talleres y agricultura. Pero, de nuevo, se trata de actividades de subsistencia que poco tocan a las mayorías poblacionales. En África, como sucedió en el interior de China por siglos, las comunidades están paralizadas en el tiempo. A lo largo de las décadas pasan tierras y comercios, sin que los padres o los hijos agreguen mayor cosa en provecho de sus descendientes.

La seguridad jurídica fertiliza la tierra


Son varios los factores que sostienen el crecimiento económico y la generación de empleo. El primero, que haya una sustancial libertad económica; la China está superando la terrible pobreza de los años bajo el comunismo, desde que liberó su producción y reconoció la propiedad privada.

Lo segundo es la seguridad jurídica, vale decir que se respeten las reglas del juego pero además, que esas reglas sean sensatas y acordes a los requerimientos de los productores. Pero por reglas del juego no sólo debe entenderse la ley escrita, sino también las prácticas en aplicarlas.

Lo tercero, que haya una sustancial libertad de intercambio, lo que es parte de la primera condición. Mientras más restringido sea un mercado, menos serán sus posibilidades de crecimiento. Mediante la firma del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, a lo que se opone con tenacidad la bancada comunista en la Asamblea, las posibilidades de creación de empleo se han incrementado de manera sensible.

Lo cuarto, que el sistema de justicia funcione con claridad, sensatez y con apego al espíritu de las leyes. Un sistema de justicia corrupto y jueces politizados destruyen más que construyen. La fertilidad de las tierras depende primordialmente de la seguridad jurídica.


elsalvador.com WWW