|
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Como lo señaló el ex presidente español José
María Aznar, no hay objetivo social más importante que la
creación de empleo. Mucho más que construir clínicas
o repartir casitas, tener trabajo es lo que saca a la gente de la pobreza
y contribuye al desarrollo de una nación. El gran personaje que
fue el escritor peruano Eudocio Ravines dijo, en una frase lapidaria,
que en las sociedades libres los pobres no son explotados y los
explotados no son pobres. Lo que la gente quiere, aunque no lo piensa,
es que en sus pueblos y barriadas se instalen comercios, fábricas
y granjas que los exploten dándoles empleo, pagándoles regularmente
un salario, costeándoles diversas prestaciones y brindándoles
la oportunidad de capacitarse y optar por labores más lucrativas.
Que no haya nadie que explote a una comunidad, es la mayor
desgracia que puede ocurrirle a sus miembros.
Pero los empleos no se producen por generación espontánea
o arte de magia. Trabajo, comiéncese por esa realidad, siempre
hay: la gente recoge madera para combustible, agua para beber, siembra
granos para alimentarse, limpia su casa y atiende a su familia. Pero esos
son trabajos para subsistir que muy poco contribuyen a la economía
organizada de un país. Lo necesario y urgente es crear fuentes
de trabajo que se sumen al intercambio comercial y satisfagan además
de las necesidades inmediatas de una persona, alguna pequeñísima
parte de las necesidades colectivas. Cuando el campesino siembra suficiente
maíz o fruta para alimentarse pero también para vender o
intercambiar, comienza a integrarse a la sociedad de intercambio.
Es claro que hasta los pueblos más pobres tienen tiendas, almacenes
de algún tamaño, talleres y agricultura. Pero, de nuevo,
se trata de actividades de subsistencia que poco tocan a las mayorías
poblacionales. En África, como sucedió en el interior de
China por siglos, las comunidades están paralizadas en el tiempo.
A lo largo de las décadas pasan tierras y comercios, sin que los
padres o los hijos agreguen mayor cosa en provecho de sus descendientes.
La seguridad jurídica fertiliza la tierra
Son varios los factores que sostienen el crecimiento económico
y la generación de empleo. El primero, que haya una sustancial
libertad económica; la China está superando la terrible
pobreza de los años bajo el comunismo, desde que liberó
su producción y reconoció la propiedad privada.
Lo segundo es la seguridad jurídica, vale decir que se respeten
las reglas del juego pero además, que esas reglas sean sensatas
y acordes a los requerimientos de los productores. Pero por reglas del
juego no sólo debe entenderse la ley escrita, sino también
las prácticas en aplicarlas.
Lo tercero, que haya una sustancial libertad de intercambio, lo que es
parte de la primera condición. Mientras más restringido
sea un mercado, menos serán sus posibilidades de crecimiento. Mediante
la firma del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, a lo que se
opone con tenacidad la bancada comunista en la Asamblea, las posibilidades
de creación de empleo se han incrementado de manera sensible.
Lo cuarto, que el sistema de justicia funcione con claridad, sensatez
y con apego al espíritu de las leyes. Un sistema de justicia corrupto
y jueces politizados destruyen más que construyen. La fertilidad
de las tierras depende primordialmente de la seguridad jurídica.

|