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| Lanzamiento. El presidente George W.Bush anunció
el plan antidéficit en la Casa Blanca. Foto
EDH |
Washington/EFE
El Diario de Hoy
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Las necesidades
de los habitantes de la comunidad 13 de enero son una larga
historia de penurias y falsas promesas.
El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, ha prometido ser duro
con el presupuesto este año para cortar el déficit fiscal
récord a la mitad, lo que podría dejar a muchas agencias
del Gobierno sin dinero, aunque no al Pentágono.
En la Conferencia Económica de la Casa Blanca", celebrada
la semana pasada, el presidente prometió meter la tijera en el
gasto previsto para el próximo año para cumplir su promesa
electoral de cortar a la mitad el déficit presupuestario, que alcanza
el 3.6 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB).
En el último año fiscal, que terminó en septiembre,
el déficit registró la cifra sin precedentes de 412,300
millones de dólares, lo que engrosó una deuda nacional que
ya ha superado los 7.5 billones de dólares.
La seguridad, el combate al terrorismo y la guerra en Irak son prioridades
del Gobierno, por lo que previsiblemente no recibirán los tajos
que Bush promete.
Esto deja a departamentos como los de Educación, Salud y Transporte
vulnerables a los cortes.
No sólo los funcionarios de estas agencias, sino también
los mercados financieros están pendientes de la propuesta presupuestaria
del Gobierno de Estados Unidos, pues basarán su decisión
de vender o no dólares en la solidez del plan para taponar el agujero
en el erario.
Implicaciones
El déficit fiscal del país reduce la tasa de ahorro nacional
y con ello agranda el déficit de cuenta corriente, que en su nivel
actual del 5.6 por ciento del PIB es considerado insostenible por los
expertos.
Este desequilibrio en las cuentas externas es una de las causas de la
caída del dólar, que en los últimos dos años
ha perdido un 30 por ciento de su valor respecto al euro.
Pero en lugar de dar indicaciones de cómo reducirá el déficit,
el presidente se concentró en la Conferencia Económica y
en su discurso radial sabatino en intentar vender al público varias
promesas electorales muy costosas.
Como republicano, una de ellas es hacer permanentes las bajadas de impuestos
que la legislatura aprobó en 2001 y 2003 por un período
temporal, una medida cuya factura superaría el billón de
dólares.
Los demócratas desearían reducir el déficit con la
eliminación de las rebajas fiscales para los más ricos,
pero su derrota en las elecciones ha hecho esta perspectiva irrealizable.
Otro proyecto de Bush para el segundo mandato es la creación de
cuentas privadas de jubilación, en las que se colocarían
parte de los impuestos que cada trabajador ahora paga a la Seguridad Social.
Este programa les permitiría tener un ahorro que es suyo
y que el Gobierno no les puede quitar, enfatizó Bush el fin
de semana.
Esta privatización parcial del sistema costará unos 2 billones
de dólares, según los expertos, y el presidente aún
no ha dicho de dónde los sacará.
Lo que sí dejó claro es que para ello no reducirá
los beneficios a los jubilados actuales o a los que estén a punto
de retirarse del trabajo y no aumentará los impuestos.
Esas condiciones sólo dejan una opción: tomar el dinero
prestado en los mercados de capitales, a juicio de Alan Blinder, ex vicepresidente
de la Reserva Federal.
La administración de Bush financia todo mediante déficit,
pero eso no es una política muy buena, indicó.
A pesar de que los republicanos controlan ambas cámaras legislativas,
la reforma del sistema de jubilaciones que el presidente propone será
un hueso duro de roer.
Recurrirá a los demócratas
- En su intento por ejecutar su plan de reducción del déficit
fiscal, Bush reconoció implícitamente en su mensaje radial
al afirmar que requerirá de la cooperación de ambos partidos,
y se dijo abierto a escuchar buenas ideas de demócratas y
republicanos.
- Sin embargo, algunas de estas propuestas puede que no le gusten. En
el mensaje radial de los demócratas dirigido a los hispanos, la
legisladora Loretta Sánchez enfatizó que la creación
de las cuentas privadas de jubilación colocará casi
un billón de dólares en los bolsillos de las grandes empresas
de Wall Street en forma de tasas.

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