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Francis
Pisani
El Diario de Hoy
negocios@elsalvador.com
Unas tres millones de cámaras de
vigilancia están instaladas en EE.UU., según indican las
estimaciones más recientes. Se sabe por otra parte que para poder
convencer a los 168 millones de electores estadounidenses, ambos partidos
tienen varios centenares de elementos de información sobre cada
uno de ellos.
Estamos entrando en un mundo en el cual se puede saber lo que hacemos
en cualquier momento y compararlo con lo que hemos hecho a lo largo de
nuestra vida.
En el centro de cualquier urbe los pasos de un ciudadano son capturados
decenas de veces. No sólo en EE.UU. Gran Bretaña tiene proporcionalmente
más cámaras de vigilancia.
En México, una de esas cámaras capturó imágenes
de quienes abandonaron hace días el cuerpo sin vida de Enrique
Salinas de Gortari, hermano de un ex presidente.
En EE.UU., las informaciones recopiladas sobre los votantes van desde
teléfono, dirección, nivel de ingresos, hasta el periódico
que leen o la computadora que utilizan y varias decenas de datos más.
Pueden adivinar mis probables posiciones sobre impuestos, seguridad,
aborto y calentamiento global, escribió un periodista del
New York Times en febrero de este año.
De hecho, las bases de datos jugaron un papel definitorio: los republicanos
le metieron más dinero y las empezaron a utilizar de manera sofisticada
mucho antes que los demócratas.
Muchas de las historias, discursos o conversaciones que giran alrededor
de esos temas utilizan un número limitado de metáforas que
pueden resultar oscuras para muchos de nosotros y, sin embargo, contribuyen
a moldar nuestras reacciones.
El gran hermano
La más conocida es la de Big Brother, el todopoderoso gobierno
concebido por George Orwell en su novela 1984. Nos observa
y sabe todo hasta lo que pensamos gracias a la policía del pensamiento.
Instaladas en casas y lugares públicos sus telepantallas están
siempre prendidas sin que un ciudadano pueda saber si está siendo
vigilado en cualquier momento en particular.
La multiplicación de las cámaras contribuye al uso de una
segunda metáfora, la del Panopticón, una prisión
concebida por Jeremy Bentham en el 1791.
Se trataba de una construcción circular en la cual cada prisionero
se encontraba en una celda aislada en los muros exteriores mientras un
número reducido de guardias los vigilaban desde el centro.
Los presos tenían una luz atrás de ellos mientras los guardias
no eran visibles lo cual creaba, según el propio Bentham un sentimiento
de omnisciencia invisible.
Esta sencilla idea arquitectural podía ser aplicada
a instituciones de salud, de educación o hasta de producción
industrial.
El filósofo Michel Foucault la toma como metáfora esencial
de la modernidad en su libro Vigilar y castigar. El hecho
de que uno se pueda creer vigilado aun cuando no lo es, independientemente
de quién está (o pudiera estar) vigilando hace que los
detenidos están involucrados en una situación de poder a
la cual ellos mismos contribuyen. Asumimos la vigilancia posible
y nos controlamos.
El proceso
El ciudadano de hoy no solamente está vigilado por cámaras
omnipresentes. Cada uno de sus pasos y de sus transacciones (tarjeta de
crédito, internet en particular) se queda almacenado en gigantescas
bases de datos. Tratan dichos datos de manera cada vez más sofisticada
(data mining) y sacan sorprendentes conclusiones sobre nuestras inclinaciones.
Por esto, el profesor Daniel Solove de la Universidad de Yale, prefiere
referirse al libro de Kafka El proceso. En esa novela, frente
a una burocracia indiferente, los individuos no tienen capacidad de ejercer
el más mínimo control sobre lo que pasa. El proceso
captura el sentido de impotencia, frustración y vulnerabilidad
que uno siente cuando una gran organización burocrática
controla un largo expediente de detalles sobre su vida, explica
Solove.
Big Brother, el Panopticón y El Proceso, nos hablan
de ciudadanos aislados confrontados a poderes centralizados.
Sin embargo el mundo de hoy se va descentralizando lo cual nos lleva en
dos direcciones aparentemente contradictorias.
Por una parte no basta con temer al estado, hay que cuidarse de lo que
saben ciertas empresas e instituciones poderosas.
Por otra, la comunicación horizontal (ya la gente no está
aislada en sus celdas) permite alterar la lógica de quien vigila
a quien. El panopticón se invierte y todos podemos participar en
el.
Direcciones clave
- The New York Times Magazine - The Very, Very Personal Is the Political
http://www.nytimes.com/2004/02/15/magazine/15VOTERS.html
- 1984 en Wikipedia http://en.wikipedia.org/wiki/Nineteen_Eighty-Four
- Panopticon en Wikipedia http://en.wikipedia.org/wiki/Panopticon
- Artículo de Solove sobre Orwell y Kafka http://law.shu.edu/faculty/fulltime_faculty/soloveda/kafka_orwell_privacy.pdf

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