Adda Montalvo
El Diario
de Hoy
amontalvo@elsalvador.com
Si el Consejo de Indias le hubiera dado el cargo de gobernador de Soconusco
(Guatemala) a Miguel de Cervantes, probablemente el autor de Don Quijote
de la Mancha hubiera visitado la Santísima Trinidad, antiguo nombre
del departamento de Sonsonate.
Quizá habría desembarcado en Acajutla, caminado entre los
bulliciosos comerciantes y los ricos cacaotales de la época y hasta
conocido el ayuntamiento donde una vez trabajó como alcalde un
viejo amigo suyo, Juan de Mestanza Ribera.
Este último personaje, ex alcalde mayor de la Santísima
Trinidad entre 1583 y 1589, fue tema de interés para que Pedro
Escalante Arce, Premio Nacional de Cultura 2004 y secretario de la Academia
de Historia, realizara una investigación.
Por más de 15 años, el galardonado ha escudriñado
en la vida de De Mestanza, un español afincado en tierra salvadoreña;
por lo cual ha rastreado en el Archivo de Indias, en Sevilla (España)
y el Archivo General de Centroamérica, en Guatemala.
Una vieja amistad
Dos años después de que Mestanza se convertía en
alcalde de Sonsonate en 1583, al otro lado del Atlántico, Miguel
de Cervantes publicaba su primer libro bajo el título La Galatea.
En la obra se refiere, a través de versos, a quienes consideraba
los ingenios de las letras residente en los reinos de Castilla (16 vivían
en Las Indias).
Así, en el poema El Canto de Calíope menciona a Baltazar
de Orena, de Guatemala, y Juan de Mestanza Ribera, quien nunca llegó
a convertirse en un famoso poeta (ver recuadro).
A pesar de eso, asegura Pedro Escalante, Cervantes y él sí
llegaron a conocerse, prueba de ellos es que 29 años después,
el creador de Don Quijote de La Mancha volvió a mencionarle en
otro libro: El viaje del Parnaso, de 1614.
En el texto, Miguel de Cervantes menciona que De Mestanza, ya con 70 años,
habría regresado a España.
De acuerdo con las investigaciones del salvadoreño, los dos se
pudieron haber conocido en un viaje que el último habría
realizado a España antes de llegar a México. Éste
trabajaba en una terminal naviera, aunque no existe registro de ese viaje.
Tienen que haberse cruzado alguna vez, sostiene Escalante
Arce.
La razón de su evidente seguridad es que si De Mestanza nunca publicó
un libro, es imposible que su nombre cruzara el océano y llegara
a oídos de Miguel de Cervantes sólo por azar.
Amigos por casualidad o no, lo cierto es que las líneas escritas
por el autor del Quijote le valieron a un alcalde de Sonsonate la inmortalidad
en las letras universales.
Golpe de suerte
Escalante Arce descubrió que Juan de Mestanza nació por
ahí de 1534, en la provincia de Ciudad Real, La Mancha, España.
Sus padres fueron Lope de Molina y Leonor Méndez. Su apellido Mestanza
lo tomó del nombre de una villa de la zona.
Veintiún años después, partió de España
hacia Perú, pero terminó quedándose en Panamá.
Luego se mudó a Yucatán, México, pasó después
al Reino de Guatemala. Fue en 1583 cuando llegó a lo que hoy se
conoce como Sonsonate.
En tierras chapinas se conoció a Beatriz de Vera, viuda de Ambrosio
Méndez un ex alcalde sonsonateco. En 1568 se casaron.
¡Mejor no pudo caer Mestanza!, comenta Escalante Arce
en referencia a la suerte del amigo de Cervantes, pues su esposa era propietaria
de las haciendas La Goleta y La Bermuda hoy Suchitoto. En
la última se encuentran los restos del segundo asentamiento de
San Salvador, fundado en 1528.
Al unir su vida a la de Beatriz, el ex funcionario logró una posición
social, riqueza y cargos públicos, tierras y encomiendas. Así
pudo haber llegado a ser a ser alcalde mayor de Sonsonate en 1583.
Alcalde mayor, abogado y poeta de Sonsonate
Juan de Mestanza Ribera ejerció su profesión como abogado
en tierras americanas y en el propio Sonsonate.
Sus estudios de leyes los realizó en la Universidad de Sevilla.
También estuvo en Salamanca.
Entre sus participaciones jurídicas está la de abril de
1582 en el caso contra Diego Guzmán.
Él era un encomendero que vivía tanto en Antigua Guatemala
como en Tecpán Izalco. Se le acusaba de abusar de su poder. Ese
mismo año, De Mestanza defendió a los indios de la cuenta
de Caluco, Izalco.
Además de las normativas, el edil escribió poesía.
Por esta cualidad artística es que Cervantes le menciona en el
poema Canto a Calíope, en el libro sexto de La Galatea (1585).
Irónicamente, Mestanza nunca publicó nada, agrega Pedro
Escalante Arce, investigador de este personaje.
Aunque se le han atribuido varios poemas, sólo existe uno que con
bastante certeza es de él.
Éste se encuentra incluido en el manuscrito titulado Navegaciones
del alma, por el discurso de todas las edades, una recopilación
hecha por Eugenio de Salazar. Este último fue poeta y, además,
fiscal de la Audiencia de Guatemala. Curiosamente, Mestanza fue su sucesor
en el cargo.
El manuscrito se encuentra en la Biblioteca Nacional de Madrid.
No es que Mestanza haya sido un gran escritor, dice Escalante. Es un poeta
que podría llamarse menor si se quiere, pero alguna cualidad debe
haber tenido para que Cervantes hiciera una lista y los incluyera en sus
obras.
De: La Galatea
En estos versos escritos por Cervantes se encuentra mencionado Juan de
Mestanza Ribera. El primero fue publicado antes de Don Quijote de la Mancha.
Publicada en 1585
Y tú que al patrio Betis has tenido
Lleno de envidia, y con razón quejoso
De que otro cielo y otra tierra han sido
Testigos de tu canto numeroso,
Alégrate, que el nombre esclarecido
Tuyo, Juan de Mestanza generoso.
Sin segundo será por todo el suelo
Mientras diere su luz el cuarto cielo.
De: El viaje del Parnaso
Publicado en 1614.
Llegó Juan de Mestanza, cifra y suma
De tanta erudición, donaire y gala,
Que no hay muerte ni edad que lo consuma,
Apolo le arrancó de Guatemala
Y le trajo en su ayuda para ofensa
De la canalla, en todo extremo mala.

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