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| Preparados. Los menores, incorporados al programa,
practican la siembra de maíz desde un tractor. La capacitación
es formal y continua. Fotos EDH / Jesús
Corvera |
Jesús
Corvera
El
Diario de Hoy
elpais@elsalvador.com
Cortar caña es exponerse a lesiones,
picaduras de insectos, mordidas de animales silvestres, cargar grandes
pesos o herirse. Es una labor considerada de riesgo para los niños.
Pero son muchos los menores que lo hacen por la necesidad de ganar unos
centavos. El ingenio Jiboa, la cooperativa Hoja de Sal y empresas privadas
han encontrado una opción para dar a los niños la oportunidad
de ganar dinero sin exponerse ni descuidar sus estudios.
Método
Ellos proporcionan capacitación, terreno e insumos para que un
grupo de menores se dedique al cultivo de maíz y hortalizas en
condiciones controladas y de bajo riesgo.
Juan Pablo Herrera, presidente del Injiboa, detalla que en Hoja de Sal,
de Santiago Nonualco, capacitan a 50 niños en labores agrícolas.
Estos, según Lázaro Sotelo, presidente de la cooperativa,
preparan la tierra para plantar maíz.
La fase actual de este programa se desarrolla en dos manzanas de terreno.
Una es destinada a la siembra del grano y la otra a cultivar diferentes
hortalizas.
El día que dedicaron a arar la tierra, cada niño recibió
tres dólares de pago. El dinero que se obtenga de la venta del
maíz plantado se destinará a quienes trabajan en el sistema,
es decir los menores.
No es un trabajo peligroso para los niños y lo hacen bajo
supervisión, expresó Sotelo.
El trabajo es incluso divertido para los pequeños que tienen la
oportunidad de subirse a los tractores, de adquirir nuevos conocimientos
y ganarse unos centavos.
El ingeniero Héctor Argueta, técnico del Ingenio detalló
que como parte del programa, se reúnen con los médicos de
la Unidad de Salud, docentes y padres de familia a fin de hacer conciencia
sobre los problemas que provoca el hecho de que los niños trabajen
en la zafra u otras actividades peligrosas.
Él destaca que en la zona de influencia del ingenio han trabajado
cerca de 2 mil 300 menores y su intención es brindar al menos a
una parte de ellos, la oportunidad de incorporarse a otras labores de
menos peligro.
La empresa Monsanto brindó semilla de maíz y herbicidas
para el plan. También insumos para siembra.
Entre los vecinos hay optimismo al saber que al menos una parte de los
niños no se expondrán al trabajar.
Ojalá que otros ingenios y empresas sigan este ejemplo,
comentó un pequeño agricultor al invitar a cooperativistas
y dueños de propiedades a seguir el camino marcado por este programa
a fin de ayudar a los menores de las zonas rurales.

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