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La nota del día
Con estos tratados, o se toman o se dejan

La pregunta válida es ¿si no se amplían los mercados, qué otras alternativas hay para el crecimiento de nuestras empresas? Fuera del “no” y los desórdenes callejeros, los comunistas no proponen nada.

Publicada 20 de diciembre 2004, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

Al final de una larga noche marcada por el relajo y las “malcriadezas”, se aprobó el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, lo que va a potenciar el desarrollo económico y la generación de empleo.

No hay un caso que conozcamos, en que no se beneficie un pueblo al integrarse a la economía de naciones industrializadas; el acelerado engrandecimiento de la Unión Europea se debe, en gran parte, al deseo de las repúblicas del Este de ser parte del gigantesco mercado.

La moción y aprobación se adelantó al plan de disturbios, marchas y motines en los centros urbanos, que los comunistas preparaban contra el TLC y el Gobierno.

El propio día en que se instaló la sesión de la legislatura, una chusma atascó la Juan Pablo II y posteriormente invadió el edificio de la Asamblea para sentarse en las curules, ensuciar pisos y paredes, exhibir su calaña y vociferar contra el TLC. Como siempre, el recinto está inerme frente a tales agresiones.

No se olvide que a lo largo de las negociaciones entre delegados de Estados Unidos y los países centroamericanos, el público fue plenamente informado de lo que se iba acordando y de las posturas de ambas partes. Ninguna propuesta regional, o de cada país, fue hecha sin consultar antes a los sectores afectados y a las diferentes dependencias estatales.

Tampoco se partió de cero: hay numerosos antecedentes de esta clase de procesos, incluyendo las negociaciones y pactos que los centroamericanos han firmado entre sí o con países como México. El Salvador inclusive contrató consultores que fueron parte del equipo mexicano cuando negoció con EE.UU.

Agregaremos otro factor importantísimo: proteger a los productores, comerciantes y proveedores de servicios de todo tamaño, es siempre una prioridad para el gobierno, que se beneficia de forma directa del crecimiento económico y la expansión de los negocios.

Pero además nunca hubo reparos consistentes y sensatos en contra de lo que se hacía e iba acordando. Las gremiales y asociaciones representativas de cada sector siempre pudieron plantear dudas y también aspiraciones.

¿Hay alternativa distinta al desorden?

Un tratado nunca es discutido por las legislaturas; o se aprueba como está, o se rechaza. No se discute por ser un acuerdo entre muchos, que en su momento se analizó, debatió y aprobó.

La Asamblea puede discutirlo, cambiarlo y desmembrarlo, pero al hacerlo de inmediato lo anula. El resto de los países signatarios no va a retomar las discusiones y tomar en cuenta los sesudos cambios diputadiles, sino que sigue su camino y nos dejan de lado.

La rabia por la aprobación tiene dos causas. La primera, que al consejo superior talibán se le ha metido entre ceja y ceja que el libre comercio perjudica sus chances de llegar al poder; la segunda, que preparaban actos violentos, disturbios en el centro capitalino, bloqueo de calles y hasta “el muertecito” del cuento, mientras en la legislatura el asunto “se discutía”. Y en tales menesteres nos iban a llevar hasta cuando San Juan bajara el dedo, como quieren ahora hacer con la aprobación del presupuesto.

La pregunta válida es ¿si no se amplían los mercados, qué otras alternativas hay para el crecimiento de nuestras empresas? Fuera del “no” y los desórdenes callejeros, los comunistas no proponen nada. Son los únicos que se benefician de que se incremente la pobreza.

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