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| Mímica. Con el movimiento de labios Gisselle
imita a la cantante Yuri. Fotos EDH |
Leyre Ventas
El Diario
de Hoy
lventas@elsalvador.com
Con sus ademanes de mujerona adinerada, la noche de aliada y los focos
bien situados que no delatan los trucos de mago, Gisselle consigue, por
instantes, opacar la sordidez del local.
Lo rascuache, el gueto, el respiradero por ser de los pocos lugares
en el que homosexuales de toda condición pueden comportarse a su
antojo pasa a segundo plano.
El brillo de los falsos diamantes como puños deslumbran la plateada
pared de la pirámide, también el bautizo incoherente del
local (Troll poco tiene de egipcio), y las palmeras que sobraron de Halloween.
Es un estilo ecléctico, dicen los glamurosos como Víctor,
sin criterio para los comunes.
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| Refugio. El camerino es el único testigo
de la transformación de Víctor en Gisselle. Foto
EDH |
Puede hacer de Yuri, moviendo los labios con temblor de gelatina, de
Dulce, con su himno Déjame volver , incluso de Rocío Durcal.
Pero Víctor Carranza siempre es Gisselle. La única, inimitable,
la reina.
Nadie posee una cabellera tan rubia ni tan larga, o un moño tan
sofisticado cuando se le antoja, esa caída de pestañas,
una tarántula de brillos prendida de la cadera, los puños
adornados de lentejuelas, la pamela de Audrey Hepburn en Desayuno en Tiffanis,
la red en las medias de Madonna material. Casi Cher, pero más Boy
George.
A la 1:30 de la madrugada comienza el espectáculo en el mejor
ambiente de la noche salvadoreña, y entre actuación
y actuaciónla diva se presenta tres veces sobre el escenario,
Gisselle se aplica una capa más de máscara en las largas
pestañas postizas. El camerino es refugio. Los clientes y empleados
deben quedarse al otro lado de la puerta.
Es una guarida desordenada. Dos metros de largo por tres de ancho rebosantes
de pelucas, vistosas sedas, plumas y volantes.
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| Maquillaje. Una aplicación más
de polvos convierten en femenino el rostro del decorador. Foto
EDH |
En el tocador y puestos en fila, todos los tonos de labial disponibles
en el catálogo de alguna prestigiosa marca de cosméticos,
y el espejo rodeado de focos a la altura de un hombre de metro 80 sobre
tacones.
Transformación
Víctor es el responsable de Gisselle de los pies a la cabeza. El
licenciado en arte y decorador se convierte en diseñador: reciclo
los trajes y, así, renuevo vestuario cada tres meses. También
ejerce de esteticista, por habilidad innata y después de un par
de cursos.
Otra aplicación de brillo en los labios perfilados de oscuro nunca
está de más. El olor a perfume femenino es penetrante.
Gisselle agacha la cabeza y mira de reojo el pelo en la nuca. Los ganchos
quedaron camuflados y sólo falta un toque de cepillo en el fleco
para estar divina.
La práctica ha hecho que la transformación no requiera más
de unos tres minutos. La primera vez, cuando Víctor apenas contaba
con 16 años, tardó más.
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| Aliados. Oscuridad y focos estratégicamente
puestos disimulan los trucos de Víctor. Foto
EDH |
Fue después de que su hermana marchara a aquella fiesta para la
que se preparó tanto. La muchacha pasó la tarde frente al
espejo, retocándose las sombras de ojos, cuidando que ningún
pelo se revolucionara.
Cuando el tocador quedó vacío, Víctor se dispuso
a seguir los pasos de su hermana. Los repitió, y se halló
irrepetible.
Así le respondió cuando a ésta, al verle vestido
de mujer, se le ocurrió comentarle lo mucho que se parecían:
te equivocás, yo me veo mucho mejor.
Y sigue viéndose mejor. Más glamurosa, con más estilo,
la femineidad más lograda. Marca la diferencia frente a la última
Miss Gay que se eligió en la discotecael certamen se celebra
cada marzo, el Miss Troll en agosto, y el Miss Internacional en diciembre,
o la travestida pelirroja que muestra la tanga a través del escote
de la espalda. Le toca aconsejar sobre gestos, vestuario, forma de comportarse.
Soy el maestro de muchos, Víctor se muestra seguro
y orgulloso.
Sus actuaciones en público comenzaron en la primera discoteca gay
de la ciudad, Oráculos, y en 1987 creó su personaje: Gisselle.
Las cosas claras
No le interesa pasear travestido por centros comerciales. No tiene problemas
para diferenciar su día de decorador con Gisselle de noche.Tampoco
es un travesti que se prostituye.
No se siente mujer, está conforme con su naturaleza masculina.
Pero se trata de un tributo a las mujeres, porque les admira, se admira
y admira su lado femenino.
Dice poseer la fuerza de él y la agudeza y la belleza de ella.
Víctor vive la fantasía Gisselle, libera estrés y
canaliza su creatividad por otra vía.
Pero decidió que es hora de salir del gueto y colocar a Gisselle
donde le corresponde: sobre pedestales de metacrilato, cual Marilyn, a
dos palmos del piso, a las puertas del cielo, como la diosa que se cree,
la diva que es.
A la altura del tablado de un teatro serio de la ciudad, en el Luis
Poma, en el Presidente, para que deje de ser la princesa del local
para convertirse en reina de reinas. La cautiva estrella de La jaula de
las locas.

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