elsalvador.com WWW
Portada Nacional El País Deportes Metro Negocios Editorial RUZ Vida Internacionales Por el mundo

Gisselle de noche

El personaje que creó Víctor Carranza será protagonista de una obra teatral en marzo de 2005.

Publicada 19 de diciembre 2004, El Diario de Hoy

Mímica. Con el movimiento de labios Gisselle imita a la cantante Yuri. Fotos EDH

Leyre Ventas
El Diario de Hoy
lventas@elsalvador.com


Con sus ademanes de mujerona adinerada, la noche de aliada y los focos bien situados que no delatan los trucos de mago, Gisselle consigue, por instantes, opacar la sordidez del local.

Lo rascuache, el gueto, el respiradero –por ser de los pocos lugares en el que homosexuales de toda condición pueden comportarse a su antojo– pasa a segundo plano.

El brillo de los falsos diamantes como puños deslumbran la plateada pared de la pirámide, también el bautizo incoherente del local (Troll poco tiene de egipcio), y las palmeras que sobraron de Halloween. Es un estilo ecléctico, dicen los glamurosos como Víctor, sin criterio para los comunes.

Refugio. El camerino es el único testigo de la transformación de Víctor en Gisselle. Foto EDH

Puede hacer de Yuri, moviendo los labios con temblor de gelatina, de Dulce, con su himno Déjame volver , incluso de Rocío Durcal. Pero Víctor Carranza siempre es Gisselle. La única, inimitable, la reina.

Nadie posee una cabellera tan rubia ni tan larga, o un moño tan sofisticado cuando se le antoja, esa caída de pestañas, una tarántula de brillos prendida de la cadera, los puños adornados de lentejuelas, la pamela de Audrey Hepburn en Desayuno en Tiffani’s, la red en las medias de Madonna material. Casi Cher, pero más Boy George.

A la 1:30 de la madrugada comienza el espectáculo “en el mejor ambiente de la noche salvadoreña”, y entre actuación y actuación–la diva se presenta tres veces sobre el escenario–, Gisselle se aplica una capa más de máscara en las largas pestañas postizas. El camerino es refugio. Los clientes y empleados deben quedarse al otro lado de la puerta.

Es una guarida desordenada. Dos metros de largo por tres de ancho rebosantes de pelucas, vistosas sedas, plumas y volantes.

Maquillaje. Una aplicación más de polvos convierten en femenino el rostro del decorador. Foto EDH

En el tocador y puestos en fila, todos los tonos de labial disponibles en el catálogo de alguna prestigiosa marca de cosméticos, y el espejo rodeado de focos a la altura de un hombre de metro 80 sobre tacones.

Transformación

Víctor es el responsable de Gisselle de los pies a la cabeza. El licenciado en arte y decorador se convierte en diseñador: “reciclo los trajes y, así, renuevo vestuario cada tres meses”. También ejerce de esteticista, por habilidad innata y después de un par de cursos.

Otra aplicación de brillo en los labios perfilados de oscuro nunca está de más. El olor a perfume femenino es penetrante.

Gisselle agacha la cabeza y mira de reojo el pelo en la nuca. Los ganchos quedaron camuflados y sólo falta un toque de cepillo en el fleco para estar divina.

La práctica ha hecho que la transformación no requiera más de unos tres minutos. La primera vez, cuando Víctor apenas contaba con 16 años, tardó más.

Aliados. Oscuridad y focos estratégicamente puestos disimulan los trucos de Víctor. Foto EDH

Fue después de que su hermana marchara a aquella fiesta para la que se preparó tanto. La muchacha pasó la tarde frente al espejo, retocándose las sombras de ojos, cuidando que ningún pelo se revolucionara.

Cuando el tocador quedó vacío, Víctor se dispuso a seguir los pasos de su hermana. Los repitió, y se halló irrepetible.

Así le respondió cuando a ésta, al verle vestido de mujer, se le ocurrió comentarle lo mucho que se parecían: “te equivocás, yo me veo mucho mejor”.

Y sigue viéndose mejor. Más glamurosa, con más estilo, la femineidad más lograda. Marca la diferencia frente a la última Miss Gay que se eligió en la discoteca–el certamen se celebra cada marzo, el Miss Troll en agosto, y el Miss Internacional en diciembre–, o la travestida pelirroja que muestra la tanga a través del escote de la espalda. Le toca aconsejar sobre gestos, vestuario, forma de comportarse. “Soy el maestro de muchos”, Víctor se muestra seguro y orgulloso.

Sus actuaciones en público comenzaron en la primera discoteca gay de la ciudad, Oráculos, y en 1987 creó su personaje: Gisselle.

Las cosas claras

No le interesa pasear travestido por centros comerciales. No tiene problemas para diferenciar su día de decorador con Gisselle de noche.Tampoco es un travesti que se prostituye.

No se siente mujer, está conforme con su naturaleza masculina. Pero se trata de un tributo a las mujeres, porque les admira, se admira y admira su lado femenino.

Dice poseer la fuerza de él y la agudeza y la belleza de ella. Víctor vive la fantasía Gisselle, libera estrés y canaliza su creatividad por otra vía.

Pero decidió que es hora de salir del gueto y colocar a Gisselle donde le corresponde: sobre pedestales de metacrilato, cual Marilyn, a dos palmos del piso, a las puertas del cielo, como la diosa que se cree, la diva que es.

A la altura del tablado de un teatro serio de la ciudad, “en el Luis Poma, en el Presidente”, para que deje de ser la princesa del local para convertirse en reina de reinas. La cautiva estrella de La jaula de las locas.



elsalvador.com WWW