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Teresa
Guevara de López*
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
Faltan
pocos días para Nochebuena y está por terminar el Adviento,
en que se acompaña a la Santísima Virgen en la espera de
Jesús. El tiempo parece detenerse ante el prodigio que se va a
realizar:
Dios se ha hecho hombre en las purísimas entrañas de una
doncella, lo cual explicó el ángel mensajero de una manera
muy sencilla: El Espíritu Santo vendrá sobre ti y
la virtud del Altísimo te cubrirá con su sombra. Y
en un establo en Belén, nacerá Dios como un niño
pequeño a quien su Madre reclina en un pesebre, es anunciado por
los ángeles a un grupo de pastores y verá postrados de rodillas
ante su majestad, a tres reyes venidos de Oriente.
Y esta maravilla pasa desapercibida por la distorsión de una fiesta
que debería ser de paz y amor, y se ha convertido en una histeria
colectiva de consumismo, derroche, competencia por la cantidad y valor
de los regalos; en compromisos absurdos, gastos desproporcionados, comilonas,
borracheras y toda clase de excesos.
Se ha perdido el verdadero sentido de la Navidad, así como a los
magos se les perdió la estrella que les guiaba hasta el portal,
aunque nosotros, a diferencia de ellos, no nos hemos preocupado por recuperarla.
Se aplica la irónica definición de Chesterton, el brillante
escritor inglés, de que es mediocre el que pasa a la par de lo
sublime, sin darse cuenta.
Es tiempo de villancicos y pastorelas, de posadas con ángeles y
pastores, de volver todos a ser niños para enseñar a nuestros
hijos el milagro del portal de Belén, donde un Niño que
es Dios nos espera en un pesebre que es cátedra, para enseñarnos
los grandes misterios de la fe, del amor, de la generosidad, de la humildad
y de la preocupación por los demás.
Es llenarnos el alma de ternura centrando todas las actividades alrededor
del portal. Decorar nuestras casas de manera artística y sencilla
para recordar durante las cuatro semanas del Advierto, la próxima
llegada del Redentor y ayudar a mantener vivo ese espíritu de espera
con el mismo clamor milenario con que los antiguos esperaban la llegada
del Mesías: Ven, Señor Jesús.
La Navidad es una excelente ocasión para educar, pues propicia
la unión familiar y la convivencia. El Niño de Belén
está presente y hasta sonríe desde su cuna, cuando los padres,
olvidando su edad, su título, su estatus social, se sientan en
el suelo con sus hijos, para pintar cartones que se convertirán
en rocas; poner luces bajo celofán rojo y hacer fogatas que calentarán
a unos pastores; convertir papel de aluminio con focos azules en un arroyo
de plata, con un puente por el que pasará un rebaño.
Y con la creatividad que da el amor, ver surgir verdes campos donde pastan
blancas ovejitas. ¡Qué mejor antídoto para botar el
estrés, borrar resentimientos y olvidar preocupaciones! ¡Milagro
que hace a los adolescentes olvidar su arrogancia, sus inseguridades y
temores, trabajando en la elaboración del nacimiento, encargándose
de la conexión eléctrica para crear efectos maravillosos
de luz y sombra!
Es querer tener al lado nuestro, en un banquete familiar, a los que nos
son más queridos. Recordar a los que ya se han ido y comparten
en el Cielo con la Sagrada Familia, el cumpleaños del Niño
Dios. Es enviar un saludo de paz para que las bendiciones de Belén
lleguen durante el próximo año, a todos los que tratamos
por razones de trabajo, de profesión, de vecindario. Es sentir
el corazón tan grande, para dar cabida a tantos necesitados que
carecen de bienes materiales.
Es la oportunidad de llevar a nuestros hijos a visitar un hogar infantil,
un asilo, un hospital, donde en este tiempo en que se derrocha amor, hay
niños que nunca han conocido ese sentimiento ni recibido un beso
ni un regalo ni el calor de un abrazo. Gran lección que hace desaparecer
egoísmos, exigencias y materialismos. Que hace resurgir la generosidad,
la alegría y el perdón, que como todos los bienes espirituales,
aumentan cuando se comparten y se distribuyen.
Es tiempo de estar cerca de la familia de Nazareth, buscando el calor
del portal, donde el Niño Dios repartirá a manos llenas
todos sus dones, si se los pedimos y estamos a su lado haciéndole
compañía. Que en estos días que faltan para Navidad,
hagamos nuestras las palabras del villancico: San José va
de camino/ De camino hacia Belén/ Va pendiente de la Virgen/ Del
Niño que va a nacer.
*Columnista de El Diario de Hoy.

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