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Pedro
Roque*
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
Partiendo
de que nuestra economía no se mueve como algo extraño
y ajeno a nosotros, sino que somos nosotros quienes la movemos,
al final, es nuestra forma de entender los negocios y nuestras conductas
las que sirven de frenos o de catalizadores de nuestra economía.
Freno es algo o alguien que retiene, y catalizador,
algo o alguien que favorece o acelera un proceso.
Charlando con varios empresarios en la recepción de la Cámara
Oficial de Comercio Española sobre cómo estamos terminando
2004 y cómo iniciaremos 2005, el resumen es que las cosas no están
tan bien como podría concluir un extranjero al ver, por ejemplo,
las grandes cantidades de publicidad que vienen en los medios y que en
tan poco tiempo se inauguran centros comerciales.
Resumiendo la conversación, amena, divertida y sincera, hablamos
de la cultura salvadoreña de incumplimiento de las
leyes, los reglamentos, a los acuerdos y documentos firmados. Por ejemplo,
al prometer cómo será una obra, aseguran que tendrá
calidad, y cuando las cosas no están bien, sencillamente
empiezan a buscar excusas y culpables: O fue el trabajador o el proveedor
o incluso el cliente. Y entre excusa y excusa, muchas cosas quedan mal
hechas y posiblemente mal cobradas. O se consigue cobrar a la fuerza y
luego es el cliente quien se queda con más gastos para quitar las
famosas galladitas.
El segundo tema fue la cultura de posponer y posponer. Tanto,
que uno comentó, que nuestra Asamblea quizás sea la que
bate el récord en el mundo de posponer decisiones importantes para
el país. Por ejemplo, en el tema de los buses, que son un verdadero
peligro para la sociedad.
Hablamos de presupuesto nacional y cómo, de nuevo, las discusiones
y la politización generan incertidumbre en las empresas y en la
población sobre el inicio de 2005, sabiendo y entendiendo que el
Gobierno es el más grande comprador. Continuamos tratando la mala
costumbre de los presupuestos y precios inflados, porque aquí
todo el mundo pide rebajas o descuentos a cambio de nada.
Decía alguien que por una artesanía que le pedían
US$30, la terminó comprando en 8
Lo cierto es que vivimos
en un mundo donde no se sabe cuánto en la realidad
valen las cosas, y el precio final depende del atrevimiento del cliente
al solicitar una rebaja.
Y qué hacemos con la cultura y la subeconomía de los quedan.
He visto quedan, dice otro, sin número y sin fecha
y otros, que sencillamente dicen se avisará.
Con grandes organizaciones empresariales, instituciones gubernamentales
o autónomas, e incluso empresas multinacionales, sucede que solicitan
servicios a pequeñas o medianas empresas que los contrata un departamento
sin tener autorizadas las órdenes internas de compra y resulta,
que después de recibirlos, inicia el calvario del cobro del servicio.
Cuando se presenta la factura, responden que tomaron el servicio pensando
que la orden de compra saldría pronto y al presentarse
el cobro, dice el empleado o el funcionario que como sus políticas
y procedimientos no les permiten que una factura tenga fecha anterior
a una orden de compras, tienen que esperar dos semanas al trámite
interno y que ya le avisarán para que cambie la fecha de la factura
y que cuando la traiga, le dará un quedan, como si
de un favor personal se tratara.
Si se trata de desorden administrativo interno, transmiten los efectos
económicos a los proveedores y, si se trata de artilugios burocráticos
para alargar los pagos, transfieren sus problemas a los proveedores, que
por falta de liquidez también se los transmiten a sus proveedores.
Pero volviendo al título y habiendo comentado algunos de los frenos,
cuáles serían los catalizadores o aceleradores de la economía.
Yo creo que lo primero debiera ser sacar del mundo de los negocios grandes,
medianos y pequeños, los famosos quedan, pues para
lo único que sirven es para alargar los pagos y generar falta de
liquidez. El segundo sería erradicar de nuestra cultura de negocios,
inflar los precios por las rebajas que el cliente va a pedir y así
evitar entrar en un tira y afloja que sólo alarga el
plazo de realización de la compra y que incluso genera a veces
equivocaciones y pérdidas a los proveedores.
El tercer catalizador sería asumir los compromisos de pago y entender
que si no se paga a tiempo, también se retrasa el pago a terceros
que están en la cadena de aprovisionamiento.
Aprobar el presupuesto lo más pronto posible será un gran
catalizador, pues todas las empresas que le proporcionarán nuevos
servicios al Gobierno, como el más grande comprador de El Salvador,
están indecisas sobre si empezarán a tiempo.
Es necesario, además, reorientar la cultura de los empleados y
funcionarios que alimentan su ego alargando innecesariamente los pagos
a los proveedores y haciéndoles llegar hasta diez veces por la
misma factura. No comprar servicios si no se tiene la autorización
interna para hacerlo, ahorrará muchos desperdicios de tiempo y
desgaste motivacional entre las partes.
Con respeto me permito aquí la sugerencia de que si el lector es
de los que deciden sobre las compras o los pagos asuma su responsabilidad
y en lugar de ser freno se convierta en un catalizador
de nuestra economía.
Pero al margen de todo lo anterior, quiero desearles a todos los lectores
una feliz Navidad y que sus quedan no se queden
para el año entrante. Convirtámonos en catalizadores y movamos
nuestra economía.
*Ingeniero y columnista de El Diario de Hoy.

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