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Buscando las causas
¿Por qué El Salvador tiene bajo crecimiento?

El Gobierno debe estar consciente del daño que el desorden, físico y jurídico, nos causa, es su responsabilidad corregir esa situación, haciendo cumplir las leyes.

Publicada 18 de diciembre 2004, El Diario de Hoy

María A. de López Andreu
El Diario de Hoy
pintorbalaguer@hotmail.com

Pregunta muy intrigante, ¿verdad? Así lo confesaron los catedráticos de Incae, que recientemente dictaron en nuestro país un seminario sobre las perspectivas económicas y políticas de la región para 2005.

Según repitieron en varias ocasiones, El Salvador “ha aprobado con diez todas las asignaturas” y se esperaría que su crecimiento estuviera con relación a “lo bien que ha hecho todas las tareas”. ¿Por qué, entonces, nuestro bajo crecimiento?

Hubo al respecto unas opiniones muy interesantes, que deseo comentar.
Por ejemplo: el Dr. Alberto Trejo estuvo muy de acuerdo con una de las asistentes, quien expresó que eso podría deberse al bajo nivel educativo de nuestra población. Él añadió que Chile y Costa Rica, que tienen un alto índice de crecimiento, son, a la vez, países con alto nivel educativo.

Sin embargo —hizo notar el Lic. Rafael Barraza— eso no lo explica todo, ya que hay países tan analfabetas e ignorantes como nosotros, que crecen a un ritmo mucho mayor. Entonces, ¿qué otros elementos nos impiden alzar el vuelo?

Quisiera añadir mi propia opinión, que, aun careciendo de los conocimientos de tan ilustres personas, tiene el mérito de la observación y experiencia diaria.

Considero que el lastre mayor para nuestro crecimiento, es el desorden en que vivimos, esa suciedad que nos ahoga, ese irrespeto absoluto hacia las leyes, los reglamentos y el derecho de los demás. Todo eso debilita la seguridad física y jurídica, que son condiciones indispensables para que podamos trabajar, ser productivos y tener la competitividad que tanto necesitamos.

El Estado (es decir, todos los salvadoreños) gasta sumas astronómicas en el combate de males que nosotros mismos causamos: epidemias como el dengue, producto de nuestra suciedad; inundaciones, hundimientos, etc., consecuencias de “taponear” con basura el alcantarillado de las ciudades; contaminando ríos que, posteriormente, nos pasan la factura desbordándose; accidentes, riñas, tumultos, con sus consabidos muertos y heridos, provocados por el campante irrespeto en que vivimos, y una larguísima cadena de etcéteras, que todos conocemos.

Si a esto añadimos el gasto en seguridad para paliar las consecuencias de la delincuencia (a su vez, producto de todo lo anterior), podremos darnos cuenta de que nuestro problema, tal y como sucede con la economía hogareña, no está tanto en el monto del ingreso, sino en la forma en que lo utilizamos. Y mientras tengamos que usarlo en contrarrestar problemas que, simplemente, no deberían darse, nunca produciremos lo suficiente para crecer más.
La medida primordial, lógicamente, sería establecer el orden. Pero en la práctica vemos que, por el contrario, el desorden es provocado adrede, como una estrategia permanente y desestabilizadora.

Y aquí, traigo a ustedes la opinión del Dr. Arturo Cruz en el mencionado seminario.
Según él, su percepción es que El Salvador ha llevado a cabo con excelencia todas las tareas que le conducirán al crecimiento y desarrollo... a excepción de la tarea política. De allí los actuales resultados.

Según el conocido analista, es muy interesante notar cómo ARENA —un partido que, según sus palabras, surgió por el interés de un grupo en defender sus propiedades— es ahora un instituto político moderno, que ha evolucionado hacia el centro, que ha tenido varios relevos generacionales y que cada día se dirige, con paso firme, hacia una mayor institucionalización.

Por el contrario, la izquierda se ha replegado hacia el extremo, con el FMLN radicalizado, empeñado en obstruir todo aquello que, desde su perspectiva, pueda favorecer a la derecha... sin importar cuán necesario y deseable serían esos resultados para el bienestar de la población.

Esta “tarea política inconclusa” de la izquierda, causa verdaderas hecatombes —económicas y sociales— no sólo a la hora de cada elección, sino diariamente, frenando así toda inversión —doméstica y extranjera—, deteniendo proyectos, causando inestabilidad y, consecuentemente, impidiendo el tan deseado crecimiento.

El Gobierno debe estar consciente del daño que el desorden, físico y jurídico, nos causa, es su responsabilidad corregir esa situación, haciendo cumplir las leyes. Pero también los ciudadanos debemos hacer nuestra parte, cumpliendo fielmente nuestras responsabilidades.

El cierre del año y el inicio del nuevo son los momentos propicios para pensar sobre estos temas... y tomar la decisión de ordenarnos, para lograr el crecimiento que nuestro país necesita y merece.
*Columnista de El Diario de Hoy.

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