María
A. de López Andreu
El Diario de Hoy
pintorbalaguer@hotmail.com
Pregunta
muy intrigante, ¿verdad? Así lo confesaron los catedráticos
de Incae, que recientemente dictaron en nuestro país un seminario
sobre las perspectivas económicas y políticas de la región
para 2005.
Según repitieron en varias ocasiones, El Salvador ha aprobado
con diez todas las asignaturas y se esperaría que su crecimiento
estuviera con relación a lo bien que ha hecho todas las tareas.
¿Por qué, entonces, nuestro bajo crecimiento?
Hubo al respecto unas opiniones muy interesantes, que deseo comentar.
Por ejemplo: el Dr. Alberto Trejo estuvo muy de acuerdo con una de las
asistentes, quien expresó que eso podría deberse al bajo
nivel educativo de nuestra población. Él añadió
que Chile y Costa Rica, que tienen un alto índice de crecimiento,
son, a la vez, países con alto nivel educativo.
Sin embargo hizo notar el Lic. Rafael Barraza eso no lo explica
todo, ya que hay países tan analfabetas e ignorantes como nosotros,
que crecen a un ritmo mucho mayor. Entonces, ¿qué otros
elementos nos impiden alzar el vuelo?
Quisiera añadir mi propia opinión, que, aun careciendo de
los conocimientos de tan ilustres personas, tiene el mérito de
la observación y experiencia diaria.
Considero que el lastre mayor para nuestro crecimiento, es el desorden
en que vivimos, esa suciedad que nos ahoga, ese irrespeto absoluto hacia
las leyes, los reglamentos y el derecho de los demás. Todo eso
debilita la seguridad física y jurídica, que son condiciones
indispensables para que podamos trabajar, ser productivos y tener la competitividad
que tanto necesitamos.
El Estado (es decir, todos los salvadoreños) gasta sumas astronómicas
en el combate de males que nosotros mismos causamos: epidemias como el
dengue, producto de nuestra suciedad; inundaciones, hundimientos, etc.,
consecuencias de taponear con basura el alcantarillado de
las ciudades; contaminando ríos que, posteriormente, nos pasan
la factura desbordándose; accidentes, riñas, tumultos, con
sus consabidos muertos y heridos, provocados por el campante irrespeto
en que vivimos, y una larguísima cadena de etcéteras, que
todos conocemos.
Si a esto añadimos el gasto en seguridad para paliar las consecuencias
de la delincuencia (a su vez, producto de todo lo anterior), podremos
darnos cuenta de que nuestro problema, tal y como sucede con la economía
hogareña, no está tanto en el monto del ingreso, sino en
la forma en que lo utilizamos. Y mientras tengamos que usarlo en contrarrestar
problemas que, simplemente, no deberían darse, nunca produciremos
lo suficiente para crecer más.
La medida primordial, lógicamente, sería establecer el orden.
Pero en la práctica vemos que, por el contrario, el desorden es
provocado adrede, como una estrategia permanente y desestabilizadora.
Y aquí, traigo a ustedes la opinión del Dr. Arturo Cruz
en el mencionado seminario.
Según él, su percepción es que El Salvador ha llevado
a cabo con excelencia todas las tareas que le conducirán al crecimiento
y desarrollo... a excepción de la tarea política. De allí
los actuales resultados.
Según el conocido analista, es muy interesante notar cómo
ARENA un partido que, según sus palabras, surgió por
el interés de un grupo en defender sus propiedades es ahora
un instituto político moderno, que ha evolucionado hacia el centro,
que ha tenido varios relevos generacionales y que cada día se dirige,
con paso firme, hacia una mayor institucionalización.
Por el contrario, la izquierda se ha replegado hacia el extremo, con el
FMLN radicalizado, empeñado en obstruir todo aquello que, desde
su perspectiva, pueda favorecer a la derecha... sin importar cuán
necesario y deseable serían esos resultados para el bienestar de
la población.
Esta tarea política inconclusa de la izquierda, causa
verdaderas hecatombes económicas y sociales no sólo
a la hora de cada elección, sino diariamente, frenando así
toda inversión doméstica y extranjera, deteniendo
proyectos, causando inestabilidad y, consecuentemente, impidiendo el tan
deseado crecimiento.
El Gobierno debe estar consciente del daño que el desorden, físico
y jurídico, nos causa, es su responsabilidad corregir esa situación,
haciendo cumplir las leyes. Pero también los ciudadanos debemos
hacer nuestra parte, cumpliendo fielmente nuestras responsabilidades.
El cierre del año y el inicio del nuevo son los momentos propicios
para pensar sobre estos temas... y tomar la decisión de ordenarnos,
para lograr el crecimiento que nuestro país necesita y merece.
*Columnista de El Diario de Hoy.

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