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La nota del
día
Piden absurdos para justificarse
El proteccionismo, lo que defienden
los comunistas con sus marchas y desórdenes sociales,
castiga por igual a los consumidores como a los productores
Publicada 18 de diciembre 2004, El Diario de Hoy
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El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com
Sentarse sobre la aprobación del presupuesto es parte del programa
de desórdenes, sabotaje institucional y socavamiento a la economía
por parte de los comunistas, su regalo navideño al país.
En lo que respecta al presupuesto piden dos absurdos: volver al colón
y revertir las reformas a las leyes sobre la jubilación de empleados
públicos. Son puntos de honor que no resisten un análisis
lógico, pero allí están colocados de manera inamovible.
Pero el asunto no se detiene allí. Ayer hubo una marcha contra
la aprobación del TLC, que paralizó el tráfico en
la Alameda Juan Pablo II. Mientras China ex comunista, o China Popular
está promoviendo una zona de libre comercio en todo el este del
Asia, los comunistas criollos piden lo contrario: que se mantenga el relativo
aislamiento en que nos encontramos los salvadoreños.
Todo esto es parte de lo que los cabecillas efemelenistas llaman la
lucha social. La lucha social incluye:
Los atascos sociales que entorpecen la libre circulación
de vehículos y personas en ciudades y carreteras;
los motines sociales que arman tumultos en las calles, victimizando
pequeños negocios y vendedoras ambulantes;
los sabotajes sociales como los que paralizaron la construcción
de varios tramos del periférico.
Antes, como lo recuerdan muchísimos en esta tierra, se dio el
secuestro social, la quema de buses social, el
atentado social y la delincuencia social que arrasó
con una parte de las estructuras productivas de El Salvador.
Es obvio que en el tema del TLC hay dos caras. Una de ellas es el desorden,
la siembra de discordia, la oposición ciega, la carencia de argumentos.
La otra es la que apoya la mayoría de empresarios y el Ejecutivo:
abrir nuestra economía al comercio con el mundo pero en especial
a los Estados Unidos en esta primera etapa, con lo que se multiplican
las oportunidades de negocios a los productores locales, indistintamente
de su tamaño. El nicho de oportunidad inmediato es el mercado
nostálgico, es decir la demanda que tienen los millones de
salvadoreños que viven en el exterior, de productos nuestros.
Lo que no quieren es el progreso
Las historias de éxito respecto a abrir mercados son innumerables.
El primer caso fue el de Alemania Occidental al finalizar la II Guerra
Mundial: mientras el resto de Europa languidecía por culpa de una
política de exclusión, Alemania se recuperó gracias
a su programa de puertas abiertas. Fue tan contundente el éxito,
que los vecinos europeos comenzaron también a adoptar las mismas
políticas de apertura hasta que el proceso culminó con la
creación de la Comunidad Económica Europea. De eso a la
creación de otros bloques de libre comercio fue un paso.
El proteccionismo, lo que defienden los comunistas con sus marchas
y desórdenes sociales, castiga por igual a los consumidores
como a los productores. A los primeros porque les hace pagar más
por bienes y servicios de inferior calidad a lo que se ofrece internacionalmente;
a los segundos, porque les limita su crecimiento y les impide tecnificarse
y volverse más eficientes. Bien sabido es que las exigencias de
otros compradores han obligado a las empresas locales a mejorar calidades
y a incorporar tecnología avanzada a su labor. Con esto no sólo
ganan las empresas, sino también los trabajadores al mejorar sus
ingresos.
Sin duda lo peor para el comunismo es que los pueblos progresen.

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