Marcela
Sánchez*
El Diario de Hoy
editorial@
elsalvador.com
La administración Bush podría ser acusada de muchas fallas
en América Latina, pero la inconsistencia no es una de ellas. En
general, la perspectiva de la política estadounidense hacia la
región ha sido clara: que el camino más seguro hacia la
oportunidad y la prosperidad es el libre comercio y la seguridad.
El Presidente Bush y su equipo han estado impulsando el libre comercio
por cuatro años y los resultados han sido substanciales. Estados
Unidos tiene ahora un tratado de libre comercio con Chile, ha firmado
el Tratado de Libre Comercio con Centro América (Cafta) y está
terminando negociaciones para un tratado con Panamá y con tres
países andinos. Aunque los detalles de estos acuerdos y las rutas
tomadas son complejos, en general es fácil ver cuál es la
dirección de la agenda comercial: más y más libre
comercio.
La seguridad es un asunto totalmente distinto. Washington ha promovido
una cooperación militar sin precedentes con fines antiterroristas
y ha visto a nueve países de la región tomar las riendas
en Haití. Pero, hasta dónde puede o se dispone Washington
a ir para asistir a América Latina en sus propias preocupaciones
de seguridad, es mucho menos claro. Una prueba segura de la estrategia
de seguridad de la administración será la forma como responda
a la amenaza primordial en Centro América.
Se estima que unos 150,000 miembros de pandillas o mareros se han adueñado
de calles centroamericanas y andan a veces mejor armados que las propias
fuerzas policiales locales en El Salvador, Honduras y Guatemala. Estas
pandillas son violentas y sus crímenes los cometen a sangre fría.
Funcionarios salvadoreños dicen que las pandillas son responsables
de un 80 por ciento de los homicidios en ese país.
De hecho se están convirtiendo en la amenaza más desestabilizadora
desde cuando terminaron las guerras civiles en Centro América,
hace más de una década. Algunas han estado involucradas
en extorsión y asesinatos masivos, otras tienen vínculos
con el crimen organizado. Amenazan no sólo a sus rivales y a la
seguridad pública en general, sino incluso al progreso del Cafta.
Es un hecho que mejores condiciones económicas y políticas
no detuvieron la explosión de pandillas en los 90. En general Centro
América experimentó un crecimiento económico tras
décadas de debilitantes conflictos internos. Aun así, las
pandillas crecieron en número y en malicia, en parte debido a las
políticas estadounidenses de deportación, que regresaron
a la región a miles de pandilleros que habían sido condenados
por crímenes en este país, pero en especial, debido a la
inacción y la impotencia de los gobiernos regionales. En diciembre
de 1994, los líderes de las 34 democracias del hemisferio reunidos
en Miami, en la primera Cumbre de las Américas, reconocieron la
amenaza de la marginalización de la juventud y la necesidad de
dar pasos prácticos para reducirla. Sin embargo, hasta hoy, no
se ha adoptado una estrategia regional unificada.
A los más altos niveles, la administración Bush ha estado
pensando en el impacto de las pandillas en la seguridad. En su reciente
visita a América Latina, el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld,
advirtió sobre la combinación antisocial de
terroristas, narcotraficantes y pandilleros, que busca cada vez más
desestabilizar a las sociedades civiles en la región.
Pero cuando se intenta identificar al que se encargará en el Gobierno
estadounidense de responder a esta amenaza, la mayoría de los agentes
de seguridad parece renuente, incluso, a reconocer que están discutiendo
el tema.
Tal vez la razón de ello sea obvia. Todas las amenazas de seguridad
y la violencia pandillera en particular no pueden enfrentarse
únicamente a la fuerza. Dar solución a este problema requerirá
de una mezcla de medidas policiales, preventivas, de rehabilitación,
participación familiar y programas para después de clases,
toda una red de iniciativas sociales de la que carecen generalmente países
en desarrollo.
Aunque es difícil determinar qué tan lejos la administración
buscará la seguridad para lograr oportunidad y prosperidad, existen
señales de que una visión más amplia podría
determinar acciones futuras. Rogelio Pardo-Maurer, subsecretario adjunto
de Defensa para el Hemisferio Occidental, dijo esta semana que el propio
Rumsfeld está impulsando una visión estratégica ambiciosa
sobre cómo Estados Unidos, México y Centro América
pueden trabajar en conjunto. Creo que este es el momento para Centro
América, dijo Pardo-Maurer.
Ayudar a la región a que controle el problema pandillero requerirá
de una inversión significativa de tiempo y recursos de parte de
diferentes agencias del Gobierno estadounidense. El Departamento de Justicia
y la Agencia para el Desarrollo Internacional deberán tener papeles
mucho mayores que el Pentágono u otras agencias de seguridad.
Ya sea que usted esté de acuerdo o no de que el libre comercio
y la seguridad son el mejor camino a la prosperidad, hay que darle crédito
a la administración Bush por reconocer que no se trata simplemente
de permitir el mayor enriquecimiento de unos pocos. La oportunidad requiere
seguridad. Y hasta que la región no reciba la ayuda substancial
que necesita para acabar con el flagelo de las pandillas, Bush sólo
podrá obtener una victoria pírrica.
*Columnista del Washington Post.

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