elsalvador.com WWW
Portada Nacional El País Deportes Metro Negocios Editorial RUZ Vida Internacionales Por el mundo

Desde Washington
Preocupa a E.U. flagelo de las pandillas en C.A.

Se estima que unos 150,000 miembros de pandillas o mareros se han adueñado de calles centroamericanas y andan a veces mejor armados que las propias fuerzas policiales locales en El Salvador, Honduras y Guatemala

Publicada 17 de diciembre 2004, El Diario de Hoy


Marcela Sánchez*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

La administración Bush podría ser acusada de muchas fallas en América Latina, pero la inconsistencia no es una de ellas. En general, la perspectiva de la política estadounidense hacia la región ha sido clara: que el camino más seguro hacia la oportunidad y la prosperidad es el libre comercio y la seguridad.

El Presidente Bush y su equipo han estado impulsando el libre comercio por cuatro años y los resultados han sido substanciales. Estados Unidos tiene ahora un tratado de libre comercio con Chile, ha firmado el Tratado de Libre Comercio con Centro América (Cafta) y está terminando negociaciones para un tratado con Panamá y con tres países andinos. Aunque los detalles de estos acuerdos y las rutas tomadas son complejos, en general es fácil ver cuál es la dirección de la agenda comercial: más y más libre comercio.

La seguridad es un asunto totalmente distinto. Washington ha promovido una cooperación militar sin precedentes con fines antiterroristas y ha visto a nueve países de la región tomar las riendas en Haití. Pero, hasta dónde puede o se dispone Washington a ir para asistir a América Latina en sus propias preocupaciones de seguridad, es mucho menos claro. Una prueba segura de la estrategia de seguridad de la administración será la forma como responda a la amenaza primordial en Centro América.

Se estima que unos 150,000 miembros de pandillas o mareros se han adueñado de calles centroamericanas y andan a veces mejor armados que las propias fuerzas policiales locales en El Salvador, Honduras y Guatemala. Estas pandillas son violentas y sus crímenes los cometen a sangre fría. Funcionarios salvadoreños dicen que las pandillas son responsables de un 80 por ciento de los homicidios en ese país.

De hecho se están convirtiendo en la amenaza más desestabilizadora desde cuando terminaron las guerras civiles en Centro América, hace más de una década. Algunas han estado involucradas en extorsión y asesinatos masivos, otras tienen vínculos con el crimen organizado. Amenazan no sólo a sus rivales y a la seguridad pública en general, sino incluso al progreso del Cafta.

Es un hecho que mejores condiciones económicas y políticas no detuvieron la explosión de pandillas en los 90. En general Centro América experimentó un crecimiento económico tras décadas de debilitantes conflictos internos. Aun así, las pandillas crecieron en número y en malicia, en parte debido a las políticas estadounidenses de deportación, que regresaron a la región a miles de pandilleros que habían sido condenados por crímenes en este país, pero en especial, debido a la inacción y la impotencia de los gobiernos regionales. En diciembre de 1994, los líderes de las 34 democracias del hemisferio reunidos en Miami, en la primera Cumbre de las Américas, reconocieron la amenaza de la marginalización de la juventud y la necesidad de dar pasos prácticos para reducirla. Sin embargo, hasta hoy, no se ha adoptado una estrategia regional unificada.

A los más altos niveles, la administración Bush ha estado pensando en el impacto de las pandillas en la seguridad. En su reciente visita a América Latina, el secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, advirtió sobre la “combinación antisocial” de terroristas, narcotraficantes y pandilleros, que busca cada vez más “desestabilizar a las sociedades civiles” en la región. Pero cuando se intenta identificar al que se encargará en el Gobierno estadounidense de responder a esta amenaza, la mayoría de los agentes de seguridad parece renuente, incluso, a reconocer que están discutiendo el tema.

Tal vez la razón de ello sea obvia. Todas las amenazas de seguridad —y la violencia pandillera en particular— no pueden enfrentarse únicamente a la fuerza. Dar solución a este problema requerirá de una mezcla de medidas policiales, preventivas, de rehabilitación, participación familiar y programas para después de clases, toda una red de iniciativas sociales de la que carecen generalmente países en desarrollo.

Aunque es difícil determinar qué tan lejos la administración buscará la seguridad para lograr oportunidad y prosperidad, existen señales de que una visión más amplia podría determinar acciones futuras. Rogelio Pardo-Maurer, subsecretario adjunto de Defensa para el Hemisferio Occidental, dijo esta semana que el propio Rumsfeld está impulsando una visión estratégica ambiciosa sobre cómo Estados Unidos, México y Centro América pueden trabajar en conjunto. “Creo que este es el momento para Centro América”, dijo Pardo-Maurer.

Ayudar a la región a que controle el problema pandillero requerirá de una inversión significativa de tiempo y recursos de parte de diferentes agencias del Gobierno estadounidense. El Departamento de Justicia y la Agencia para el Desarrollo Internacional deberán tener papeles mucho mayores que el Pentágono u otras agencias de seguridad.

Ya sea que usted esté de acuerdo o no de que el libre comercio y la seguridad son el mejor camino a la prosperidad, hay que darle crédito a la administración Bush por reconocer que no se trata simplemente de permitir el mayor enriquecimiento de unos pocos. La oportunidad requiere seguridad. Y hasta que la región no reciba la ayuda substancial que necesita para acabar con el flagelo de las pandillas, Bush sólo podrá obtener una victoria pírrica.

*Columnista del Washington Post.


elsalvador.com WWW