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Turquía de cara a Europa
Que comiencen las negociaciones

A diferencia de la “guerra contra el terrorismo”, la integración europea puede servir de modelo para resolver las crisis subyacentes del Oriente Medio y abordar las raíces de la violencia en la región

Publicada 17 de diciembre 2004, El Diario de Hoy


George A. Papandreou*
El Diario de Hoy
editorial@ elsalvador.com

La Unión Europea, cuyos 25 miembros representan unos 456 millones de ciudadanos, es el mayor y más audaz experimento en materia de gobierno multilateral jamás emprendido. Nuestra Unión, construida a partir de las cenizas de la guerra, es una fuerza en pro de la paz y la cooperación en un mundo caracterizado por una inseguridad y una polarización cada vez mayores. Ahora la Unión ha decidido afrontar otro empeño audaz: hoy 17 de diciembre, el Consejo Europeo decidirá cuándo y en qué términos iniciar las negociaciones con Turquía sobre la adhesión. Esa decisión tendrá repercusiones fundamentales en el futuro de Europa.

Tras haber integrado con éxito a diez nuevos miembros el pasado mes de mayo, incluidos ocho antiguos países comunistas con niveles de desarrollo económico en gran medida inferiores, algunos sostienen que la UE debe pararse ahí, pero poner un límite al proceso de ampliación sería a un tiempo una oportunidad desaprovechada para la UE y un golpe cruel para los países de los Balcanes y de otras regiones para los que la perspectiva de la adhesión es un incentivo importante con vistas a la reforma y la renovación.

Grecia lo sabe perfectamente. Nuestra fe en Europa como catalizadora de la paz y la prosperidad fue la que nos movió a apoyar las aspiraciones de Turquía en la UE. Cuando el gobierno del Movimiento Socialista Panhelénico (PASOK) lanzó su política de acercamiento greco-turco, durante el período en que yo fui ministro de Asuntos Exteriores, muchas personas se mostraban recelosas ante la posibilidad de restablecer las relaciones con un antiguo enemigo. El cambio de actitudes arraigadas no podía suceder de la noche a la mañana: requería un proceso gradual de medidas creadoras de confianza, desde el nivel de la base hasta las alturas del poder político.

Cinco años después, los resultados hablan por sí solos. Grecia y Turquía han subscrito dieciocho acuerdos mutuamente beneficiosos en sectores que van desde el comercio y la energía hasta la lucha contra la delincuencia organizada, pasando por la protección medioambiental. No se puede negar que unos vínculos bilaterales fuertes son buenos para la economía y la seguridad de Grecia.

Pero nuestra emprendedora política de acercamiento no fue concebida simplemente para servir a los intereses nacionales. Formaba parte de una concepción regional para fomentar la estabilidad desde los Balcanes hasta el Oriente Medio. Gracias a ello, Grecia y Turquía cooperaron en las gestiones humanitarias en Kosovo y llevaron a cabo una misión de paz conjunta en Israel y Palestina. Grecia y Turquía cooperaron también para impedir la propagación a países vecinos de la guerra en el Iraq.

El acercamiento greco-turco ha creado el marco para unas relaciones más estrechas entre Turquía y la UE. Como partido progresista que es, el PASOK tiene el mayor interés en que las reformas democráticas avancen en Turquía. Ésa es la razón por la que siempre hemos apoyado una candidatura europea real, no “virtual”, de Turquía... con plenos derechos, pero también con plenos deberes para concluir las reformas internas que hasta ahora se han aplicado a consecuencia de la realzada “Asociación para la adhesión” de Turquía con la UE.

El Partido Justicia y Desarrollo (AKP), que gobierna en Turquía, fue elegido con un programa proeuropeo, que reflejaba la exigencia pública de modernización y democratización. Los mayores obstáculos a la adhesión son la ejecutoria de Turquía en materia de derechos humanos y de las minorías y el excesivo poder del ejército. Unos criterios y metas claros de la UE para la reforma ayudarán, pero ahora corresponde al gobierno del AKP demostrar la necesaria voluntad política de cumplir sus obligaciones para la adhesión.

Sin embargo, los turcos son más que conscientes de las pasiones que la candidatura de su país despierta en Europa. Varios dirigentes de la UE han afirmado que la adhesión de Turquía suscitaría una ola de migración y provocaría tensiones en la economía europea. Otros creen que la integración de un país musulmán en Europa sería inapropiada.

Ninguna de esas objeciones es convincente. Si se gestiona adecuadamente, la migración puede aumentar la riqueza cultural de Europa y satisfacer sus necesidades en materia de mercado laboral, ya que las tasas de fecundidad en la UE descienden y su población envejece. Los inmigrantes acuden a Europa en gran medida, porque Europa los necesita. Al mismo tiempo, denegar a Turquía un futuro europeo por razones religiosas sería negar la diversidad existente en nuestra Unión. La democracia es un valor universal, no propiedad de determinadas religiones.

Además, la de acoger a un país como Turquía será una señal positiva para el mundo musulmán. Aliviará las tensiones en aumento entre el cristianismo y el islam, exacerbadas por el terrorismo internacional y las reacciones nacionalistas. A diferencia de la “guerra contra el terrorismo”, la integración europea puede servir de modelo para resolver las crisis subyacentes del Oriente Medio y abordar las raíces de la violencia en la región, en sentido más amplio.

A medida que avancen las negociaciones en los próximos años, redundará en beneficio de la comunidad internacional apoyar el futuro europeo de Turquía, además de hacer una contribución constructiva para superar la división de Chipre, a fin de que no se desaprovechen los avances que hemos logrado. A partir del conflicto religioso y étnico, Europa puede forjar, una vez más, un modelo de cooperación pacífica... esta vez, creando una zona integrada de estabilidad en el Mediterráneo oriental.

Copyright: Project Syndicate.
*Ministro de Asuntos Exteriores de Grecia durante el período 1999-2004, es presidente del partido PASOK.


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