Carlos
A. Rosales*
El Diario de Hoy
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elsalvador.com
La lógica electoral parece no calar en el Frente Farabundo Martí
para la Liberación Nacional (FMLN). Los resultados adversos obtenidos
por la ex guerrilla en los comicios presidenciales de marzo no hicieron
mella alguna en el control hegemónico que ejercen los más
radicales del partido.
En efecto, los procesos internos de noviembre y diciembre de este año
para elegir a la dirigencia han consolidado el poder de los antiguos miembros
del extinto Partido Comunista salvadoreño. Al mismo tiempo, cualquier
esfuerzo de renovación y autocrítica fue rechazado de tajo
por la nomenclatura estalinista.
No es para menos. Desde su incorporación a la legalidad después
de los Acuerdos de Paz de 1992, la historia del FMLN ha sido de agrias
disputas internas. Las profundas diferencias de visión revolucionaria
en su seno provocaron la primera escisión del partido en 1994.
Los más emblemáticos dirigentes de las organizaciones militares
del flamante partido de izquierda fueron purgados sin mayores contemplaciones.
Cinco años más tarde, la candidatura presidencial de otro
reconocido ex comandante fue poco menos que boicoteada por los más
dogmáticos dirigentes del FMLN. Esa derrota electoral de 1999 marcó
la pauta para que estos últimos se tomaran el poder. Dos años
después, el mismo ex candidato fue purgado junto a otros correligionarios
en el afán de mantener la pureza ideológica
del partido.
Otros dirigentes que se habían identificado con una visión
renovadora del partido han corrido la misma suerte. Poco a
poco, los principales líderes de las cinco organizaciones que originalmente
conformaron el FMLN han sido sistemáticamente separados del partido.
En esencia, el FMLN no sólo dejó de ser un frente, sino
que también dejó de ser el Frente que los Acuerdos de Paz
convirtieron en partido político.
Pleitos viscerales como el del FMLN no son accidentales en la izquierda.
Al contrario, la historia ha demostrado que los izquierdistas suelen tener
enemigos más acérrimos entre sus propias filas que entre
sus rivales ideológicos.
Lo que ha ocurrido en el FMLN desde 1992 tampoco ha sido un hecho aislado
de su historia. En su análisis sobre la izquierda después
de la caída del Muro de Berlín, titulado Utopía desarmada,
Jorge Castañeda observó que las pugnas internas en el FMLN
de mediados de la década de los ochenta fueron de las más
cruentas de toda la experiencia latinoamericana.
El fracaso en la conformación de un poderoso frente de masas
en los años setenta dio lugar a la fundación de lo que Carlos
Rico Mira describe en sus memorias En silencio tenía que ser, como
cinco dedos de una mano que se cerró como un puño,
pero que jamás perdieron su individualidad. Así, el
FMLN nació en 1980 como una coalición estratégica
de cinco agrupaciones revolucionarias profundamente fraccionadas por diversas
perspectivas ideológicas.
Después de doce años de purgas y conflictos, los sucesores
del Partido Comunista salvadoreño han logrado consolidar su hegemonía
en el partido. Es así que ideológica y programáticamente,
no había diferencias sustanciales en los planteamientos de los
candidatos para dirigir al FMLN en la contienda interna. Lo que estaba
en juego era el relevo generacional del liderazgo y algunos enfoques tácticos
sobre el accionar político del partido.
A lo largo de todo el proceso los comunistas maniobraron de manera descarada
para cargar los dados a su favor. Tanto las reglas del juego como los
procedimientos electorales inclinaron la balanza para ventaja de los suyos.
Soy comunista y nunca lo he negado, admitió Schafik
Handal, líder histórico del FMLN. El septuagenario dirigente
no debe preocuparse, los salvadoreños siempre lo hemos sabido.
(Publicado en La Opinión, de Los Ángeles, el 10 de diciembre
de 2004).
*Secretario Particular de la Presidencia de la República.

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