Carlos
A. Torres
El Diario de Hoy
elpais@elsalvador.com
Más
de dos mil armas de fuego fueron convertidas en una masa de hierro, ayer,
por la tarde, en los hornos de una empresa fundidora de metales, ubicada
en el municipio de Quezaltepeque.
Autoridades del Ministerio de la Defensa Nacional emprendieron la destrucción,
bajo la supervisión de agentes de la División de Armas y
Explosivos de la Policía Nacional Civil (PNC) y de representantes
de la Fiscalía General de la República (FGR).
Entre el armamento destruido figuran tanto armas convencionales como hechizas.
Los artefactos, en su mayoría, procedían de los diferentes
tribunales de justicia del país.
Otro porcentaje de las oficinas de Registro de Armas y de procedimientos
realizados por la PNC y una cantidad mínima había sido entregada
por personas que las tenían en su poder, según informó
el coronel Rigoberto Alas Sorto, encargado de la Unidad de Logística
de la Fuerza Armada, la cual dirigió cargo del proceso de destrucción.
Un total de 293 artefactos que pasaron por el fuego no habían sido
reclamadas por sus dueños en el plazo estipulado por la Ley para
el respectivo reclamo o porque no pagaron las multas respectivas. Otras
423 eran ilegales y 150 procedían de los procesos llevados en los
juzgados.
Asimismo 36 armas habían sido entregadas por sus dueños
y dos más presentaban alteraciones en sus números de series.
En total suman dos mil 12 armas destruidas: mil 687 eran pistolas, revólveres,
escopetas, fusiles, carabinas, subametralladoras y un lanzagranadas, más
325 artefactos de fabricación casera.
Desde 1999 han sido destruidos 24 lotes de material bélico. Sólo
en 2000, se contabilizó 13 mil 473 armas aniquiladas. El año
pasado, fueron 4 mil 662.

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