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Las soluciones, a largo plazo
En el centro de atención especial, la reducción de los
embarazos en adolescentes se basa en la educación sexual que
se les imparte a las menores de edad. Fotos
EDH |
Ivette Amaya
El Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
Jugar con muñecas quedó atrás para Jennifer, a
pesar de sus 13 años. Su pubertad transcurre ahora entre mantener
la casa aseada y cuidar a su bebé, así como aprender a convivir
con su novio, doce años mayor que ella.
Me gustó su modo. Él no es como los demás,
aclara la niña, al preguntarle la razón que le llevó
a interesarse por esta persona mayor.
Por desgracia, la historia de Jennifer se repite en decenas de muchachas
que llegan a consultar al Centro de Atención de la Adolescente
Embarazada, ubicado en el Barrio Lourdes.
¿Interés?
Según Yanira Barrera, psicóloga del centro, esta situación
radica en la falta de cariño en el hogar y la figura de un padre
que las eduque.
Muchas veces ha faltado la figura paterna y no saben lo que es un
cariño protector masculino. El hombre mayor se aprovecha de la
sencillez de las chicas, y con hablarles bonito ya se las ganan,
detalló.
Pero un elemento que Barrera ha identificado que se repite en los casos
de las más jóvenes es la búsqueda del sustento diario.
Desde la limitante de la pobreza donde viven, involucrarse con un
motorista de bus para ellas quizá es buscar el sustento diario,
cosa que no encuentran en su casa, y estos (hombres) a su vez se aprovechan
de ellas porque con cualquier bobería se conforman, indicó.
Barrera manifiesta que tal es la falta de información de las jóvenes
lo que les lleva a andar con hombres mayores porque son más
responsables. Una muestra de esa responsabilidad es
que, en ocasiones, les dan hasta dos dólares diarios para que se
mantengan.
Otro aspecto a superar es la falta de conocimiento de la identidad de
la pareja, lo que provoca que, en muchas ocasiones, las adolescentes no
puedan reclamar sus derechos, como la cuota alimenticia.
La chica no sabe mayor cosa de los hombres con los que mantienen
relaciones sexuales, en esos casos no sabían ni el apellido del
señor ni el lugar de residencia, sólo que se llaman Juan
o Pedro y donde más o menos lo pueden ubicar, comenta Cándida
Gómez, coordinadora del centro de atención.
Cuando ocurre el abandono de la pareja o de la familia, las profesionales
comienzan a trabajar el apego hacia el bebé, ya que, en su misma
depresión, muchas chicas desean abortar.
Se les trabaja el estado anímico y la aceptación porque,
no importa cómo fue concebido, el bebé ya es una parte de
su vida, indicó Barrera.
En el año, el centro público registra una población
de 42 adolescentes atendidas con este proyecto.

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