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Tiempo de navidad
El portal de la ilusión

Es mi deseo que todos podamos celebrar con alegría y entusiasmo esta próxima Nochebuena. Ojalá que al hacer examen de las cosas que hemos hecho en este año, lo aprobemos con sobresaliente

Publicada 15 de diciembre 2004, El Diario de Hoy


Raúl M. Alas*
El Diario de Hoy
editoriales@elsalvador.com

“El camino que lleva a Belén baja hasta el valle que la nieve cubrió, los pastorcillos quieren ver a su Rey, le traen regalos en su humilde zurrón, ropo pom pom, ropo pom pom…”.

¡Qué bonita es esta época para celebrar alegremente en compañía de nuestros seres queridos y amistades! Tiempo oportuno para vivir la fe, recuperar la esperanza y practicar la solidaridad. Por eso, aprovechando este ambiente festivo, me ha parecido propicio darle tregua a los temas actuales de opinión pública y dedicar unas cuantas líneas a considerar el núcleo supremo de esta Navidad: El nacimiento del hijo de Dios.

Ciertamente, cada temporada tiene su momento estelar, pero ésta la tiene de un modo súper especial, porque estamos expectantes de la llegada del niño Jesús. Sí, celebrar su llegada luminosa al portal de Belén y adorar su presencia en aquella humilde morada junto a la Sagrada Familia. Más de dos mil navidades han pasado desde entonces y queremos que su luz siga brillando con intensidad en nuestros corazones. Razón principal para regocijarnos y participar todos de la felicidad de tenerle entre nosotros.

Es innegable que el espíritu navideño ha llegado este año con renovados bríos a El Salvador y no sólo porque el comercio así lo refleje, sino que la misma coyuntura nacional de los meses pasados ha desencadenado una variedad de agradables sensaciones.

Por ejemplo, creo que ya hemos superado la incertidumbre que vivimos durante el primer semestre del año y que puso en jaque a diversos sectores del país. Asimismo, al margen de los personajes políticos, los escándalos de corrupción, los acalorados debates por el presupuesto y la invasión de ratas en la Asamblea, los protagonistas del año han seguido siendo los miles de salvadoreños que trabajan duro para que el país salga adelante.

Aun con todo, he de decir que queda tanto por hacer para recuperar el tiempo que consume tanta discusión estéril en muchos ámbitos del país. Es absurdo que entre nosotros mismos nos sigamos poniendo frecuentes trabas y obstáculos en el camino del desarrollo humano y del progreso en libertad. Duele pensar que todavía hay personas y entidades de toda índole tratando de meterle zancadilla al resto del país, con todo tipo de triquiñuelas y componendas.

Quizá por eso mismo, en esta época de dicha y generosidad, resulta lamentable observar la polarización y el desencanto que prima en el seno de algunos hogares, que perviven en un mundo de apariencia y superficialidad: adultos endeudados hasta la coronilla, hermanos enfrentados por herencias, matrimonios separados por infidelidades, parientes egoístas y codiciosos que sólo miran sus propios bolsillos, en fin, gente que sólo sabe sacar provecho de los demás.

Sin embargo, también hemos tenido el privilegio de ver los frutos abundantes de muchas personas que tienen un corazón enorme y que saben darse a los demás a manos llenas. Entre ellos hay padres de familia, empresarios, profesionales, comerciantes, trabajadores, agricultores, amas de casa, líderes de opinión, maestros y personas de bien. En definitiva, ciudadanos ejemplares que viven con coherencia su vida personal y familiar.

Por eso mismo, aunque no todos bailen al mismo son, me parece que tenemos motivos de sobra para estar especialmente contentos y dispuestos para celebrar las fiestas con ahínco e ilusión. El hecho de estar saludables, unidos en familia y tener lo indispensable para vivir, es un elemento que nos debe motivar a emprender nuevas metas y proyectos para el año venidero.

En este sentido, tengo la impresión de que 2004 se nos ha pasado a mil por hora, y como nada, ya estamos otra vez en diciembre, listos para hacer el respectivo balance anual y descansar unos cuantos días, que tanta falta hacen después de estas fiestas.

Particularmente, tengo muchas razones por las que quiero darle gracias a Dios. En primer lugar, gracias por permitirnos volver a nuestro país después de cuatro años de incesante y fructífera actividad académica en Europa. De igual modo, un millón de gracias a todos los familiares y amigos que han contribuido a que nuestro aterrizaje en tierras salvadoreñas sea una verdadera delicia y un estupendo reencuentro. Además, gracias por la confianza y cariño que nos han depositado en esta nueva etapa que estamos emprendiendo.

Por lo tanto, es mi deseo que todos podamos celebrar con alegría y entusiasmo esta próxima Nochebuena. Ojalá que al hacer examen de las cosas que hemos hecho en este año, lo aprobemos con sobresaliente y luchemos con garbo por sacar el ángel que todos llevamos dentro. En efecto, hagamos el firme propósito de que estas fiestas renueven nuestros ánimos y haga renacer nuestro espíritu de solidaridad hacia la gente necesitada que tenemos alrededor.

*Doctor en Comunicación Pública.

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