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La candidatura de Derbez
El ocaso de un frívolo

El Gobierno mexicano tendrá que negociar fuertemente con Estados Unidos y Brasil para que apoyen a Derbez y no a Insulza o a un centroamericano para la OEA. Negociar significa ceder

Publicada 15 de diciembre 2004, El Diario de Hoy


Raymundo Rivapalacio
El Diario de Hoy
editoriales@elsalvador.com

Una torpeza política del canciller Luis Ernesto Derbez ha puesto en riesgo su carrera política, incipiente aún y ya tocada de muerte.

Si algo tiene muy característico Luis Ernesto Derbez, es la ligereza de sus acciones públicas. Hombre de pasado mediocre, largo tiempo funcionario de segunda en el Banco Mundial, Derbez irrumpió en el paisaje mexicano cuando el Presidente Vicente Fox lo nombró secretario de Economía del gobierno del cambio. Su contribución prima fue que la desatención por la industria maquiladora lograra que decenas de empresas extranjeras se fueran para Asia.

Su paso fue pobre en esa dependencia y cuando a Fox le hizo un berrinche Jorge Castañeda y renunció como secretario de Relaciones Exteriores, vio en Derbez la solución, sabiendo probablemente que no perdía nada.

Consistente, Derbez ha sido, ante todo, un desastre. Exquisito en sus maneras, desbocado en actitudes, continuó la obra castañedista de demolición del Servicio Exterior y, como su antecesor también, no le ha encontrado la cuadratura ni a la relación con Estados Unidos ni a las relaciones internacionales.

Cuando llevó a presentar al secretario de Estado Colin Powell al nuevo encargado de las relaciones con Norteamérica, Gerónimo Gutiérrez, Powell le dio unas palmadas en el cachete, pensando que era su hijo. Cuando se preparaba la Cumbre Iberoamericana con la Unión Europea, forzó a Fox a que no llamara por teléfono a ningún jefe de Estado o de gobierno para invitarlo, lo que generó un profundo problema para la Cancillería, a fin de evitar el sabotaje europeo a Guadalajara.

Hace no mucho, alguien le susurró al oído que su plumaje era para mayores alturas, y Derbez alzó el vuelo. Empezó a sentirse político de estirpe florentina y sugirió entonces que el PAN podría postularlo para la jefatura de Gobierno del Distrito Federal en 2006, pero nadie lo volteó a ver con seriedad. Ese guiño jocoso de la élite lo debe haber interpretado al revés, como un aval, y entonces cambió de vehículo para circular por la misma ruta. ¿Por qué no la candidatura presidencial? Después de todo, le dijo a la prensa, soy el único miembro del gabinete foxista que ha ocupado dos carteras, como si el multichambismo burocrático hubiera dejado buena huella en el pasado.

Y también, declaró abiertamente, era el mejor para darle continuidad al foxismo. Súper Derbez lograría quitarle pesadillas al Presidente, quien ya tendría al sucesor para hacer del gobierno del cambio un proyecto transexenal.

Lo que no contaba Derbez es que sus iniciativas particulares no se acomodaban con el proyecto foxista que prometía continuar. Esa última declaración perforó su línea de flotación en Los Pinos. ¿Quién era él para autoerigirse en el relevo final para llevar la antorcha foxista allende de 2006? Le habían perdonado su locuacidad en asuntos internos, sus giros electoreros, el apoyo a Rubén Mendoza Ayala para la candidatura del PAN en el Estado de México, con lo cual se enfrentaba al proyecto central de la jerarquía del PAN.

Todo menos que, torpe de él, se enfrentara al propio Fox sin darse plena cuenta de ello. Derbez no debe leer periódicos ni ver televisión ni oír radio ni escuchar a nadie, pues no se entiende de otra forma que no se haya dado cuenta de que el proyecto foxista para la Presidencia en 2006 se llama Santiago Creel, que pronto dejará de ser secretario de Gobernación para iniciar su precampaña hacia Los Pinos.

La torpeza política de Derbez tocó fondo cuando Fox dio el manotazo. Lo llamó, cuentan en la Cancillería, y le dijo que su destino había cambiado, inclusive, de dirección. No sería por el rumbo de Chapultepec, sino cerca de otro parque, la alameda de Washington, donde se encuentra la Organización de Estados Americanos. Derbez no se esperaba que lo voltearan de cabeza en forma tan dramática, pero tuvo que asimilar el golpe. Es una promoción, afirman sus cercanos, sabiendo que, gane o pierda, es una remoción anticipada.

Apresuradamente, el Gobierno de México presentó el martes pasado su candidatura a la OEA. En unas horas recibió el apoyo de las potencias latinoamericanas Belice y Paraguay, y desde Ottawa la Cancillería canadiense que encabeza Pierre Pettigrew, su amigo y anterior colega en Comercio, con quien comparten otro amigo que vive en Cuernavaca, dijo que también lo veían con buenos ojos.

El Departamento de Estado, que es realmente el que controla políticamente la OEA, se mostró sorprendido y en primera instancia dijo que el Gobierno del Presidente George W. Bush prefería la candidatura de un centroamericano, preferentemente un ex presidente, dibujando casi el perfil del salvadoreño Francisco Flores, quien no termina de tener el consenso de la región.

En la misma semana, el Gobierno chileno formalizó la candidatura de su ministro del Interior, José Miguel Insulza, quien recibió la adhesión de las otras dos potencias del continente, Brasil y Argentina. Insulza reconoció este fin de semana la sorpresa de su gobierno al enterarse de la candidatura de Derbez, justo cuando estaban en pláticas los dos países para establecer alianzas estratégicas, y después de que ése no fuera un tema en la agenda de los presidentes Fox y Ricardo Lagos, cuando recientemente se encontraron en Santiago.

Derbez fue empujado por Fox al precipicio y está dispuesto a llevarlo hasta el final. Aún no salen las instrucciones a las embajadas mexicanas en América Latina para cabildear la candidatura del canciller, pero van a tener bastante trabajo. Si México, desde antes de Fox, había perdido influencia, credibilidad y capacidad de negociación en la región, con la política de entrega total a Washington en este gobierno y el mal ambiente que tiene Derbez entre sus pares latinoamericanos, su candidatura se antoja bastante complicada de ser concretada.

El Gobierno mexicano tendrá que negociar fuertemente con Estados Unidos y Brasil para que apoyen a Derbez y no a Insulza o a un centroamericano para la OEA. Negociar significa ceder, entregar algo a cambio, y ambos tienen dos aspiraciones importantes: Washington, el control de la seguridad territorial mexicana; Brasilia, el asiento permanente en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Ambos son precios demasiado altos para pagar por Derbez, cuya candidatura no es una posición estratégica para Fox, sino un acto de represalia por su aventurismo electorero. Es probable, en este sentido, que Derbez pudiera perder la elección, con lo que quedaría totalmente debilitado y vulnerado en Tlatelolco.

En ambos casos, se acabó la carrera política de un aspirante a pavo real que nunca se dio cuenta de que, pese a sus finos cortes y floridas corbatas, no pasó de ser un guajolote en cuna de oro.

(Publicado por el periódico Universal de México el 13 de diciembre del 2004).
rriva@eluniversal.com.mx / r_rivapalacio@yahoo.com

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