Raymundo Rivapalacio
El
Diario de Hoy
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Una torpeza
política del canciller Luis Ernesto Derbez ha puesto en riesgo
su carrera política, incipiente aún y ya tocada de muerte.
Si algo tiene muy característico Luis Ernesto Derbez, es la ligereza
de sus acciones públicas. Hombre de pasado mediocre, largo tiempo
funcionario de segunda en el Banco Mundial, Derbez irrumpió en
el paisaje mexicano cuando el Presidente Vicente Fox lo nombró
secretario de Economía del gobierno del cambio. Su contribución
prima fue que la desatención por la industria maquiladora lograra
que decenas de empresas extranjeras se fueran para Asia.
Su paso fue pobre en esa dependencia y cuando a Fox le hizo un berrinche
Jorge Castañeda y renunció como secretario de Relaciones
Exteriores, vio en Derbez la solución, sabiendo probablemente que
no perdía nada.
Consistente, Derbez ha sido, ante todo, un desastre. Exquisito en sus
maneras, desbocado en actitudes, continuó la obra castañedista
de demolición del Servicio Exterior y, como su antecesor también,
no le ha encontrado la cuadratura ni a la relación con Estados
Unidos ni a las relaciones internacionales.
Cuando llevó a presentar al secretario de Estado Colin Powell al
nuevo encargado de las relaciones con Norteamérica, Gerónimo
Gutiérrez, Powell le dio unas palmadas en el cachete, pensando
que era su hijo. Cuando se preparaba la Cumbre Iberoamericana con la Unión
Europea, forzó a Fox a que no llamara por teléfono a ningún
jefe de Estado o de gobierno para invitarlo, lo que generó un profundo
problema para la Cancillería, a fin de evitar el sabotaje europeo
a Guadalajara.
Hace no mucho, alguien le susurró al oído que su plumaje
era para mayores alturas, y Derbez alzó el vuelo. Empezó
a sentirse político de estirpe florentina y sugirió entonces
que el PAN podría postularlo para la jefatura de Gobierno del Distrito
Federal en 2006, pero nadie lo volteó a ver con seriedad. Ese guiño
jocoso de la élite lo debe haber interpretado al revés,
como un aval, y entonces cambió de vehículo para circular
por la misma ruta. ¿Por qué no la candidatura presidencial?
Después de todo, le dijo a la prensa, soy el único miembro
del gabinete foxista que ha ocupado dos carteras, como si el multichambismo
burocrático hubiera dejado buena huella en el pasado.
Y también, declaró
abiertamente, era el mejor para darle continuidad al foxismo. Súper
Derbez lograría quitarle pesadillas al Presidente, quien ya tendría
al sucesor para hacer del gobierno del cambio un proyecto transexenal.
Lo que no contaba Derbez es que sus iniciativas particulares no se acomodaban
con el proyecto foxista que prometía continuar. Esa última
declaración perforó su línea de flotación
en Los Pinos. ¿Quién era él para autoerigirse en
el relevo final para llevar la antorcha foxista allende de 2006? Le habían
perdonado su locuacidad en asuntos internos, sus giros electoreros, el
apoyo a Rubén Mendoza Ayala para la candidatura del PAN en el Estado
de México, con lo cual se enfrentaba al proyecto central de la
jerarquía del PAN.
Todo menos que, torpe de él, se enfrentara al propio Fox sin darse
plena cuenta de ello. Derbez no debe leer periódicos ni ver televisión
ni oír radio ni escuchar a nadie, pues no se entiende de otra forma
que no se haya dado cuenta de que el proyecto foxista para la Presidencia
en 2006 se llama Santiago Creel, que pronto dejará de ser secretario
de Gobernación para iniciar su precampaña hacia Los Pinos.
La torpeza política de Derbez tocó fondo cuando Fox dio
el manotazo. Lo llamó, cuentan en la Cancillería, y le dijo
que su destino había cambiado, inclusive, de dirección.
No sería por el rumbo de Chapultepec, sino cerca de otro parque,
la alameda de Washington, donde se encuentra la Organización de
Estados Americanos. Derbez no se esperaba que lo voltearan de cabeza en
forma tan dramática, pero tuvo que asimilar el golpe. Es una promoción,
afirman sus cercanos, sabiendo que, gane o pierda, es una remoción
anticipada.
Apresuradamente, el Gobierno de México presentó el martes
pasado su candidatura a la OEA. En unas horas recibió el apoyo
de las potencias latinoamericanas Belice y Paraguay, y desde Ottawa la
Cancillería canadiense que encabeza Pierre Pettigrew, su amigo
y anterior colega en Comercio, con quien comparten otro amigo que vive
en Cuernavaca, dijo que también lo veían con buenos ojos.
El Departamento de Estado, que es realmente el que controla políticamente
la OEA, se mostró sorprendido y en primera instancia dijo que el
Gobierno del Presidente George W. Bush prefería la candidatura
de un centroamericano, preferentemente un ex presidente, dibujando casi
el perfil del salvadoreño Francisco Flores, quien no termina de
tener el consenso de la región.
En la misma semana, el Gobierno chileno formalizó la candidatura
de su ministro del Interior, José Miguel Insulza, quien recibió
la adhesión de las otras dos potencias del continente, Brasil y
Argentina. Insulza reconoció este fin de semana la sorpresa de
su gobierno al enterarse de la candidatura de Derbez, justo cuando estaban
en pláticas los dos países para establecer alianzas estratégicas,
y después de que ése no fuera un tema en la agenda de los
presidentes Fox y Ricardo Lagos, cuando recientemente se encontraron en
Santiago.
Derbez fue empujado por Fox al precipicio y está dispuesto a llevarlo
hasta el final. Aún no salen las instrucciones a las embajadas
mexicanas en América Latina para cabildear la candidatura del canciller,
pero van a tener bastante trabajo. Si México, desde antes de Fox,
había perdido influencia, credibilidad y capacidad de negociación
en la región, con la política de entrega total a Washington
en este gobierno y el mal ambiente que tiene Derbez entre sus pares latinoamericanos,
su candidatura se antoja bastante complicada de ser concretada.
El Gobierno mexicano tendrá que negociar fuertemente con Estados
Unidos y Brasil para que apoyen a Derbez y no a Insulza o a un centroamericano
para la OEA. Negociar significa ceder, entregar algo a cambio, y ambos
tienen dos aspiraciones importantes: Washington, el control de la seguridad
territorial mexicana; Brasilia, el asiento permanente en el Consejo de
Seguridad de las Naciones Unidas.
Ambos son precios demasiado altos para pagar por Derbez, cuya candidatura
no es una posición estratégica para Fox, sino un acto de
represalia por su aventurismo electorero. Es probable, en este sentido,
que Derbez pudiera perder la elección, con lo que quedaría
totalmente debilitado y vulnerado en Tlatelolco.
En ambos casos, se acabó la carrera política de un aspirante
a pavo real que nunca se dio cuenta de que, pese a sus finos cortes y
floridas corbatas, no pasó de ser un guajolote en cuna de oro.
(Publicado por el periódico Universal
de México el 13 de diciembre del 2004).
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