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Y Nenei no llegó al entreno

El brasileño fue el único ausente a la práctica de ayer. Dijeron que tenía permiso

Publicada 15 de diciembre 2004, El Diario de Hoy

Una de las últimas. Juan Quartarone de indicaciones a sus jugadores previo al entreno de ayer. Comenzó con lo que podría ser un despedida, pero con el argentino nadie sabe.Fotos EDH/ Javier Aparicio

César Najarro
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com


Una brisa suave espanta el calor de la tarde y poco a poco comienza a levantar polvo hasta que se convierte en un verdadero ventarrón.

Algo similar al viento que apareció en el segundo tiempo extra en el Cuscatlán, o quizás como un símbolo anticipado de lo que puede sufrir el FAS. Con ese marco, el Balboa tuvo su primer entreno, pero había un ausente: Nenei.

El público, fiel a su equipo, llegó antes. Mientras, los jugadores comenzaron a aparecer a las 3:30 de la tarde. Hay una buena noticia, Abraham Monterrosa se está recuperando de a poco y corre a un costado. Franklin Webster sólo observa.

El hondureño, una de las figuras del partido contra el San Salvador, está sentado sobre una hielera y se soba la zona del abductor izquierdo. “Estoy algo resentido después del partido, pero para el jueves me dijo el doctor que entreno de nuevo”, explicó.

Los jugadores se sientan en la grama y en medio Juan Quartarone les dice que sólo una semana más lo estarán soportando. Todos se ríen. De repente entran corriendo Asprilla y Mosquera. Los colombianos tenían permiso para llegar tarde, pues tenían que resolver “algo con migración”, dijo el técnico churriero.

Pero el gran ausente es, y siguió siendo, Nenei. La figura del partido del domingo no aparecía por ningún lado. No estaba en su casa ni contestaba su celular, al menos hasta las 9:20 de la noche, cuando El Diario de Hoy logró comunicarse con él.

Quartarone no estaba seguro de dónde pudiera estar. Eugenio Valerio cree que aún se encuentra en San Salvador, que no viajó con el resto del grupo ayer y que no regresará. Su novia llega al entreno preguntando por él. Nadie sabe.

Entonces Francisco Robles, el técnico auxiliar, explica que De Mello le pidió permiso para llegar hasta hoy, pues tenía un problema con unos papeles de su hijo, lo que el mismo jugador confirmó anoche a este periódico.

Suave

La práctica consistió en un par de corridas, toque de balón y recuperación muscular. Tiros de fuera del área para los delanteros mientras, los defensas, a correr. Lo fuerte arranca hoy.
Algunos se toman unas cervezas, observan a sus jugadores y les piden el triunfo. Entre ellos aparecen unos cuantos que han venido desde Estados Unidos para el partido.
“Soy unionense hasta morir. Vine a celebrar el triunfo y los voy a ir a apoyar al estadio. Hay que respetarlos, pero ganaremos 3-1. Webster y Nenei van a echarlos” dice Jorge Ramírez, quien vino desde Boston.


Negocio redondo. La venta de camisas del Balboa se ha incrementado en la ciudad. Los precios alcanzan hasta los $30..Fotos EDH/ Javier Aparicio

La Unión no cabe de alegría

La afición del Balboa festejó a lo grande el pase del equipo a la final

“¿Ya vienen? – No, se fueron a jugar a Tacachico”. La conversación fue común la tarde del lunes en La Unión entre los aficionados. Los fueron a esperar a la entrada del pueblo y cuando los jugadores aparecieron comenzó la fiesta.

La gente salió a las calles para verlos pasar y saludarlos. Cantaban, aplaudían y agradecían a sus ídolos el triunfo sobre San Salvador.
“Nos decían que era el mejor regalo de navidad que podrían haber recibido”, dice Eugenio Valerio. La Unión está de fiesta, y no precisamente por las patronales.

Ayer, la normalidad volvió a reinar. Valerio y Noel Aquino almorzaron con el partido diferido entre el Leche y el Lazio. “Siempre que podemos vemos fútbol”, alega Valerio mientras comienza los preparativos para el entreno de las cuatro.

En el centro de la ciudad, las camisetas originales alcanzan los $30, pero regateando se llega hasta $29, mientras que en lugares de más lujo costaban $40. “En metro valen $35, llévesela ahora”, se oyo decir al vendedor.

Las imitaciones rondaban los 8 dólares tanto para niños como para mujeres. “Son las que más hemos vendido y hasta hemos hecho más pedidos. Desde que el Balboa llegó a la final han aumentado las ventas”, confirma Iván Torres, dueño del Calzado Rossy.
“Vamos a ganar 2-0”, se atreve a pronosticar.

Para Francisco Prado, que vende en el mercado, el partido será reñido. “Será difícil, pero ganaremos 2-1”, dice. La historia de Prado es entre dos amores. Quiere ir al estadio a ver ganar a su equipo, pero su esposa le va al FAS. Ha hecho un mural en su puesto de ventas, pero ahí también está el póster del club tigrillo.

“La presión la tienen ellos”


Valerio y Aquino le echan el peso al FAS. “Ellos son los de la historia. Nosotros comenzamos a escribirla”, comentan.

“Nervios sí hay, pero ya pasados los primeros cinco minutos vamos a salir a ganar”, asegura Valerio, “hasta sudaremos sangre si es necesario”, agrega Aquino.

Los jugadores están confiados en su trabajo y en que saldrán con más garra que la que tiene el tigre. Para Valerio, “ellos tienen experiencia, pero nosotros toda la motivación de encontrarnos en nuestra primera final”.

No les preocupa Bentos y su habilidad, ni los pases en profundidad de Álvarez, si “lo mismo decían de Pedrozo… pero ganamos”, dicen.

Valerio salió para mostrar la casa donde vivía Franklin Webster, en una colonia donde vive la mayoría de jugadores. Entonces aparecieron unos guías, unos niños que ya sabían los hogares de sus ídolos. “Hoy todo el mundo te sonríe, o te da una soda. Esto es historia para el equipo”, dice Valerio.


Misión cumplida

“No sabés lo que es viajar hasta La Unión por cuatro horas en bus. Me queda chato el trasero”, dice relajado el técnico argentino del club churriero antes de salir para comenzar la última semana que le queda esta temporada al frente del Balboa.

Con su buen humor y los años de experiencia comienza a recordar su pasado y de cómo terminó en El Salvador.

Quartarone jugaba en el equipo argentino La Barriada, y al mismo tiempo la hacía de técnico. Después se fue a probar suerte a Guatemala y lo llamó Juventud Olímpica.

Era 1966 cuando llegó a la Academia, como le llamaban al equipo que lo trajo al país. “Nos dijeron que los extranjeros no servíamos y me piqué. Como sabían que yo había dirigido me pidieron que tomara el cargo. Yo andaba por los 32 años”, cuenta.
De repente cuenta que aún no ha visto bien el partido de la semifinal. “Pero de que fue gol el segundo de Nenei, fue gol. No cabe duda”, dice.

Comienza a recordar sus triunfos. 1987 cuando fue campeón de Concacaf con el Olimpia de Honduras. Campeón con el Platense, Marte, FAS, Subcampeón con el Alianza…
“Ya venció a un uruguayo (Rivero) y ahora va por un peruano (Castillo)”, le dicen mientras deja escapar una sonrisa. Reflexiona sobre sus jugadores y afirma que la velocidad de Franklin Webster puede ser la diferencia contra el FAS.

Su futuro no es claro aún. Termina contrato después de la final, pero está a la expectativa y quisiera continuar en Balboa.

El recorrido ha terminado. Llega a La Unión. Baja sus maletas y entra a un hotel. Entonces todo cambia. Lo conoce el guardia de seguridad y de inmediato le dice: “Gracias profesor. Estamos en la final”. Se abrazan y de inmediato saluda a la recepcionista, quien le dice que la misión está cumplida.


 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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