En una humilde casa ubicada a la entrada
de la ciudad de Ilobasco, María Veraliz Estrada, de 55 años,
va dando forma a una bola de barro que moldea con sus manos.
Es nada menos que la figura del Niño Dios, que en esta época
de Navidad adorna los nacimientos de muchos hogares salvadoreños
e incluso en otros países.
Doña Vera, como le conocen los clientes de su pequeño taller
de artesanías, ubicado en la esquina de la entrada principal de
Ilobasco, es una de las decenas de artesanos que se dedican al oficio
noble y bizarro, como se lee en el Monumento al Artesano que
se halla cerca de la entrada de la ciudad.
Una
ocurrencia que impulsó este arte
- Existen por lo menos 98 talleres artesanales que se dedican a la
elaboración de figuras de barro en Ilobasco.
- De éstos, 40, aproximadamente, todavía conservan los
procesos antiguos, según el
Centro de Desarrollo
Artesanal (Cedart).
- La historia cuenta que fue Dominga Herrera la que impulsó
este arte.
- En 1925, a la artesana se le ocurrió hacer una muñeca.
Al finalizar su obra, hasta ella misma quedó sorprendida, pues
le quedó muy
pequeña y graciosa.
- Fue así como nacieron las famosas miniaturas, según
relata el libro Ilobasco: barro eterno.
- Hoy en día son las pequeñas figurillas las que más
llaman la atención de los turistas y las que tienen mayor demanda
a nivel internacional. |
Con sus manos dan forma a Niños Jesús, José
y María, el buey y la mula, Reyes Magos, ángeles, pastoras,
ovejas, pitos, diablos, Siguanabas y hasta El Cipitío, utilizados
para adornar los nacidos.
Doña Vera cuenta fue su abuela la que le enseñó a
elaborar los muñecos. Tenía apenas 12 años cuando
se inició en este arte. Sin embargo, ha sido su mamá, Natalia
Estrada, famosa en el lugar por su pitos de figuras, la que
la perfeccionó.
Desde mayo hasta octubre, se dedica a fabricar los pedidos que llegan
de todas partes, principalmente de otras ciudades del país. Lo
primero que hacemos es conseguir el barro, el cual compramos a 23 dólares
la carretada. Luego preparamos la pasta con la que empezamos a darle forma,
expresa la artesana.
Las piezas son puestas al sol durante dos o tres días para posteriormente
introducirlas en un horno casero, del cual salen ya listas para pintarlas,
agrega. En esta etapa participan algunos niños de los alrededores
de la ciudad.
Ganancias
Mario Cubías es uno de ellos. Tiene 14 años y ya finalizó
el 9o. grado en el Centro Escolar José Roberto Juárez, del
cantón El Barrial.
Yo sólo las pinto. Fue mi abuela la que me enseñó
hace tres años, dice, sin despegar su mirada de una pareja
de pastores.
La elaboración de artesanías le ha dado fama a la ciudad
de Ilobasco. También ha permitido que los que se dedican a este
arte obtengan los ingresos necesarios para subsistir. Para mí,
el barro es algo sagrado. Gracias a él he podido conocer toda Centro
américa, agrega doña Vera.
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| Etapa final. En octubre comienza el toque definitivo.
Fotos EDH |
Ella, al igual que otros 31 artesanos, es parte de la
Asociación Cooperativa de Artesanos de Ilobasco (Acaaci de R.L.),
la cual tiene su sede en la misma casa donde vivió Dominga Herrera,
fallecida en 1982, a quien se le considera una de las más destacadas
artesanas ilobasquenses.
Un dato curioso que se cuenta en el libro Barro eterno: Ilobasco,
de la Iniciativa Proarte Popular, es que Dominga hacía unas miniaturas
de distintas figuras, de las cuales varias cabían en una caja de
fósforos.
Yo tenía 12 años cuando mi abuela
me enseñó. Después fue mi madre quien perfeccionó
las técnicas
María Veraliz Estrada
Artesana de Ilobasco