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Cinco pecados de la derecha
Cómo superarlos y sus mayores dificultades

Que el tiempo dé la razón al que la tenga. ¡Que Dios perdone a los que secuestraron a toda una ideología! ¡Que ayude a los de buena voluntad! ¡Pobre tierra mía!

Publicada 14 de diciembre 2004, El Diario de Hoy

Roberto López-Geissmann
El Diario de Hoy
editoriales@elsalvador.com

(Última entrega)

Termino con éste la séptima y última entrega de esta serie. A partir de esta fecha procuraré apartarme del análisis y el comentario político. No renuncio a lo cultural, literario y hasta espiritual, aunque tuviera obviamente una relación política, porque todo está relacionado; pero me alejaré de lo que tenga que ver con partidos políticos, temáticas de política vernácula, histórica y coyuntural.

Realizada esta sana crítica, con el objetivo de despertar conciencias y subsanar los errores antes comentados, pasaré a indicar precisamente algunos puntos que puedan colaborar a esa superación, sin dejar de mencionar los obstáculos principales. No omito manifestar mi pesimismo.

Los mayores enemigos de la derecha. No son el partido más fuerte de la izquierda, otro partido izquierdista más moderado y mucho menos una eventual competencia dentro de la misma derecha. Sus mayores enemigos son “la serena confianza en el futuro”, que ya decía H.G. Wells que constituía “la más segura muestra de decadencia”; debe estar siempre en acción, en previsión, creativos, activos como fieras de presa y no regodeados en la satisfacción del buey cebado. El triunfalismo prepotente, que tantísimos hombres de bien y talento deja de lado en provecho del intrigante insincero, cargando además con su secuela reproductiva de parásitos, mediocres y aduladores.

La unción a una vía única, porque ya decía Degrelle que las vías únicas están bien para las calles estrechas de los pueblos pequeños, pero no para la historia; esto sería adscribirse en forma exclusiva a una corriente política o económica cualquiera; podría ser válido gravitar hacia ella, pero sin excluir otras manifestaciones del poderoso, profundo y amplio espectro de las derechas históricas.

Algunas recomendaciones

* Desarrollar una doctrina propia, seria y con valores. No se puede descuidar la preparación intelectual, alta en los cuadros y mínima siquiera en el resto. Ello va parejo a la formación política realizada a través de diversos programas, eficaces, coherentes y combativos.

* Introducir mística. Pero no sólo de acción, porque la acción sin pensamiento es activismo, tiende a desperdiciar esfuerzos, nunca es estratégico y puede ser manipulable. Debe estar adscrita a la ideología y tener por brújula sus valores. Lo práctico nunca puede ser superior.

* Control de calidad de la dirigencia. No basta un “triunfador” adinerado y reventando de activismo y menos un “ejecutivo” bienpensante, de mente esclava y genuflexo. Si bien el mejor de los equipos es el que tiene elementos de múltiples capacidades (caben los zorros), debemos buscar predominancia de auténticos estadistas, de real vivencia ética e histórica.

¿Es esto posible, se puede llegar a lograr?


No. No lo creo. No en un plazo ni siquiera medio. El poder económico. El poder del deseo del placer. La obsesión de quedar bien con todos (absolutamente todos). El fantasma de una inexistente derecha conservadora. El descrédito del concepto de orden. La vergüenza de hacer valer la autoridad. El manoseo del Estado de Derecho. El retorno de las tristes ideas de los años sesenta (pacifismo decadente, grieta generacional y glorificación extrema del joven, educación ultra tolerante, cultura hegemónica de la izquierda pagada y promovida por la derecha, bajo nivel de estudios a todos los niveles, intentos de colegiación–mediocritización—, concepción del ejército como un profesional más, eliminándoles su mística de defensa nacional, sacralización de las nefastas ideas de la madre de todas las revoluciones, y más...).

El auge de la opinión más rastrera populachera, ignorante, banal y espesa. La monstruosa cultura de la imagen, la apariencia y el circo “mediático”. La locura por la seguridad a costa de todo... Son, entre otras, razones para no esperar que se produzcan las condiciones que puedan rescatar las fuerzas necesarias para una auténtica “revolución nacional pendiente” en las derechas.

Este es mi análisis objetivo, y todavía me quedo corto. Si alguien todavía se pregunta el porqué de mi decisión de alejarme del comentario público de la política nacional, creo que con esto le queda contestado: la impopularidad, la molestia, la “roncha” que pueden alzar análisis como éstos, es sumamente dañino para las minorías (no en existencia, sino con voz) que de vez en cuando “algo decimos”.

Una enumeración más concreta de las ideas que difieren de lo “políticamente correcto” no haría, sino exacerbar los odios y consecuencias que ya sufro, he dado ya mi cuota y paso a “la simple oración privada por la Patria”, porque dejar mi pellejo por gusto no es negocio. Que el tiempo dé la razón al que la tenga. ¡Que Dios perdone a los que secuestraron a toda una ideología! ¡Que ayude a los de buena voluntad! ¡Pobre tierra mía!

* Lic. en Ciencias Políticas.


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