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Un instante para adorar a la Virgen
Fervor. Durante el fin de semana, los fieles
abarrotaron la Basílica. Ayer se contabilizó más
de 400 mil personas
Publicada 13 de diciembre 2004, El Diario de Hoy
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| Paciencia. Integrantes de la familia Pérez
realizan el recorrido que conducía al altar de la Guadalupana
.Fotos EDH |
Lissette Ábrego
El
Diario de Hoy
nacional@elsalvador.com
A paso lento por más de cinco horas, miles y miles de devotos
de la Virgen de Guadalupe hicieron el recorrido para adorar un instante
la imagen de su madrecita, como le llaman cariñosamente.
Una de ellos fue Clara Luz Pérez, quien llegó a las 7:40
de la mañana a la Basílica, como lo hace todos los 12 de
diciembre desde hace 15 años.
En esta oportunidad, ella era acompañada por sus hijos Manuel,
Julio, Fátima, Ana, José, Guadalupe y Roberto.
La preparación para asistir comienza desde temprano, explicó.
Y es que los Pérez, a diferencia de los demás devotos, en
lugar de llevar un traje de indio, van cubiertos de pies a cabeza con
una mezcla hecha por ellos a base de manteca y carbón.
Aunque a ellos no les gusta porque la gente los ve raro o por el
calor, yo los voy a seguir trayendo todos los años, sostuvo
doña Clara.
Su agradecimiento a la Guadalupana es tan grande que asegura no le paga
ni con su vida todo lo que la milagrosa Virgen ha hecho por ella y los
suyos.
Según cuenta, a dos de sus hijos les han diagnosticado enfermedades
incurables, para cualquiera, pero que en su caso su madrecita, como le
llama, ha intervenido con su poder.
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| Multitud. Feligreses concurrieron desde temprano.
Fotos EDH |
A uno de mis niños le detectaron leucemia y el otro parálisis.
Me dijo el doctor que nunca podría hablar ni caminar. Yo se los
encomendé a la Guadalupana y aquí están, contó
la mujer.
Historias sobre los milagros de la Virgen son muchas. Las peticiones de
los creyentes, incontables.
Pero la fe que los mueve a viajar desde los sitios más recónditos
del país o desde el extranjero, hace que para ellos el sacrificio
de caminar por horas bajo el sol valga la pena, todo por adorar por un
instante a la Virgen.

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