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| Todo fiesta. En el hotel El Álamo, los
del Balboa celebraron. Aquí, el presidente Benítez y
Juan Quartarone..Foto EDH/ Jorge Reyes |
César Najarro
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com
Balboa pegó primero con el sombrerito de Nenei. El público
unionense, muy reducido, comenzó a celebrar.El empate volvió
a la vida a los capitalinos que paseaban un pequeño ataúd
con las letras de Balboa en las gradas.
Los tambores comenzaron a sonar y Nenei se sobaba la cabeza buscando explicaciones.
Para el segundo tiempo, Franklin Webster bajaba a recoger pelotas, le
hacía túneles al capitán pantera, Cubías,
y la pasaba a Nenei, pero nada se concretaba.
El brasileño se entendía a la perfección con Yuvini
Salamanca por la banda izquierda, con taquitos y quiebres de velocidad.
Pero los goles se ahogaban en huy, qué cerca del público.
El tiempo reglamentario terminó con Webster corriendo por toda
la cancha, inalcanzable. Pero Nenei parecía haberlo dado todo.
Tirado en la grama, con los pies hacía arriba y una bolsa de hielo
sobre su rodilla derecha, cualquiera podía decir que era el fin
para el nacionalizado.
Nada de eso. El pito llegó y fue de los primeros que se paró.
Junto a Asprilla y Valerio se fueron a la media cancha a levantar los
brazos, a pedirle a la afición de sol general que los apoyara.
San Salvador se guardaba, como todo el partido, esperando el contragolpe
y confiando en que algún disparo de larga distancia, de Alas o
Pedrozo, se colara a un Mosquera muy seguro.
El primer tiempo extra terminó con la sensación que Balboa
era más claro en las llegadas, con más peligro.
El viento llegó
Al segundo, las luces aparecieron en el Cuscatlán. Unas nubes amenazaban
con lluvia y llegó, sí, llegó un viento que parecía
anunciar que el Ciclón iba a soplar. Nenei sacó fuerzas
y corrió por un balón por la banda derecha, trató
de sacarse las marcas para enfilar a puntería. El balón
salió rebotado y a unos metros de la línea, levantó
la cabeza y le puso el centro a Asprilla para matar a un grande, al San
Salvador en su propia casa.
Era todo. Los futbolistas se fueron a celebrar con el técnico Quartarone
que los trataba de meter a la cancha para que jugaran los últimos
tres minutos.
San Salvador se tiró al frente, con todo, lo que nunca hizo en
el resto del partido. Se desnudó atrás y otro centro fue
cabeceado por Neni. El balón pegó en la mano levantada de
Valle. No había duda. Era penal, era la sentencia final, era el
pase contra FAS, era el premio para un gran juego de Nenei, era el regalo
de Santa Claus que no llegó con bolsa de regalos, sino con los
goles bajo un sombrero.
El público pantera se retiró en un silencio de muerte del
estadio.
Un aficionado se coló a la cancha; era Roberto Martínez,
que llevaba un sombrero para Nenei. Gracias le dijo el goleador.
Después se lo puso y a continuar el festejo. Luego Martínez
comenzaría una venta loca de sombreritos, a dos dólares.
Ya saqué la ganancia, dijo. Yo soy albo, pero
aquí ando disfrazado.
Mientras, los jugadores se subieron a la Coaster para irse a celebrar
con una cena discreta al hotel El Álamo.

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