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Santa llevó los goles en un sombrero rojo

El equipo unionense desató toda su alegría, pero antes de gozar tuvo que sufrir mucho

Publicada 13 de diciembre 2004, El Diario de Hoy

Todo fiesta. En el hotel El Álamo, los del Balboa celebraron. Aquí, el presidente Benítez y Juan Quartarone..Foto EDH/ Jorge Reyes

César Najarro
El Diario de Hoy
deportes@elsalvador.com


Balboa pegó primero con el sombrerito de Nenei. El público unionense, muy reducido, comenzó a celebrar.El empate volvió a la vida a los capitalinos que paseaban un pequeño ataúd con las letras de Balboa en las gradas.

Los tambores comenzaron a sonar y Nenei se sobaba la cabeza buscando explicaciones. Para el segundo tiempo, Franklin Webster bajaba a recoger pelotas, le hacía túneles al capitán pantera, Cubías, y la pasaba a Nenei, pero nada se concretaba.

El brasileño se entendía a la perfección con Yuvini Salamanca por la banda izquierda, con taquitos y quiebres de velocidad.

Pero los goles se ahogaban en “huy, qué cerca” del público.
El tiempo reglamentario terminó con Webster corriendo por toda la cancha, inalcanzable. Pero Nenei parecía haberlo dado todo. Tirado en la grama, con los pies hacía arriba y una bolsa de hielo sobre su rodilla derecha, cualquiera podía decir que era el fin para el nacionalizado.

Nada de eso. El pito llegó y fue de los primeros que se paró. Junto a Asprilla y Valerio se fueron a la media cancha a levantar los brazos, a pedirle a la afición de sol general que los apoyara.

San Salvador se guardaba, como todo el partido, esperando el contragolpe y confiando en que algún disparo de larga distancia, de Alas o Pedrozo, se colara a un Mosquera muy seguro.

El primer tiempo extra terminó con la sensación que Balboa era más claro en las llegadas, con más peligro.

El viento llegó

Al segundo, las luces aparecieron en el Cuscatlán. Unas nubes amenazaban con lluvia y llegó, sí, llegó un viento que parecía anunciar que el Ciclón iba a soplar. Nenei sacó fuerzas y corrió por un balón por la banda derecha, trató de sacarse las marcas para enfilar a puntería. El balón salió rebotado y a unos metros de la línea, levantó la cabeza y le puso el centro a Asprilla para matar a un grande, al San Salvador en su propia casa.

Era todo. Los futbolistas se fueron a celebrar con el técnico Quartarone que los trataba de meter a la cancha para que jugaran los últimos tres minutos.

San Salvador se tiró al frente, con todo, lo que nunca hizo en el resto del partido. Se desnudó atrás y otro centro fue cabeceado por Neni. El balón pegó en la mano levantada de Valle. No había duda. Era penal, era la sentencia final, era el pase contra FAS, era el premio para un gran juego de Nenei, era el regalo de Santa Claus que no llegó con bolsa de regalos, sino con los goles bajo un sombrero.

El público pantera se retiró en un silencio de muerte del estadio.
Un aficionado se coló a la cancha; era Roberto Martínez, que llevaba un sombrero para Nenei. Gracias le dijo el goleador.

Después se lo puso y a continuar el festejo. Luego Martínez comenzaría una venta loca de sombreritos, a dos dólares. “Ya saqué la ganancia”, dijo. “Yo soy albo, pero aquí ando disfrazado”.

Mientras, los jugadores se subieron a la Coaster para irse a celebrar con una cena discreta al hotel El Álamo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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