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El Diario de Hoy
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De todo hay en el libro del Señor pero, como alegaban los clérigos
hasta Lutero, su lectura es de muchísimo mayor provecho cuando
se va de la mano del buen guía. En la gloriosa Época Victoriana,
un libro que contenía sólo citas bíblicas fue calificado
de porno y se prohibió su lectura. A pesar de que,
desde entonces, mucha agua corrió debajo de los puentes, para todos,
especialmente los escolares, es importante que se escoja aquello que se
debe leer.
A partir del gran desorden magisterial de los años sesenta, en
la escuela prácticamente se dejó de leer. Más grave
aún es que a los niños y adolescentes les recomiendan y
con frecuencia exigen la lectura de libros que, fuera de exaltados mensajes
políticos, sin exageración se pueden considerar basura.
Es casi un milagro que no se haya oficializado la lectura de las obras
completas de Lenin, el Libro Rojo de Mao y las memorias de Pol Pot. De
allí la confusión mental y moral que prevalece entre muchos
sectores de la clase media del país.
Leer libros, ensayos, fábulas, narraciones, fragmentos de obras,
biografías cortas y pasajes de los clásicos es parte importantísima
de la formación de niños y jóvenes. La lectura desarrolla
la capacidad de pensar en abstracto, la imaginación en general,
el sentido del lenguaje y la capacidad de apreciar la belleza literaria.
Con la lectura los educandos aprender a expresarse bien, dando a las cosas
el nombre que les corresponde, en lugar de la estrechez intelectual del
volado.
La buena lectura ayuda a la persona a salir mental y espiritualmente de
la aldea, y por aldea debemos entender no sólo la física
sino también la síquica. Hay individuos que nacen, viven
y mueren sin sobrepasar los linderos de su aldea, aunque ésta se
encuentre en un barrio de Nueva York. A la inversa, se dice que el filósofo
Enmanuel Kant nunca salió de su ciudad natal de Königsberg,
aunque su intelecto rebasó el mundo de su época.
La buena lectura hace la buena educación
Hasta los diez años, los cuentos, las fábulas y narraciones
son las más apropiadas lecturas para los niños. Entre ellos
hay que incluir historias bíblicas, pues es muy rico el panorama
humano que se recoge en el libro sagrado. José y los sueños
del Faraón, la historia del Diluvio Universal, Adán y Eva
y el Paraíso Perdido, Jonás y la ballena, Daniel y el foso
de los leones, el Hijo Pródigo, las historias de Babilonia, todo
eso enciende la imaginación y deja lecciones morales básicas.
Como señala el arzobispo de San Salvador, monseñor Fernando
Sáenz Lacalle, hay que preparar textos con las más apropiadas
lecturas bíblicas, para que los escolares se entretengan, aprendan
y además recuerden. Y si se quiere agregar otras lecturas sobre
religiones distintas, como la de los clásicos griegos o el budismo,
se tiene que hacer lo mismo: escoger bien las historias, y adaptarlas
a la mentalidad de los niños. Se encontrará que la visión
moral de los grandes conductores religiosos es muy similar en sus alcances
y sus fundamentos.
Se ha vuelto un estribillo decir que la educación es esencial
para el desarrollo, pero eso es cierto de la buena educación,
no de la parcializada, mediocre o absurda. Y la diferencia la marca, en
gran medida, la buena lectura, la que deja lecciones sustanciosas en la
mente.

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