Eduardo
Torres
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com
En esta época de inicio de fiestas, la más linda del año
por la llegada de la Navidad y el nuevo año, la ocasión
se vuelve propicia para examinarnos con rigurosidad hacia adentro, tanto
a nivel general como sociedad, como cada quien en forma personal.
Las drogas, mejor dicho las adicciones, nos están haciendo trizas.
Esa es la conclusión a la que cualquier cristiano, como usted o
como yo, llegaba tras escuchar los comentarios del Dr. Augusto Pérez
Gómez, especialista que vino al país a mitad de año
para comentar, en sus propias palabras, uno de los mejores (estudios)
que existen en el continente, únicamente comparable en calidad
en América Latina a los existentes en México y Chile.
El revelador estudio, realizado por la Fundación Antidrogas de
El Salvador (Fundasalva), bajo el auspicio de la Embajada de Estados Unidos,
en palabras del Dr. Pérez Gómez, muestra que El Salvador
tiene un problema real de consumo de sustancias psicoactivas (drogas ilícitas).
Tener una cifra de 130 mil personas que consumen regular y frecuentemente
sustancias ilegales añadió, de los cuales 20
mil son menores de edad, es algo que hay que tomar muy en serio,
dijo el especialista colombiano.
Al sumarle a estas 130 mil personas adictas a las drogas las más
de 500,000 con graves problemas de alcohol, según el estudio de
Fundasalva, el problema se vuelve aterrador: la mitad de los hogares en
el país estaría sufriendo problemas de adicción en
su seno. ¿O es que hay persona en nuestro país que
no conoce a alguien que se esté autodestruyendo y destruyendo su
alrededor por problemas de drogas y alcohol?, preguntó para
esta columna de opinión la directora ejecutiva de Fundasalva, Alexandra
Hill.
Por el sufrimiento humano que se provoca en las familias, no puede ser
vista la solución al problema de adicciones en términos
estrictamente económicos; pero si tomamos la cifra de las 130 mil
personas adictas a las drogas que menciona el estudio, las cuales, según
la interpretación del Dr. Pérez Gómez, tienen necesidad
de tratamiento, pues replico sus preguntas para expresar la magnitud del
problema: ¿Cuánto le costaría al país el tratamiento
de esas 130 mil personas?
Si asignáramos una cifra ínfima por cada individuo de $500
dólares, nos daría una suma de $65 millones de dólares.
Y aquí estamos asumiendo, agregó el experto colombiano,
que el tratamiento funcionará en un lapso muy breve y con una sola
intervención (sin recaídas), lo cual, como todos sabemos
añadió no corresponde a la realidad.
¿Cuánto le cuesta al país lo que esas personas dejan
de producir, los años escolares perdidos, los delitos cometidos,
las muertes y heridas asociadas al consumo, los accidentes de trabajo,
la baja en la productividad?, fueron otras de sus preguntas.
Pero peor aún es el sufrimiento humano que de ahí se deriva.
Fácil es entrar al mundo de las adicciones, me manifestó
recientemente una terapeuta estadounidense, lo difícil es salir,
añadió.
En mi calidad de director de Fundasalva, creo que tenemos los salvadoreños
una enorme deuda de gratitud para las personas que trabajan en la institución.
Por su humanismo, comprensión, discreción y la dosis de
entrega que en la institución de corazón se le brinda a
las diferentes personas que se hacen presentes a la fundación.
En especial, creo que es hasta angelical la labor que realizan don Jaime
Hill, presidente, y su hija Alexandra, directora ejecutiva.
Y ese es el mensaje que deseaba en esta oportunidad transmitir, debido,
precisamente, a que estamos al inicio de las fiestas y celebraciones de
Navidad y Año Nuevo: Como sucede con la vida espiritual, no es
necesario caer, pero si se cae, hay que levantarse.
Ojalá no hubiera tragedias durante las fiestas, derivadas del consumo
de drogas y de alcohol. Mejor aún, Dios quiera que sean muchas
las personas y familias que se decidan a buscar ayuda, luego de transcurridas
las celebraciones. Sé que grande es la labor que se realiza en
Hogares Crea, Remar, Teen Challenge, de las cuales poco es lo que conozco.
Pero como si conozco Fundasalva y la calidad profesional y humana del
personal que ahí labora, puedo con propiedad decir que hay desde
programas preventivos, de intervención temprana, hasta programas
de rehabilitación en comunidad terapéutica.
El mensaje de esperanza es sencillo: Si percibo sufrimiento humano a mi
alrededor, debido a problemas de adicciones, instaré a que se busque
ayuda. La buena noticia es que la hay, profesional, humana y eficiente.
*Lic. en Ciencias Jurídicas y columnista
de El Diario de Hoy.

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