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Por el mundo del arte
Las artistas sucesoras

Las sucesoras directas de Julia Díaz y Rosa Mena Valenzuela, me parece que se están gestando actualmente, son Yanira Elías, que vive y estudia en Florencia, y Sonia Melara, quien reside en Nueva York.

Publicada 11 de diciembre 2004, El Diario de Hoy

Waldo Chávez Velasco
El Diario de Hoy
editoriales@elsalvador.com

La pintura salvadoreña ha tenido la suerte de contar con dos mujeres de extraordinaria calidad: Julia Díaz y Rosa Mena Valenzuela.
Julia, una de las alumnas favoritas del maestro español Valero Lecha, gozó de un momento extraordinario cuando El Salvador tuvo un Ministerio de Cultura y el Presidente de la República, coronel Oscar Osorio, realizó la hermosa idea de enviar a Europa a los cuatro mejores pintores del país, es decir, a Carlos Cañas, Julia Díaz, Raúl Elas Reyes y Noé Canjura.

Su misión era no sólo la de estudiar en las grandes academias de Italia, Francia y España, sino, también, obtener el permiso para ir a copiar en los museos obras maestras de la pintura universal. De esta manera el Estado salvadoreño adquirió casi dos docenas de copias de lienzos importantes, principalmente de Goya, Velásquez y renacentistas italianos, de los cuales sólo sé que, por desgracia, se conservan pocos. Uno de los mejores, el de Baco, en uno de los salones de la ex Cancillería, actualmente Casa Presidencial.

Noé Canjura se dispuso aguantar hambre en París y se quedó en Francia. Ahí se casó con la hermosa dueña de la galería Le Cheval Noire, que queda en Montmartre y, como pintor, obtuvo un éxito espectacular, que le volvió rico y le transformó en uno de los artistas mejor cotizados de París, en los años 50.

Los demás regresaron a El Salvador.

Julia se dedicó a pintar retratos de niños pobres. Además fundó la primera galería de arte que hubo en El Salvador, denominada Galería Forma, donde contaba con el apoyo intelectual de Magda Aguilar, crítica de arte y el soporte financiero de empresarios privados, como Ricardo Sagrera, la familia De Sola, Enrique Guthfreund y algunos otros catalanes o judíos.

Galería Forma se transformó no sólo en una exposición y venta de cuadros, sino que en el centro cultural de San Salvador, que promovió artistas, pero también obras de teatro, como la producción de mi drama lírico “El Zipitín”, con escenografía de Carlos Cañas, realizada por Miguel Ángel Villacorta, trajes de Julia Díaz, dirección del español Salvador Salazar Carrión y la Orquesta Sinfónica Nacional, dirigida por Esteban Servellón, quien había compuesto el ballet del último acto, inspirado, como toda la obra, en la mitología tolteca. Por cierto, fue la primera presentación de la que llegaría a ser una gran actriz, como Isabelita Dada.

Rosa Mena Valenzuela también fue alumna de Valero Lecha, pero su pintura es totalmente distinta a la de los demás pintores que fueron a Europa, puesto que se adhirió a un movimiento alemán perfectamente identificable, como el expresionismo.

Éste abarcó no sólo a pintores importantísimos, como Kokoshka, sino a dramaturgos del calibre de George Kaiser y Wedeking, hasta crecer, sobre todo, en la música, donde produjo grandísimos compositores como Alban Berg y Honeger, con su maravillosa ópera “El Rey David”.

No tuve el gusto de conocer personalmente a esta pintora, aunque admiro sus cuadros, para saber las raíces de su expresionismo, que en Europa fue sinónimo de tragedia, pánico y muerte.

La pintora vivió hasta el año pasado.
Siguieron a estas dos grandes artistas, pintoras o escultoras importantes, como Titi Escalante, Negra Alvarez y Licry Bicard, cuyos cuadros más hermosos se encuentran en el pequeño museo de Joya de Cerén.

Las sucesoras directas de Julia Díaz y Rosa Mena Valenzuela, me parece que se están gestando actualmente, son Yanira Elías, que vive y estudia en Florencia desde hace varios años, y Sonia Melara, quien reside desde hace unos cuatro años en Nueva York y acaba de tener una exposición individual con un éxito realmente fulgurante.

Yanira se ha dedicado fundamentalmente al surrealismo, de modo que sus antecedentes son fáciles de descubrir. Sonia Melara, en cambio, es algo muchísimo más complicado, porque esta pintora ha logrado un sincretismo entre la mitología griega y el cristianismo anterior al Renacimiento, con una técnica cada vez más depurada, que impresiona desde la primera vista en sus telas casi siempre muy grandes.

La crítica prácticamente la ha aclamado, por su exposición presentada del 8 de febrero al 7 de marzo de este año, en la Galería Anthony Giordano, de Nueva York, con dos curadores de primerísima línea como Pam Brown y Stephen Lamia. La Crucifixión, Aquiles y Patroclos, La Deposición, El Vía Crucis y Prometeo son algunas de las obras centrales que más golpearon a la crítica neoyorquina en esta exitosa presentación de Sonia Melara.

Ojalá que muy pronto los salvadoreños tengamos el gusto de admirar la producción de estas dos jóvenes pintoras, sucesoras de dos artistas extraordinarias: Julia Díaz y Rosa Mena Valenzuela.


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