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La nota del día
Escójase bien la lectura bíblica

Como señala el arzobispo de San Salvador, monseñor Fernando Sáenz Lacalle, hay que preparar textos con las más apropiadas lecturas bíblicas, para que los escolares se entretengan, aprendan y además recuerden

Publicada 11 de diciembre 2004, El Diario de Hoy

El Diario de Hoy
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De todo hay en el libro del Señor pero, como alegaban los clérigos hasta Lutero, su lectura es de muchísimo mayor provecho cuando se va de la mano del buen guía. En la gloriosa Época Victoriana, un libro que contenía sólo citas bíblicas fue calificado de “porno” y se prohibió su lectura. A pesar de que, desde entonces, mucha agua corrió debajo de los puentes, para todos, especialmente los escolares, es importante que se escoja aquello que se debe leer.

A partir del gran desorden magisterial de los años sesenta, en la escuela prácticamente se dejó de leer. Más grave aún es que a los niños y adolescentes les recomiendan y con frecuencia exigen la lectura de libros que, fuera de exaltados mensajes políticos, sin exageración se pueden considerar basura. Es casi un milagro que no se haya oficializado la lectura de las obras completas de Lenin, el Libro Rojo de Mao y las memorias de Pol Pot. De allí la confusión mental y moral que prevalece entre muchos sectores de la clase media del país.

Leer libros, ensayos, fábulas, narraciones, fragmentos de obras, biografías cortas y pasajes de los clásicos es parte importantísima de la formación de niños y jóvenes. La lectura desarrolla la capacidad de pensar en abstracto, la imaginación en general, el sentido del lenguaje y la capacidad de apreciar la belleza literaria. Con la lectura los educandos aprender a expresarse bien, dando a las cosas el nombre que les corresponde, en lugar de la estrechez intelectual del “volado”.

La buena lectura ayuda a la persona a salir mental y espiritualmente de la aldea, y por aldea debemos entender no sólo la física sino también la síquica. Hay individuos que nacen, viven y mueren sin sobrepasar los linderos de su aldea, aunque ésta se encuentre en un barrio de Nueva York. A la inversa, se dice que el filósofo Enmanuel Kant nunca salió de su ciudad natal de Königsberg, aunque su intelecto rebasó el mundo de su época.

La buena lectura hace la buena educación

Hasta los diez años, los cuentos, las fábulas y narraciones son las más apropiadas lecturas para los niños. Entre ellos hay que incluir historias bíblicas, pues es muy rico el panorama humano que se recoge en el libro sagrado. José y los sueños del Faraón, la historia del Diluvio Universal, Adán y Eva y el Paraíso Perdido, Jonás y la ballena, Daniel y el foso de los leones, el Hijo Pródigo, las historias de Babilonia, todo eso enciende la imaginación y deja lecciones morales básicas.

Como señala el arzobispo de San Salvador, monseñor Fernando Sáenz Lacalle, hay que preparar textos con las más apropiadas lecturas bíblicas, para que los escolares se entretengan, aprendan y además recuerden. Y si se quiere agregar otras lecturas sobre religiones distintas, como la de los clásicos griegos o el budismo, se tiene que hacer lo mismo: escoger bien las historias, y adaptarlas a la mentalidad de los niños. Se encontrará que la visión moral de los grandes conductores religiosos es muy similar en sus alcances y sus fundamentos.

Se ha vuelto un estribillo decir que “la educación es esencial para el desarrollo”, pero eso es cierto de la buena educación, no de la parcializada, mediocre o absurda. Y la diferencia la marca, en gran medida, la buena lectura, la que deja lecciones sustanciosas en la mente.

 

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