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| Los cerebros del diseño. Ricardo y Víctor
Legorreta, padre e hijo a cargo de la arquitectura de Multiplaza,
recorrieron ayer el nuevo centro comercial. Foto
EDH / Walter Santos |
Guadalupe
Trigueros
El Diario de Hoy
negocios@elsalvador.com
Donde
quiera que vaya, Ricardo Legorreta firma autógrafos. Mangas enrrolladas
y medio abotonado, el septuagenario es acosado por jóvenes y adultos
apasionados de la arquitectura.
Falta pulir el piso, ajustar los vitrales de las tiendas, combatir las
inesperadas fugas de agua, rotular, señalizar, corregir el tono
de la pintura, o sincronizar las escaleras eléctricas. Legorreta
va por los niveles supervisando y corrigiendo Multiplaza, su primera obra
monumental en El Salvador.
Legorreta es un arquitecto mexicano reconocido desde hace 40 años
en el mundo por sus gigantescas bóvedas, altas superficies planas
rematadas con llamativos colores, máximo aprovechamiento de las
entradas de luz y sorpresivos virajes.
En Multiplaza, el visitante se encuentra con todo eso y deambula por un
pasillo, sin pensar que al final del mismo se encontrará con una
ilusión acuática, o una catarata cuyo final lo desliza a
una sala de café.
Ricardo Poma, presidente del Grupo Roble, lo conoció en una muestra
de arte arquitectónico. Conversaron de mezclar lo artístico
con lo abstracto en edificaciones comerciales, convertirlos en centros
de ciudad, donde se concentren las principales actividades y necesidades
del ser humano: supermercados, bancos, almacenes, telefonía, discotecas,
cines, hoteles, complejos urbanísticos y bares.
Poma y Legorreta planificaron durante cuatro años y el proyecto
les ocupó catorce meses de obra. Legorreta & Legorreta (Ricardo,
el padre, y Víctor, el hijo) elaboraron ocho maquetas diferentes
de Multiplaza, tras los cambios sugeridos por los clientes y las necesidades
del plan base.
El reto
Multiplaza es la primera empresa de este tipo que los Legorreta enfrentan.
La mayor parte de su obra (más de 400) se concentra en museos,
fábricas, torres, edificios, bibliotecas, iglesias y casas privadas
en Estados Unidos, México, Brasil, España, Inglaterra, Egipto,
Israel, Qatar, Costa Rica, Nicaragua y Japón.
La mitad de Multiplaza ya es realidad. Ahora, los Legorreta -padre e hijo-
trabajan en la segunda fase del reto: la zona hotelera y residencial,
que se construirá a mitad del 2005.
En esta área tienen suficiente experiencia: ambos viajaron a Japón
a construir la residencia de un acaudalado empresario; hace dos años,
también lidiaron con el estilo gótico de los dormitorios
de la Universidad de Chicago, en Estados Unidos, país en el que
diez años atrás construyeron el Hotel Solana Marriott, en
Fort Worth, antecedido por los Camino Real de México, Cancún
e Ixtapa.
Los Legorreta vienen cada mes a supervisar sus obras. Un arquitecto de
su bufete queda a cargo, respaldado por el equipo de arquitectos de Roble,
gerenciado por Hugo Lima, quien intentó esconder las pequeñeces
de la obra, sin pensar que Legorreta las descubriría.
No deja nada al descuido. Es minucioso, observador y siempre antepone
al cliente, comentó Lima, un declarado admirador de Legorreta.
Francisco Rodríguez, el director de planificación del Grupo
Poma, es otro seguidor. Fue contratado por Poma hace doce años
para desarrollar Multiplaza y conoce al borde la obra de los Legorreta,
incluso sus anécdotas por el apego a los polémicos colores.
Ricardo y Víctor Legorreta recuerdan que pintaron de amarillo fuerte
el Museo Tecnológico de California. En la inaguración, los
encargados consultaron qué tipo de color era ese y Víctor
sopló al oído de su padre: amarillo mango, un
nombre exótico que encantó a los estadounidenses californianos
que luego lo convirtieron en el logo del museo.
El amarillo mango está presente en Multiplaza, no podía
faltar porque es la afición de Víctor, el hijo rebelde de
Legorreta que prefirió trabajar con otras compañías,
hasta que Ricardo lo invitó a dirigir el diseño del Museo
de los Niños, en México, en 1990.
La fusión fue perfecta. Ricardo Legorreta heredó los conocimientos
de la principal figura arquitectónica de México, Luis Barragán,
y Víctor es el heredero de los dos.

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