
Marcela
Sánchez*
El Diario de Hoy
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La Asamblea Legislativa nicaragüense
está empeñada en destruir a uno de los líderes más
valientes y respetados del país. Con las consideraciones propias
de una mafia desquiciada, podría pronto hacer cumplir la expresión
popular: El que se mete a redentor, sale crucificado. Quieren
neutralizar al Presidente Enrique Bolaños por proponerse lo inimaginable:
tratar de redimir a Nicaragua de la ruina de la corrupción.
Hace casi tres años, Bolaños, de 73, obtuvo la presidencia
tras una rotunda victoria sobre el líder sandinista Daniel Ortega.
Bolaños había prometido declararle la guerra a la corrupción,
en lo que llamó el desafío más grande
para su país. Por demasiado tiempo, funcionarios públicos
en el segundo país más pobre del hemisferio han saqueado
el tesoro nacional, echándose millones al bolsillo, socavando así
la confianza en el sistema democrático y, de paso, alimentando
el cinismo público.
El flagelo se había hecho especialmente desenfrenado bajo Arnoldo
Alemán, su ex jefe y predecesor. Como lo explicó Bolaños:
Cuando en el Gobierno se roban $1,5 millones de dólares,
algunos piensan que son centavos. Pero esa es exactamente la cifra que
se necesita para aumentar en 20% el salario mínimo de todos los
empleados del Gobierno, o para construir 1,000 casas para los más
pobres.
Bolaños empezó bien, fortaleciendo los controles sobre el
uso de fondos públicos y transformando el servicio civil en un
sistema basado, sobre todo, en el mérito. A pesar de la resistencia
esperada, buscó luchar contra la arraigada cultura de la corrupción
con la idea de promover una mayor transparencia y la rendición
de cuentas como elementos cruciales para los intereses nacionales del
país a largo plazo.
Pero todo eso cambió. Bajo presión de funcionarios en su
propia administración y sintiendo el redoble de tambores en las
calles, Bolaños hizo de Alemán su blanco. Hace exactamente
un año, Alemán, despojado de su inmunidad y de casi $12
millones de dólares en cuentas panameñas y estadounidenses,
se convirtió en el primer ex presidente sentenciado a prisión.
Recibió 20 años por lavado de dinero, fraude y peculado,
entre otros cargos.
Cuando la cruzada de Bolaños se personalizó, los fieles
a Alemán se voltearon en contra de Bolaños. Entre tanto,
la oposición sandinista no pudo resistir la tentación y
se unió a la campaña anti Bolaños. A pesar de su
sentencia, Alemán, en connivencia con Ortega, ha logrado mantener
una gran influencia sobre asuntos legislativos y judiciales, frustrando
cada esfuerzo de Bolaños. Después de años de reveses,
la Asamblea Legislativa nicaragüense le propinó el golpe más
duro al aprobar hace dos semanas reformas constitucionales, que probablemente
terminen neutralizando a Bolaños al igual que a la presidencia
y poniendo fin a sus aspiraciones anticorrupción.
Bolaños debió haberlo previsto, dicen los expertos. Analistas
en la administración Bush, instituciones multilaterales de préstamo,
organizaciones no gubernamentales y grupos de sociedad civil coinciden
en que más allá del obvio valor simbólico, enviar
a un funcionario corrupto a la cárcel normalmente no hace nada
para arreglar un sistema corrupto. Por el contrario, al gastar demasiado
tiempo, esfuerzo y capital político en la ruta de confrontación,
como la llamó un funcionario del Departamento de Estado, Bolaños
no pudo reunir el apoyo que necesitaba para hacer reformas a largo plazo.
Más aún, la selección de una táctica errada
mutó lo que fue en un momento una campaña vital en un medio
para ajustar cuentas políticas.
El Presidente mexicano, Vicente Fox, el primero en romper la hegemonía
del Partido Revolucionario Institucional de siete décadas en ese
país, afrontó el sistema de corrupción más
arraigado de América Latina, sin atacar directamente a sus predecesores.
Nombró a un zar anticorrupción ampliamente respetado y ganó
apoyo legislativo unánime, entre otras cosas, a favor de una histórica
ley de acceso a la información.
Ese tipo de reformas no es llamativa y no da la satisfacción inmediata
de ver a un ladrón tras las rejas. Pero normalmente generan leyes
que se hacen difíciles de deshacer. Es claro que tanto Fox como
Bolaños han sido obstaculizados por poderes establecidos reacios
al cambio, pero si los expertos tienes razón, el estilo menos antagónico
de Fox tal vez deje un mejor legado anticorrupción.
Claro que luchar contra la corrupción no es una ciencia exacta.
Y nadie sabe mejor que Bolaños el tipo de presiones que afrontó
para conciliar los intereses a largo plazo con las demandas de resultados
más inmediatos. Lo que es claro es que sus esfuerzos lo hicieron
popular en su país y en el exterior. Nicaragua pasó a ser
uno de los primeros cuatro países escogidos para beneficiarse de
la Cuenta del Reto del Milenio del Presidente Bush, un programa de desarrollo
diseñado para recompensar países cuyos gobiernos están
comprometidos con reformas positivas y necesarias.
Pero, esta semana, un alto funcionario del Departamento de Estado reiteró
la preocupación estadounidense de que esos beneficios a Nicaragua
podrían estar en peligro.
Trágicamente el propio partido de Bolaños y la oposición
sandinista no pudieron ver más allá de sus inconfesados
intereses y ayudar a su país a convertir el apoyo popular y el
renombre internacional en cambios positivos reales. En cambio, para su
deshonra, muchos líderes nicaragüenses han preferido
minar su última y mejor esperanza de redención.
*Columnista del Washington Post.

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