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Se celebra hoy
Día de los Derechos Humanos

El movimiento a la libertad que inició Gandi y que completaron los hindúes acabó la nociva idea de que la gobernabilidad democrática era un lujo que sólo podía disfrutar un puñado de países occidentales ricos

Publicada 10 de diciembre 2004, El Diario de Hoy



H. Douglas Barclay*
El Diario de Hoy

editoriales@elsalvador.com

La Declaración Universal de Derechos Humanos fue un documento revolucionario cuando fue aprobado por la Organización de las Naciones Unidas en 1948. Lo sigue siendo hoy.

Los estadounidenses se enorgullecen, con razón, del papel fundamental que desempeñó Eleanor Roosevelt en la redacción y promulgación del documento, aunque éste surge de la humanidad entera y a ella se debe.

Al dirigirse a la Asamblea General de la ONU, Roosevelt predijo que el documento se convertiría en una “Magna Carta Internacional”, y así ha ocurrido en gran parte.

Según un cálculo, las estipulaciones que figuran en las constituciones de 90 países se remontan a la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Las palabras del preámbulo se hacen eco en 2004 de la misma fuerza que tuvieron inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, y merecen ser repetidas: “Considerando que la libertad, la justicia y la paz en el mundo tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la familia humana”.

Los redactores de la declaración se inspiraron en los esfuerzos heroicos para reafirmar, en el período de la posguerra, la primacía de los derechos humanos y la dignidad de las personas. Mahatma Gandi, quien guió el camino de la India para que se convirtiera en la democracia más grande del mundo, es un ejemplo vehemente de la universalidad del ideal democrático.

El movimiento a la libertad que inició Gandi y que completaron los hindúes acabó la nociva idea de que la gobernabilidad democrática era un lujo que sólo podía disfrutar un puñado de países occidentales ricos.

Proteger la libertad y los derechos humanos es parte de lo que el Presidente Bush ha denominado “las demandas no negociables de la humanidad”. La política exterior de Estados Unidos sigue anclada en nuestra convicción de que la democracia es para todos y que los derechos humanos son realmente inalienables.

Nuestros ideales encuentran su expresión en políticas que buscan ampliar la democracia y proteger los derechos de las personas, como los define la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Recientemente hemos sumado fuerzas con nuestros aliados y amigos para ser fiel al cumplimiento de nuestra palabra.

En Iraq, Estados Unidos, El Salvador y unos 30 países más se unieron en una coalición para llevar la libertad a un pueblo al que durante demasiado tiempo se le negó.

Los iraquíes prevalecerán. Construirán su propia democracia. Defenderán y consagrarán sus propios derechos humanos. Estar junto a ellos conforme lo logran es un compromiso acorde con los valores estadounidenses y universales.

Lo mismo es cierto en Afganistán, donde el esfuerzo de muchos países individuales, así como de las Naciones Unidas, culminó en elecciones nacionales exitosas. Como los iraquíes, los afganos no dan nada por sentado.

Al haber sido privados de libertad durante tanto tiempo, son cualquier cosa, menos cínicos, cuando se habla del poder y de las virtudes de la gobernabilidad democrática.

En las recientes elecciones, un grupo de mujeres en Kandahar esperaba en la cola para votar cuando estalló una bomba cerca del lugar. Agentes de seguridad aconsejaron a las mujeres que regresaran a sus casas, pero ellas se negaron a marcharse y votaron.

Al igual que miles de compatriotas suyos, que esperaron durante horas en la cola, en la nieve, para depositar su voto, esas mujeres afganas le insuflaban vida a las palabras de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Aquí en El Salvador, un renovado compromiso con los derechos humanos, en la estela de un trágico conflicto armado, dio a luz a instituciones como la Policía Nacional Civil y la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos, que han hecho mucho para extender y fortalecer el respeto a los derechos humanos. El informe anual de Derechos Humanos del Departamento de Estado ha reconocido este progreso.

A pesar de estos vientos de cambio en algunos países, hay otros que se niegan a cambiar. Un ejemplo de esto está en nuestro propio hemisferio. El pueblo de Cuba no tiene libertad de palabra, libertad de movimiento o derecho a la propiedad privada. No seríamos leales a nuestros propios ideales si ignorásemos la continua negación de los derechos humanos básicos que el gobierno cubano impone a su propio pueblo.

Al reflexionar sobre la Declaración, sería útil recordar que tenemos más cosas en común que menos.

El legado de Eleanor Roosevelt y de las personas de todo el mundo que trabajaron en la ONU junto a ella para redactar la Declaración Universal de Derechos Humanos no sólo sigue intacto, sino que continúa siendo esencial para todos en Estados Unidos, en El Salvador, y dondequiera que haya personas que aman la libertad.

Renovemos nuestro compromiso y honremos ese legado no sólo una vez al año, el 10 de diciembre, sino todos los días.

*Embajador de Estados Unidos.

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