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Instantes, inocencia y rostros de Alex Cuchilla

El salvadoreño regresa con sus propuestas plásticas que reflejan el alma, la espontaneidad, el colorido y la risa de los niños de la ciudad

Publicada 9 de diciembre 2004, El Diario de Hoy

Del autor. Este es el grabado que se rifará entre los asistentes a las 6:30 p.m.
Fotos EDH/Omar Cabonero


Morena Azucena
mazucena@elsalvador.com
El Diario de Hoy
vida@elsalvador.com


Tres niños y una pareja en medio de la bulliciosa ciudad. Éstos son los fragmentos de vida que el artista Alex Cuchilla presenta desde hoy en el Centro Cultural de España.

Cada uno de los protagonistas de su propuesta citadina está plasmado en 20 obras, en las que el autor ha utilizado el grabado, collage, óleo y dibujo.

A diferencia de Urbanicido, la serie que presentó hace cuatro meses; Fragmentaciones urbanas no es nada cerebral. Ninguna obra tiene una lectura compleja, todo se resume en dos palabras: vida e inocencia.

“Son fragmentos que te hacen vivir. Pueden pasar los años y siempre guardamos algo de nuestra infancia”, explica Cuchilla.

El artista en fragmentos
- Alex Cuchilla nació en La Paz, Zacatecoluca en 1971.
- Obtuvo el primer lugar en el 5o. Premio Palmarés Diplomat en 1990.
- En 1995 ganó el premio de Dibujo y Pintura de su tierra natal.
- Un año después se llevó el primer galardón del concurso de pintura de Panchimalco. También recibió una mención honorífica en el extinto concurso de Bancasa.
- Para 1998, el artista logra una mención de honor en
El Concurso Centroamericano de Pintores Primitivas (Cosude).
- En 2001 le dan el primer lugar en la Bienal de Arte Paiz de El Salvador.
- Ese mismo año, es finalista en la Subasta de Arte Latinoamericana Juannio, Guatemala.
- En 2003 le entregan el Premio de Pintura Joven del Centro Cultural de
España.
- Su obra se exhibirá hasta el 11 de enero de 2005.

Y para el creador, la inocencia es una de las principales virtudes que se da en esa etapa de la vida. “Son personajes dentro de la ciudad, pero no contaminados”, advierte.

Las imágenes

En la obra de Cuchilla hay varios sellos que la hacen particular. El niño delgado que intenta asustar a su compañera de juegos es uno de sus personajes eternos. “Él es mi sobrino. Lo empecé a pintar desde los 5 años. Y me he propuesto pintarle hasta que yo me muera”, comenta mientras le mira de reojo.

El niño, quien ahora tiene 12 años, tendrá otro matiz, pues tendrá que renovarle y darle su esencia de adolescente.

La niña, la de colitas y que porta una sombrilla amarilla, es otra de sus imágenes inmortales.

Y la pareja que deambula por la ciudad con una manzana en las manos, no es nada más que una alegoría de Adán y Eva.

Los protagonistas están inmersos en su universo: los pequeños jugando chibola o bicicleta, y el dúo en busca del amor.

Hay otro rasgo que los caracteriza: los tocados, conformados con figuras y dibujos que sobresalen de sus cabezas.

“Esto es parte de lo que hacía antes, que era la negación de la figuración. Es un distintivo, es como mi eslabón”, agrega. La mayoría de estos detalles son trazos finos y estilizados.

Este pensamiento creativo no fue inmediato, fue un proceso de investigación. Y durante esta etapa, Cuchilla dice haber aprendido a representar la figura humana a “puras achicadas”.



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