
Marvin Galeas
El Diario de Hoy
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Los fallos
en los tribunales civiles o penales en Nicaragua están en el escritorio
de Daniel Ortega, me dijo el general Joaquín Cuadra, ex comandante
en jefe de las Fuerzas Armadas de Nicaragua, en una entrevista que pronto
saldrá publicada en El Diario De Hoy. Que el Poder Judicial esté
absolutamente bajo control del ala más dura de los sandinistas,
es una verdadera tragedia para los nicaragüenses.
Por encima de la Constitución, de las leyes secundarias y de las
instituciones, lo que reglamenta la vida en la tierra de Rubén
Darío son los pactos entre el Frente Sandinista de Liberación
Nacional, FSLN, y el Partido Liberal Constitucionalista, PLC. Estos partidos,
los más grandes, se han repartido el poder desde que Arnoldo Alemán
fue Presidente. La excusa para el pacto y la repartición fue primero
la necesidad del ex presidente y ahora convicto de un ambiente de gobernabilidad.
Los sandinistas, pese a haber sido sacados del poder en 1990, mantenían
una alta cuota de poder en el Congreso, el Poder Judicial y el Colegio
Electoral. Además tenían el partido más grande y
mejor organizado del país y una innegable influencia en el Ejército
y la policía. Basado en esos hechos es que luego de su derrota,
Daniel Ortega afirmó que gobernaría desde abajo.
La afirmación se ha vuelto una triste realidad. No cabe duda de
que Ortega es en la actualidad el hombre más poderoso de Nicaragua.
Gran parte de la culpa la tienen Arnoldo Alemán y sus allegados,
quienes mantienen el control del PLC, el partido más grande de
la derecha. Aquellos pactos que comenzaron como una necesidad para la
gobernabilidad se fueron convirtiendo para el gobernante y sus allegados,
en una manera sucia de sacar ventajas políticas y hasta económicas,
no para un partido, sino para el grupo que lo controla. Poco a poco, la
correlación de fuerzas, favorable al gobierno de Alemán
en un primer momento, se fue revirtiendo y los sandinistas comenzaron
a tomar el control de los poderes judicial y electoral.
Cuando el Presidente Bolaños asumió la presidencia y Alemán
fue enviado a la cárcel condenado por corrupción, el FSLN,
que ya tenía una mayoría de magistrados en el Poder Judicial,
comenzó a utilizar la cárcel del caudillo liberal como su
mejor carta de negociación con sus adversarios políticos.
Aunque parezca increíble, Alemán mantuvo un absoluto control
de su partido, aun desde la prisión. En el PLC las lealtades del
círculo arnoldista, según el general Cuadra,
se cimientan en un complejo entramado de corrupción.
Para presionar al PLC y arrancarles importantes concesiones, Daniel Ortega,
le ordenaba al juez de la causa que endureciera las condiciones carcelarias
de Alemán y éste ordenaba a los leales dirigentes del partido
complacer a los sandinistas. La reciente salida de la cárcel del
ex presidente era desde hace unas semanas un secreto a voces en Nicaragua.
A cambio de ello, los sandinistas lograron el apoyo del PLC para aprobar
una serie de reformas que trasladan al Poder Legislativo, controlado por
los sandinistas, la atribución de ratificar o destituir a cualquier
miembro del gabinete presidencial.
La situación se complicó más a raíz de los
resultados de las elecciones municipales de noviembre pasado. Tras la
debacle del PLC, los sandinistas resultaron los grandes ganadores. Ahora
el FSLN, cuyo caudillo indiscutible es Daniel Ortega, controla el Poder
Legislativo, el Poder Judicial, el Colegio Electoral, las alcaldías
más importantes del país y tendrá una buena tajada
del Poder Ejecutivo si las reformas apuntadas son ratificadas en enero
próximo.
Con un FSLN poderoso, dominado por lo más radical del sandinismo
y una derecha dividida el panorama de cara a las elecciones generales
de 2006 es sombrío. Afortunadamente el Ejercito Nacional de Nicaragua,
producto de un proceso de institucionalización dirigido por los
generales Humberto Ortega (muy distanciado de su hermano Daniel) y Joaquín
Cuadra, es la única institución de mucho poder obediente
a la Constitución y ajena a las influencias danielistas.
En una situación en la que Nicaragua está prácticamente
secuestrada por Daniel Ortega, un caudillo acusado de un gigantesco robo
de las arcas del Estado, perpetrado en 1990 y de haber abusado constantemente
de su propia hija; en la que el principal partido de oposición,
el PLC y su caudillo (Nicaragua es aún tierra de caudillos), están
arrodillados frente a los danielistas; una situación en la que
todo el Poder Judicial es utilizado a su antojo por un partido y un individuo,
no sería raro, como me planteó un influyente periodista
en Managua, que el ejército termine, de alguna forma, involucrado
para deshacer ese nudo gordiano que mantiene a Nicaragua al borde del
abismo.
América Latina no está para golpes de Estado. Sería
fatal regresar a los años de los cuartelazos. Cualquier participación
del ejército tendría que estar encaminada a apoyar al Presidente
de la república y al Estado de Derecho.
*Columnista de El Diario de Hoy. marvingaleas@ yahoo.com.mx

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