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Rolando por ahí
Pasión que la lectura enciende

Desde que recuerdo, siempre mantuve algún libro —novela, cuento corto, biografía, historia— en proceso de lectura. No concibo mis días sin el inminente desenlace de una trama, de la solución de un enigma o del destino de un personaje.

Publicada 8 de diciembre 2004, El Diario de Hoy

Rolando Monterrosa
El Diario de Hoy
rolando@elsalvador.com


A la búsqueda de un relevo de la lectura de Gustavo Flaubert, que ocupó mis horas libres la semana pasada, me puse a revisar los estantes donde guardo los libros que he venido acumulando durante años de peregrinar por librerías de muchos países, comprando maravillas, asombros y revelaciones; de esos que de pronto le brincan a uno desde las páginas, se cuelan por los ojos y empiezan a reventar en la bóveda craneana en una deslumbrante alborada.

–¡Dichosos nosotros que nos gusta leer, don Meme...!, le decía a mi padre, Manuel Monterrosa, el jurista y diplomático Dr. Héctor David Castro. Les recuerdo a ambos mientras examinaban con fruición viejos libros, algunos de lomos quebrantados, tapas desvencijadas y resecas; de páginas que la edad y el trato habían llevado al color y quebradiza consistencia del tostado; páginas que, a fuer de dedeos, de ser sobadas, salivadas, subrayadas, acotadas en los márgenes, dobladas, marcadas por quién sabe cuántos otros apasionados de la lectura, escapaban de deshacerse entre las manos cuando uno las hojeaba y ojeaba en las polvorientas ventas de libros usados en los alrededores del Dupont Circle, en Washington DC.

La talentosa periodista Marta Elena Ibarra acaba de inaugurar una venta de maravillas en Av. La Revolución, en San Benito. Se llama: “Leo que Leo”.

 



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