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| Ideas. Las obras hablan de su autor, de sus concepciones
diarias, de su realidad.Fotos EDH / Omar Carbonero |
Rosemarié Mixco
El Diario de Hoy
rmixco@elsalvador.com
Max Leiva es un conquistador. A sus 38 años, es uno de los pocos
artistas plásticos que viven de su arte. Esculpe por pasión.
Habla de sus conceptos, sus dilemas, sus análisis cotidianos en
esas molduras que forja con lentitud.
Aprendió a dominar el tiempo y convirtió el espacio en su
mejor aliado. Su obra habla de ideas sublimes que su mente dibuja, para
luego trazarlas en papel antes de elegir los materiales a manipular. El
escultor guatemalteco es un hombre que disfruta de sus creaciones.
Recientemente, visitó El Salvador para invitar a los amantes de
las artes a tomarse un tiempo, observar su propuesta y dejarse seducir
por las formas.
Las esculturas de este centroamericano lucen cautivadoras en una de las
salas de la Galería Espacio, en Calle La Reforma de la Colonia
San Benito. La exhibición estará abierta hasta el 29 de
este mes.
Los mensajes escondidos en las aleaciones esperan para completar el objetivo
principal de su concepción: hablar del artista.
Max inició su camino por las artes desde muy pequeño. Aunque
sus conocimientos los ha adquirido año con año, hubo una
época en que lo combinó con otra de sus pasiones: el deporte.
A los 25 años, aplica a una beca para estudiar el proceso de la
fundición en la Universidad de Silpakorn, en Tailandia, donde además
adquirió experiencias que le ayudaron a madurar y cambiar su forma
de ver la vida.
La creatividad que habita en sus aptitudes le concedió la oportunidad
de trabajar monumentos en su natal Guatemala.
En 1996, el Comité Olímpico Guatemalteco solicitó
a Leiva una escultura para enviarla a la Academia Olímpica, en
Grecia; y en 2000, elaboró un homenaje al Nobel de Literatura Miguel
Ángel Asturias.

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