
Carlos
Adalberto Fonseca*
El Diario de Hoy
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En el momento histórico que estamos
viviendo en El Salvador, es oportuno hacer mención del libro de
Mijail Gorbachev Perestroica: Nuevas ideas para Rusia y el mundo.
Y en donde, entre muchas otras cosas, indica que es necesario un nuevo
pensamiento político, que debía tener en cuenta, sobre todo,
el tiempo que en su país se estaba viviendo, y no teorías
que quizás ni solucionaron nada en el período histórico
que pasaba en Rusia.
Perestroica es una palabra rusa con varios significados: reapertura, renovación,
reestructuración. Pero el escritor Gorbachev prefiere el término
revolución, pues, con su amplio criterio, veía en su tierra
una gradual erosión de los valores ideológicos y morales
del pueblo. Amén de las apremiantes dificultades para el suministro
de productos alimenticios, escasez de viviendas, falta de artículos
de consumo y servicios más esenciales.
Confiesa abiertamente ser comunista. Y no obstante denunció que
la conducción del partido al que pertenecía se había
relajado, perdiéndose la iniciativa de algunos de los vitales procesos
sociales. Y por todo ello, en su libro aconsejaba y sugería luchar
para cambiar aquel régimen nefasto y opresor. Lo cual logró
en gran parte. Opinaba que era una dictadura deshumanizada.
De tal manera que Gorbachev afrontó con aplomo los errores que
existían y analizó con sinceridad y abiertamente los problemas
internos. Además acusó a Stalin de arbitrariedad política,
y a Breznev, del estancamiento económico.
Traigo a cuenta todo lo anterior, porque aquí, en nuestro país,
los comunistas ortodoxos, a décadas de años de distancia
de doctrinas equivocadas, continúan en su empecinamiento con prácticas
de la KGB y de la GPU, expulsando a sus correligionarios, cuando no doblan
la cerviz ante los errores de los líderes, quienes, por ignorancia
y testarudez, se obstinan en propugnar líneas políticas,
sociales y económicas que llevarían al desastre a nuestro
país.
Y en la ceguera de su equivocada doctrina, no dejarían piedra sobre
piedra de nuestra sociedad. Despojando de sus bienes entre otras
cosas a los actuales propietarios, dándoselos de premio a
sus seguidores. Y el pueblo siempre seguiría lo mismo o peor, careciendo
de libertades, sufriendo racionamientos en ropas, alimentos; soportando
además la vigilancia de los sicarios de barrios y obligados a enmudecer,
porque cualquier opinión contraria al régimen sería
sancionada con cárcel y vejámenes sin nombre.
Rogamos al Todopoderoso que nos proteja, para que nunca llegue a gobernar
en El Salvador un régimen despótico similar. Y también
le pedimos que nuestros actuales gobernantes sean personas sensatas y
correctas, y les ilumine a fin de que aquí haya justicia, paz y
bienestar para todos y no únicamente para unos cuantos.
*Dr. en Derecho y Lic. en Filosofía.

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