
Joseph S. Nye*
El
Diario de Hoy
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El cambio de Condoleezza Rice por Colin
Powell en la Secretaría de Estado de Estado de EE.UU. demuestra
que la reciente elección presidencial de ese país sigue
teniendo fuertes repercusiones. Pero entender qué es lo que nos
dice la elección sobre Estados Unidos es importante no sólo
para los estadounidenses, sino para el mundo.
La votación presidencial de este año es prueba de que la
democracia estadounidense goza de buena salud, pero que algunas cosas
podrían mejorar. Al contrario de lo que sucedió en las elecciones
de 2000, cuando el Presidente Bush perdió la votación popular
y apenas ganó la votación en el Colegio Electoral, esta
vez triunfó por 3.5 millones de votos. Aunque algunos demócratas
siguen resentidos, no se puede cuestionar seriamente la legitimidad de
la victoria de Bush.
Estados Unidos sigue muy dividido en estados rojos (republicanos) y estados
azules (demócratas). Si 100,000 votos hubieran sido distintos en
el Estado rojo de Ohio, John Kerry sería el Presidente (aunque
con votación popular minoritaria).
El Colegio Electoral se incluyó en la Constitución de Estados
Unidos para proteger a los estados pequeños en un sistema federal,
pero ahora significa que las campañas políticas se centran
principalmente en una docena de estados donde la opinión pública
está muy dividida. A un nivel más fundamental, elegir presidentes
sin una mayoría popular tiene algo de indecoroso. Por ello, es
tiempo de celebrar un debate serio para enmendar la Constitución
a fin de abolir el Colegio Electoral.
Algunos observadores también se quejan de la retórica y
la propaganda divisiva que caracterizó a la campaña. Pero
eso se debe ver desde una perspectiva histórica.
En la época de los Padres Fundadores, los periódicos eran
extremadamente parciales y a George Washington le consternaba la dureza
del lenguaje político. Durante gran parte de sus primeros años
para no hablar de la Guerra Civil y la Reconstrucciónel
país estuvo tan dividido como ahora y lo enconado de la retórica
de campaña reflejaba lo cerrado de la competencia.
Al mismo tiempo, a pesar de la propaganda negativa en ambos bandos, los
tres debates televisados a nivel nacional plantearon temas importantes
en un formato serio y tuvieron una gran audiencia. En general, es probable
que un Presidente con una economía creciente resulte reelecto.
En ese sentido, lo sorprendente en el caso de Bush fue lo escasa que fue
su mayoría.
En gran parte eso se debió a la impopularidad de la guerra de Iraq.
Kerry trató de hacer de la guerra, del bajo ritmo de creación
de empleos, de la inadecuada atención a la salud y de la reducción
de impuestos de Bush a los grupos de ingresos altos los temas centrales
de su campaña, pero algunos observadores sintieron que eso nunca
constituyó un mensaje claro.
Bush replicó con preocupaciones sobre la seguridad en contra del
terrorismo y el populismo cultural en temas como el matrimonio entre homosexuales
y el derecho al aborto. Al final, la seguridad y el populismo cultural
vencieron al populismo económico.
La interpretación de la elección ha estado influenciada
por las encuestas de salida en las que se les preguntó a los electores
(después de haber votado) qué temas les importaban más.
La mayoría (22%) respondió que los valores morales,
en comparación con el 20% que se refirió a la economía
y el 19% que mencionó el terrorismo.
Los conservadores sociales interpretan esto como que fueron ellos quienes
ganaron la elección para Bush y que su agenda debe predominar en
el próximo período del Presidente. Pero una encuesta de
Pew levantada una semana después de la elección indicó
que la categoría valores morales abarcaba una amplia
variedad de temas además del derecho al aborto y el matrimonio
entre homosexuales.
De hecho, las encuestas muestran que el 25% de la población apoya
el matrimonio entre homosexuales y el 35% está a favor de uniones
civiles legales para parejas de homosexuales (la posición que defendía
Kerry). No obstante, para el 37% que se opone a esos matrimonios, sobre
todo en el centro rojo del país, el tema ayudó a movilizar
a los partidarios de Bush para ir a votar.
Una cuestión más importante es si EE.UU. está dividido
irremediablemente. El mapa electoral de rojos y azules ha dado lugar a
chistes y caricaturas en Internet sobre la secesión de las dos
costas azules del centro rojo del país. Algunos le llaman costopía.
Pero la división no es tan clara. Muchos estados en ambos bandos
se ganaron por márgenes escasos, y si se colorea el mapa a nivel
de condados y no de estados, gran parte del país se ve bastante
morado. Ciudades frente a suburbios y zonas rurales es una mejor descripción
que costas frente a centro.
En efecto, las encuestas de opinión indican que la mayoría
de los estadounidenses se concentran en el centro moderado del espectro
político y no en los dos extremos. Pero las élites políticas,
como los militantes de partidos y los miembros del Congreso, suelen ser
más extremistas que el público.
Al principio eso parece desconcertante, porque deberían tener incentivos
para desplazarse al centro rico en votos. Pero muchos miembros del Congreso
representan distritos que son seguros para sus partidos y la amenaza a
su reelección está en las primarias, dominadas por las alas
más activistas y extremistas de los partidos.
Esta tendencia se ve reforzada por el crecimiento de la televisión
por cable, que atrae a los telespectadores mediante programas controversiales
de infotenimiento y bloggers de la Internet, que entablan
polémicas feroces sin ningún filtro editorial. Una reforma
para cambiar las fronteras de los distritos electorales a fin de hacerlos
más competitivos ayudaría a aliviar el problema, pero pocos
de los congresistas en funciones votarían para hacer modificaciones
que podrían aumentar su riesgo de derrota.
Lo cerrado del resultado indica que Bush ganó un mandato para el
cambio menor de lo que él parece creer. Ante los difíciles
problemas de política exterior, fiscal y social a que se enfrenta,
haría bien en voltear hacia el centro en lugar de conciliar a su
base conservadora, pero todavía no resulta claro si habrá
de imperar la política de las convicciones o la del pragmatismo.
Copyright: Project Syndicate.
*Profesor de Servicio Distinguido en la Universidad de Harvard.

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