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PALABRAS.
El niño tamborero

El coro de la pastorela se elevaba entre las callejuelas de aquel mundo lejano y lleno de luz, durante la mágica edad de la inocencia:

Publicada 8 de diciembre 2004, El Diario de Hoy


Carlos Balaguer
El Diario de Hoy

pintorbalaguer@hotmail.com

“¡Tamborero, venid! ¡Tamborero, venid! a la tierra del amor”... Y así, año con año, diciembre con diciembre, el niño tamborero llegaba al pueblo, anunciando a todos la Navidad.

En verdad también llegaba a nuestro corazón, que en esos días es nostalgia y felicidad. En los momentos solos de esos días estrellados, vuelve a sonar en el anchuroso valle del recuerdo aquella cancioncilla escrita a la Navidad perdida:

“Igual que una hoja seca que se la lleva el viento/diciembre tamborero se fue por los esteros/Y se llevó la Navidad de ayer... /Tamborero, bandolero, te llevaste una ilusión...

“Mi tambor de hojalata/ ¡tamborero se llevó!/Y las canitas de plata de mi madre junto al árbol... / tamborero se llevó/ Coro: ¡Tamborero venid! / ¡Tamborero venid!/a la tierra del amor....

“Qué sola está la casa de mis años primeros/ ¡Tamborero!/Y un pino solitario sin bueyes ni luceros... /Lucecitas de colores de mis primeros amores.../Tamborero, bandolero, te llevaste una ilusión.

“Coro: ¡Tamborero venid! / ¡Tamborero venid!/ A la tierra del amor....”

Tal vez vuelva otra vez a la tierra lejana, el enigmático niño tamborero como lo hacía ayer. Anunciando en el silencio el nuevo día, cuando —como lo hiciéramos alguna vez— volveríamos a nacer junto al dorado pesebre del amor...


Prosperidad

Las empresas que prosperan, las grandes empresas, siempre dependen de grandes masas de consumidores. No se construye un centro de mercadeo, se fabrica ropa, se elaboran muebles de oficina, se cosecha arroz o se cultiva café, sin que eso vaya destinado a servir las necesidades y los deseos de muchísimos consumidores.

Pero además, para fabricar, vender, servir, distribuir, sembrar, cosechar y todo lo que se relaciona con el mundo del trabajo, es imprescindible emplear a muchísima gente. Y tanto hace treinta años como hoy en día, entre el sesenta y cinco y el ochenta por ciento de los ingresos de las empresas se destina al pago de salarios y prestaciones.

No existe negocio que opere bajo la ley, que no mejore la situación de otros.

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