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Tony Saca y Óscar Berger
Dos presidentes borrando fronteras

El primer paso ya está dado y no hay que permitir retroceso alguno. La audaz medida vale la pena. Nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos serán quienes recojan el fruto.

Publicada 7 de diciembre 2004, El Diario de Hoy


Eduardo Vázquez Bécker
El Diario de Hoy

editoriales@elsalvador.com

Napoleón Viera Altamirano, Roberto Canessa, Francisco Núñez Arrué, Salvador Mendieta y otros tanto centroamericanos, que murieron antes de ver el sueño de Istmania realizado, han de haber recibido con beneplácito la noticia: los presidentes de Guatemala, Óscar Berger, y Antonio Elías Saca, de El Salvador, eliminaron físicamente las fronteras de sus respectivos países, para materializar un importante paso hacia el acariciado sueño de la unión centroamericana.

En 1950, algunas personas que entendían el sueño de los arriba mencionados y de otros tantos, se reunieron en una finca llamada Santa Isabel, al sur de la capital guatemalteca y elaboraron el proyecto de lo que más tarde sería la revista Istmania, especializada en temas regionales políticos, económicos y sociales. Su tiraje era de dos mil ejemplares, que era bastante si tomamos en cuenta que la población total de los cinco países no sobrepasaba los nueve millones de habitantes, ya no digamos la población con capacidad y hábitos de lectura, pero lo importante era la idea de que la revista fuera una especie de cordón umbilical e hiciera de los seis países, incluyendo Panamá, una sola patria.

Llamaba la atención en esa época la energía con que, en todo acto al que concurría, pero especialmente desde las páginas de EL DIARIO DE HOY, don Napoleón insistía en la necesidad de “hacer un gran pueblo en Centro América”. Con una frontera imaginaria desde el Suchiate hasta el Darién.

Cuando el proyecto estaba en plena ejecución y su éxito se vislumbraba, comenzaron a aparecer las brillanteces de siempre, es decir todos los “istas” de la época: comunistas, anarquistas, trosquistas, populistas, entreguistas, etc., etc., y dieron al traste con aquel proyecto llamado a ser el medio de comunicación entre las cinco repúblicas.

La década de los 50 fue quizás la más convulsiva en la región. La época de los sueños fue rápidamente sustituida por las ambiciones y las intrigas. El gobierno de Jacobo Arbenz no pudo continuar el proyecto del Dr. Juan José Arévalo y cayó en manos de los comunistas. Esto hizo que cada quien tomara camino por donde pudo. Los menos fuimos totalmente deslazados por la camaronada hasta no quedar vestigios de nosotros ni de la revista. Sin embargo, el sueño perduró hasta la fecha.

El desparpajo político hizo imposible retomar la idea centroamericanista y las fronteras, lejos de desaparecer, se modernizaron con grandes edificios de construcción mixta que pusieron énfasis en los guatemaltecos, salvadoreños y hondureños, nicaragüenses y costarricenses, y olvidaron al centroamericano.

Los organismos regionales pusieron la puntilla. Mientras más distantes más funcionarios, más reuniones, más cocteles, más distancias, Odeca, Oirsa, Mercado Común, Sieca, sería la de no acabar. De ahí lo importante en la actitud de estos dos jóvenes presidentes.
¿Que van a afrontar problemas? Que no les quepa duda. ¡Claro que los habrá!, en primer lugar, porque la historia de Centro América registra cantidad de ejemplos negativos.

Recordemos que aún estaba fresca la tinta en los canuteros que se usaron para firmar el Acta de Independencia en 1821, cuando se tuvo que luchar contra los que, lograda la emancipación y pensando que iban a perder sus privilegios, decidieron realizar el primer acto anticentroamericanista de nuestra historia, anexándonos al imperio mexicano. Las intenciones de Gabino Gaínza de entregar las provincias de Centro América al imperio mexicano fueron calificadas por José Matías Delgado como graves, delicadas, atentatorias y contrarias a los principios que inspiraron la unión de las provincias de Centro América y el movimiento independentista.

Afortunadamente la traición de Gabino Gaínza fue rechazada y el 14 de diciembre de 1821, durante una solemne sesión celebrada en San Salvador, como consta en un documento firmado por José Matías Delgado, Manuel José Arce, Juan Manuel Rodríguez, Leandro Fagoaga y Miguel José Castro, obligaron a Gaínza a que se retractara de su conducta dejando las cosas como estaban.

No es el caso exactamente, pero debe servir para ilustrar los riesgos que se corren en aventuras tan trascendentales como la de intentar borrar las fronteras entre Centro América.
De momento ya se han comenzado a escuchar las protestas de quienes siempre se lucraron de los obstáculos fronterizos. Que se va a incrementar el contrabando, que el tráfico de ilegales, que las muchachas de la vida alegre, etc., etc. A estos gritones hay que decirles que no se “ajoloten”, que esto es sólo el principio y que serán las estrategias de seguridad de ambos países las que afronten esos problemas.

El primer paso ya está dado y no hay que permitir retroceso alguno. La audaz medida vale la pena. Nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos serán quienes recojan el fruto. Ahora fue el punto ex fronterizo de las Chinamas y Valle Nuevo. Mañana será el Amatillo y así hasta que se cumpla el sueño: “Desde el Suchiate hasta el Darién”.

* Periodista y licenciado en Derecho.


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