Eduardo Vázquez Bécker
El Diario de Hoy
editoriales@elsalvador.com
Napoleón Viera Altamirano, Roberto
Canessa, Francisco Núñez Arrué, Salvador Mendieta
y otros tanto centroamericanos, que murieron antes de ver el sueño
de Istmania realizado, han de haber recibido con beneplácito la
noticia: los presidentes de Guatemala, Óscar Berger, y Antonio
Elías Saca, de El Salvador, eliminaron físicamente las fronteras
de sus respectivos países, para materializar un importante paso
hacia el acariciado sueño de la unión centroamericana.
En 1950, algunas personas que entendían el sueño de los
arriba mencionados y de otros tantos, se reunieron en una finca llamada
Santa Isabel, al sur de la capital guatemalteca y elaboraron el proyecto
de lo que más tarde sería la revista Istmania, especializada
en temas regionales políticos, económicos y sociales. Su
tiraje era de dos mil ejemplares, que era bastante si tomamos en cuenta
que la población total de los cinco países no sobrepasaba
los nueve millones de habitantes, ya no digamos la población con
capacidad y hábitos de lectura, pero lo importante era la idea
de que la revista fuera una especie de cordón umbilical e hiciera
de los seis países, incluyendo Panamá, una sola patria.
Llamaba la atención en esa época la energía con que,
en todo acto al que concurría, pero especialmente desde las páginas
de EL DIARIO DE HOY, don Napoleón insistía en la necesidad
de hacer un gran pueblo en Centro América. Con una
frontera imaginaria desde el Suchiate hasta el Darién.
Cuando el proyecto estaba en plena ejecución y su éxito
se vislumbraba, comenzaron a aparecer las brillanteces de siempre, es
decir todos los istas de la época: comunistas, anarquistas,
trosquistas, populistas, entreguistas, etc., etc., y dieron al traste
con aquel proyecto llamado a ser el medio de comunicación entre
las cinco repúblicas.
La década de los 50 fue quizás la más convulsiva
en la región. La época de los sueños fue rápidamente
sustituida por las ambiciones y las intrigas. El gobierno de Jacobo Arbenz
no pudo continuar el proyecto del Dr. Juan José Arévalo
y cayó en manos de los comunistas. Esto hizo que cada quien tomara
camino por donde pudo. Los menos fuimos totalmente deslazados por la camaronada
hasta no quedar vestigios de nosotros ni de la revista. Sin embargo, el
sueño perduró hasta la fecha.
El desparpajo político hizo imposible retomar la idea centroamericanista
y las fronteras, lejos de desaparecer, se modernizaron con grandes edificios
de construcción mixta que pusieron énfasis en los guatemaltecos,
salvadoreños y hondureños, nicaragüenses y costarricenses,
y olvidaron al centroamericano.
Los organismos regionales pusieron la puntilla. Mientras más distantes
más funcionarios, más reuniones, más cocteles, más
distancias, Odeca, Oirsa, Mercado Común, Sieca, sería la
de no acabar. De ahí lo importante en la actitud de estos dos jóvenes
presidentes.
¿Que van a afrontar problemas? Que no les quepa duda. ¡Claro
que los habrá!, en primer lugar, porque la historia de Centro América
registra cantidad de ejemplos negativos.
Recordemos que aún estaba fresca la tinta en los canuteros que
se usaron para firmar el Acta de Independencia en 1821, cuando se tuvo
que luchar contra los que, lograda la emancipación y pensando que
iban a perder sus privilegios, decidieron realizar el primer acto anticentroamericanista
de nuestra historia, anexándonos al imperio mexicano. Las intenciones
de Gabino Gaínza de entregar las provincias de Centro América
al imperio mexicano fueron calificadas por José Matías Delgado
como graves, delicadas, atentatorias y contrarias a los principios que
inspiraron la unión de las provincias de Centro América
y el movimiento independentista.
Afortunadamente la traición de Gabino Gaínza fue rechazada
y el 14 de diciembre de 1821, durante una solemne sesión celebrada
en San Salvador, como consta en un documento firmado por José Matías
Delgado, Manuel José Arce, Juan Manuel Rodríguez, Leandro
Fagoaga y Miguel José Castro, obligaron a Gaínza a que se
retractara de su conducta dejando las cosas como estaban.
No es el caso exactamente, pero debe servir para ilustrar los riesgos
que se corren en aventuras tan trascendentales como la de intentar borrar
las fronteras entre Centro América.
De momento ya se han comenzado a escuchar las protestas de quienes siempre
se lucraron de los obstáculos fronterizos. Que se va a incrementar
el contrabando, que el tráfico de ilegales, que las muchachas de
la vida alegre, etc., etc. A estos gritones hay que decirles que no se
ajoloten, que esto es sólo el principio y que serán
las estrategias de seguridad de ambos países las que afronten esos
problemas.
El primer paso ya está dado y no hay que permitir retroceso alguno.
La audaz medida vale la pena. Nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos
serán quienes recojan el fruto. Ahora fue el punto ex fronterizo
de las Chinamas y Valle Nuevo. Mañana será el Amatillo y
así hasta que se cumpla el sueño: Desde el Suchiate
hasta el Darién.
* Periodista y licenciado en Derecho.

|