
Ricardo Ricas
El Diario de Hoy
editoriales@elsalvador.com
En medio de un mundo que ve impotente a
millones de seres humanos morir de Sida (tres millones partieron el año
pasado); de sociedades cercenadas por la desintegración familiar;
de familias enteras golpeadas por abusos, violaciones, embarazos precoces,
abortos, etc.; en medio de todo eso, la venta de carne pareciera ser una
popular estrategia para llamar la atención de los consumidores.
Carne para vender láminas. Carne para vender programas de reducción
de peso y teléfonos celulares. Carne para vender vodkas, zapatos
tenis, baterías, desodorantes y pastas dentales. Carne para todo.
Carne, sobre todo, de mujer.
En alguna latitudes ya despiertan a esta peligrosa fantasía. Hay
sitios donde la pornografía y la explotación del morbo en
publicidad han sobrepasado el nivel de tolerancia y han terminado hastiando
a la gente. Inglaterra es un buen ejemplo.
El porno chic en la publicidad mensajes que recurren
al armamentario de la pornografía, y que, disfrazados
con toques de ironía, glamour o denuncia social, presentan una
imagen degradante de la mujer está en horas bajas, ha comentado
The Economist (30-10-04).
Usar el sexo para vender ha saturado el gusto de las audiencias. Esto
mismo afirman personeros de prestigiosas agencias de publicidad en el
mundo, algunas incluso con socios locales en El Salvador.
Nicola Mendelsohn, de la agencia Grey de Londres, ha dicho que estamos
en una era más sutil. La gente busca cosas que son más reales,
más sanas, más puras.
Andrew Mc Guiness, director de la agencia de publicidad TBWA, complementa:
Hemos dejado atrás una época en la que el sexo era
un modo de impresionar a los consumidores. Eso ya no funciona. En
otras latitudes, las primeras en reaccionar a la manipulación de
la mujer en la publicidad han sido las mujeres mismas. Una compañía
inglesa que vende depiladoras decidió utilizar como modelo la imagen
de un maniquí en lugar de las imágenes sexualizadas del
pasado, y obtuvo una impresionante respuesta de las consumidoras.
Por las razones que cada quien tendrá, la tendencia publicitaria
ha comenzado a desligarse de la pornografía. Cada día son
más las piezas publicitarias que apuestan a la información
y al sentido del humor y menos a la venta de carne. El morbo ha dejado
de vender.
Un reciente estudio del Chartered Institute of Marketing de Londres revela
cómo en la ciudad inglesa sólo el 6% de los espectadores
se consideran influidos positivamente por imágenes sexuales
en la publicidad.
Yo me alegro de que la explotación sexual de la mujer en la publicidad
vaya a la baja. Me alegro, porque pienso que alguna de esas pobres muchachas
explotadas pudo ser mi hija o mi hermana; mi madre o mi esposa. Me alegro
y espero que eso mismo ocurra en nuestro país.
En tiempos en que todo parece medirse con la vara del dinero, es bueno
recordar que hay asuntos que no están ni pueden estar sujetos a
transacción, porque no tienen valor de mercado, no responden a
leyes de oferta y demanda ni a fórmulas y porcentajes matemáticos.
La dignidad de la mujer, la integridad de la familia, la salud mental
de los menores y mayores tampoco son bienes que se negocian en la Bolsa
ni fluctúan como el dólar, el índice de Nasdaq o
los promedios de Dow Jones.
Son valores a cuidar y preservar toda la vida. La publicidad que explota
la pornografía y el morbo para vender sus productos toca con las
manos sucias esos valores.
Pensémoslo bien. Este no es un asunto que se arregle con odiosas
censuras ni yesos mentales, es un tema de conciencia, educación
y apuesta al futuro. Muchos vicios, malas costumbres, enfermedades y patrones
patológicos de conducta se pudieran disminuir, si todos, consumidores,
anunciantes, comunicadores, publicistas, tomáramos más conciencia
del daño que esta lacra causa a la sociedad.
No hay dónde perderse. La historia lo demuestra: la venta de carne,
a la larga y a la corta, termina siendo un mal negocio. Por El Salvador,
por nuestra comunidad, por la integridad de las familias... por nuestros
hijos, de nuevo, pensémoslo bien.
*Columnista de El Diario de Hoy.

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