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Tema del momento
Las llagas de la inocencia

Difícil es cambiar nuestra idiosincrasia, pero si no comenzamos ya a reflexionar en cada hogar acerca del peligro que representa el mal manejo de los productos pirotécnicos, este problema continuará todos los año

Publicada 6 de diciembre 2004, El Diario de Hoy

Miriam Mixco*
El Diario de Hoy

editoriales@elsalvador.com

Los gritos de niños marcados por el dolor y sufrimiento a raíz de quemaduras sufridas por la pólvora deberían ser más que suficientes para poner mayor atención a este problema, que año con año se repite durante las festividades de Navidad y Fin de Año.

El descuido en el uso de los juegos pirotécnicos provoca siempre tragedias entre niños y niñas, en especial por el poco control de los padres de familia en el cuidado de los menores en el momento de quemar pólvora, sobre todo, los ya tristemente famosos “volcancitos”, que se convierten en un verdadero atentado para los pequeños.

El fuego derrite literalmente la piel de los niños, ahoga su aliento, quema sus ojos, párpados, cejas y deforma sus rostros, manos y brazos. En algunos casos, el humo y el fuego llega hasta la tráquea y chamusca toda la piel, causando un dolor que sólo el que ha sufrido un accidente de este tipo puede describir con exactitud.

Con el cuerpo enrojecido, aliento carbonizado y aún con olor a chamuscado, muchos infantes son llevados la noche del 24 y 31 de diciembre, de emergencia, al Hospital Benjamín Bloom, donde los médicos intentan disminuir el sufrimiento y reparar los daños, pero en algunos casos no se pueden revertir, dado la gravedad de las quemaduras.

Uno de los principales descuidos es el hecho de que los niños guardan sus pequeños polvorines en las bolsas de sus pantalones. Al tropezar y caer al suelo les estallan los fulminantes, que a su vez queman los demás cohetes y provocan las lamentables lesiones.

Triste es observar a niños con llagas, ya que estas llagas de inocencia se podrían evitar si los adultos fuéramos un poco más responsables con nuestros hijos y no dejarles solos con la pólvora, aunque lo ideal es superar esta práctica, que no lleva a nada bueno. El dinero que se utiliza para comprar estos productos podría ser empleado para un fin más productivo.

Para la temporada navideña 2003, el sistema de vigilancia de lesiones del Bloom registró un total de 101 menores atendidos, entre los que fueron ingresados y los que regresaron el mismo día a su casa. Entre los artefactos pirotécnicos que provocaron las lesiones están el mortero (con 25 casos), el silbador (con 18) y el volcancito (con 14). El hospital gastó 37,523 dólares en la atención a esos pacientes (El Diario de Hoy, 19 de noviembre de 2004).

Difícil es cambiar nuestra idiosincrasia, pero si no comenzamos ya a reflexionar en cada hogar acerca del peligro que representa el mal manejo de los productos pirotécnicos y sus consecuencias, este problema continuará todos los años. Lo correcto es que cada papá o mamá se haga responsable del cuidado de sus hijos.

Existen diversas maneras para celebrar la Navidad y Fin de Año sin que pongan en peligro la salud y la vida de nuestros niños y niñas. Por ejemplo, en cada colonia, barrio o pasaje existen asociaciones o comités de vecinos que podrían buscar implementar mecanismos de seguridad para los infantes. Si el caso es que siempre se quiere seguir quemando pólvora, ésta se podría reunir en un solo lugar (una cancha, por ejemplo) para que todos puedan observar.

A estas alturas ya hay una cantidad considerable de niños quemados por los productos pirotécnicos. El gobierno, a través de las autoridades del Ministerio de Gobernación, Cuerpo de Bomberos y del Hospital Benjamín Bloom, ha iniciado una campaña de concientización; no obstante, dado que vivimos en un país libre, la decisión es individual en el sentido de continuar permitiendo a nuestros hijos que quemen pólvora.

Un poco de prevención hace la diferencia entre una tragedia y una celebración sana. Cada acción produce consecuencias y somos responsables de ellas.

*Lic. en Derecho. mmixco@hotmail.com

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