Pedro
Roque*
El Diario de Hoy
editoriales@elsalvador.com
El TLC con Estados Unidos, el que se negociará
a continuación con la Comunidad Europea y otros tratados con determinadas
zonas geográficas del mundo requieren que en los intercambios comerciales
de productos y servicios se garanticen al menos las siguientes condiciones:
Que la calidad en el lugar de origen y destino cumpla con consistencia
con los requerimientos acordados, que sean entregados a tiempo y en las
condiciones de empaque o embalaje previstas para evitar deterioros durante
el transporte, que los riesgos de accidentes estén cubiertos por
un seguro y, además, que cumplan determinadas normas técnicas
o bien las normas de gestión como ISO 9000, ISO 14000, HACCP o
incluso, las normas OHSAS 18000.
Los lectores que siguen esta columna habrán leído otros
artículos en los que he aclarado en qué consiste cada uno
de estos sistemas, tanto los que focalizan la gestión de la calidad,
la gestión medioambiental, la inocuidad de los alimentos o los
medicamentos, o bien, los que gestionan la seguridad y la salud en el
trabajo.
Todos, si se implantan en serio y reorientando la cultura de la empresa,
deben terminar en un incremento de la rentabilidad. Si no es así,
terminan convirtiéndose en una cuenta más de gastos.
Pero ¿cómo demuestra una empresa que sus productos o servicios
cumplen consistentemente con las normas técnicas? O bien,¿cómo
demuestra que los sistemas de gestión que ha implantado se mantienen
y que la conducta de su personal es acorde a los requerimientos de las
normas? La respuesta es sencilla: Lo hace por medio de la certificación.
Existen tres tipos de certificación aceptados mundialmente: la
certificación por primera parte, que la realiza la misma empresa
proveedora; la certificación por segunda parte, que la hace o manda
a hacer el cliente, y la certificación por tercera parte, que la
realiza un organismo certificador acreditado e independiente.
Existen muchos organismos certificadores en el mundo, desde muy grandes
hasta muy pequeños y muy especializados, algunos son independientes
y otros pertenecen a empresas que también implantan los sistemas
de gestión.
En el caso de estos últimos, con frecuencia surgen cuestiones sobre
verdadera independencia de la certificación, pues es difícil
ser juez y parte en un proceso tan importante como el de certificación
frente a los clientes.
Bien
Pues luego de esta introducción, lo que les quiero participar
a los lectores y a la comunidad empresarial salvadoreña es que
el miércoles 30 de noviembre estuve como invitado en el Edificio
Valencia a la presentación oficial del primer organismo de certificación
salvadoreño: Aenor El Salvador.
Tanto el señor Embajador de España como el presidente de
Aenor, en sus discursos inaugurales, nos transmitieron además de
su gran satisfacción porque Aenor El Salvador inicia con paso firme
sus actividades, como la importancia que tuvo la certificación
para España en su integración al Mercado Común Europeo
y la comunidad europea.
Por cierto, es un proceso similar a la integración de El Salvador
en la comunidad centroamericana y las responsabilidades previstas en los
tratados de libre comercio.
La integración europea incluye la libre circulación de personas,
productos y capitales. Las personas se identifican con su pasaporte firmado
por las autoridades que lo extienden, los capitales circulan cumpliendo
las leyes nacionales e internacionales de transferencia, avalados por
los organismos autorizados y, en su caso, las superintendencias y los
productos con sus propias marcas y la certificación de organismos
independientes, que avalan el cumplimiento de las normas de productos
o de sistemas de gestión. Así es la cosa.
Con esta explicación aclaro la importancia de un organismo certificador
salvadoreño como Aenor El Salvador, para garantizar la calidad
de los productos salvadoreños.
Para entrar en Europa es necesaria la certificación de los requerimientos
CE para cada tipo de producto.
Para demostrarle a un cliente dentro y fuera del país que la empresa
cumple las Normas ISO 9000, se necesita la certificación ISO 9000,
otorgada por un organismo certificador. Pues esto, que hasta ahora era
necesario hacerlo desde otros países, ya es posible efectuarlo
desde El Salvador.
En España, Aenor es el primer organismo con más de 17,000
empresas certificadas y también es el que más empresas ha
certificado en Latinoamérica.
Hasta la fecha existían Aenor México y Aenor Chile, pues
ahora para nuestra satisfacción ya tenemos Aenor El Salvador, cuya
visión es la prestación de servicios en nuestro país
y otros de la comunidad centroamericana.
Tener un certificador salvadoreño, pues Aenor El Salvador es una
sociedad conformada por Aenor España y socios salvadoreños,
significará una mayor capacidad de respuesta, más agilidad
en la certificación y, sobre todo, para mí, como salvadoreño,
lo más importante, que el proceso de certificación será
realizado por salvadoreños que serán formados profesional
y éticamente para llevar a cabo el proceso de certificación.
El salto cualitativo para nuestro país es inmenso, pues crear una
empresa internacional siempre es un gran reto y para el caso de Aenor
El Salvador, gracias al esfuerzo y perseverancia de sus socios españoles
y salvadoreños, podemos decir ya misión cumplida.
Por la importancia que esto tiene para El Salvador y por mi involucración
personal en el contexto de la calidad, felicito a todos los que han intervenido
en que ya exista un certificador salvadoreño, al que, si hace un
trabajo serio e independiente, como debe ser, le auguro mucho éxito
aquí y en Centro América.
*Ingeniero y columnista de El Diario de Hoy.

|