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El Diario de Hoy
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En la reunión de las naciones
asiáticas efectuada la semana pasada en Vientiane, Laos, China
ex comunista propuso crear, antes de 2010, un área de libre comercio
muy similar a lo que Estados Unidos propicia con el Tratado de Libre Comercio
con Centro-América y el Caribe. El nuevo mercado común sería,
en palabras del gran diario italiano Corriere, un mastodonte,
mayor que la Comunidad Europea y la del norte de América entre
Estados Unidos, Canadá y México. Adicionalmente China ha
propuesto que en un plazo de tres años, para 2007, se libere el
comercio de un número determinado de bienes entre los países
del ASEAN.
Pero no sólo China, sino también la India, donde el proteccionismo
llegó a extremos alucinantes, se hizo presente en la reunión
y aspira asimismo a pertenecer al tratado.
¡Vaya sarcasmo! Mientras los comunistas del Hemisferio Occidental
se oponen a la globalización, China continental aboga por ese mismo
esquema para Asia. China pide que en seis años se cristalice la
unión, lo que vendría a dar por tierra con las políticas
proteccionistas que rigen en la mayoría de países asiáticos.
La integración que propugnan los chinos, muy acorde con el neoliberalismo
socialista, se presenta como la fórmula segura para acelerar
el desarrollo económico de Asia oriental, volver más competitiva
la región y potenciar las aspiraciones de Pekín de convertirse,
antes de mediados del siglo, en la primera potencia del mundo. Lo que
hasta hace un lustro se oponía (la globalización), es ahora
el eje de la política exterior y económica de China.
El libre intercambio, como lo demostró el economista inglés
David Ricardo hace doscientos años, favorece a ambas partes indistintamente
de si una de ellas está en un nivel superior de producción.
O como lo expresa una señora amiga, ella puede hacer mejor las
tareas que su empleada de hogar, pero la tiene contratada para liberarse
de la mayoría de faenas domésticas. El intercambio equivale
al outsorcing de las empresas: contratan negocios pequeños
para poder concentrar sus esfuerzos en lo suyo, en aquello que hacen mejor
que el resto.
Compramos más y vendemos más
El gran argumento de los comunistas criollos es que nuestras empresas,
en especial las pequeñas, no están preparadas para
competir con los gigantes del exterior. Temen que las transnacionales
comiencen a instalarse al lado de las tiendas de los barrios y junto a
las canasteras y quioscos de la Rubén Darío o la calle principal
de Apopa. Sin embargo, como lo vienen expresando en multitud de foros
comenzando por Enade, las PYMES salvadoreñas están a favor
de la apertura pues eso les abre nuevos mercados.
China no se aflige por la competencia del billón cien millones
de hindúes, como evidentemente los hindúes no están
alarmados por el billón y medio de chinos. Ambos lo ven como una
gran oportunidad, ya que los mercados se expanden y las oportunidades
se cuadruplican. Los salvadoreños lo hemos vivido con la expansión
del Mercado Común Centro-Americano: estamos comprando más
a nuestros vecinos, pero también les vendemos. Gracias al comercio
regional es que se ha incrementado el empleo local. La firma del tratado
de libre comercio con Estados Unidos ha logrado una elevación de
los niveles de vida de México.

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