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| Desde la pirámide de El Sol. La vista
muestra la pequeña ciudadela al piel de esta monumental construcción
y la calzada de los muertos. Fotos EDH/ Javier
Maldonado |
Javier Maldonado
El Diario de Hoy
jmaldonado@elsalvador.com
Tanto dentro como fuera de la ciudad de México, la cultura y
los espectáculos están a la vuelta de la esquina. O por
lo menos eso percibí en las cercanías del Castillo de Chapultepec.
El parque del mismo nombre sirve de soporte a una muestra fotográfica
de cien años de historia. Cantinflas o sucesos registrados en etapas
en blanco y negro están ahí, y se pueden ver sin pagar un
centavo.
Cada fotografía de más de un metro de largo cuelga de la
cerca de este parque. Sí, con vista a la calle para transeúntes
y conductores.
Pero eso es sólo una parte de lo que se puede ver en tan sólo
cuatro días de estancia. Tomando como referencia el mismo Chapultepec,
en sus alrededores se puede conocer el museos y parques.
En las afueras, la más frecuentada son Las Pirámides de
Teotihuacán.
Este tesoro arquitectónico del Estados de México alberga
a dos monumentales construcciones: La pirámide de El Sol y la de
La Luna.
Se dice que sirvieron de observatorios astronómicos y de templos
para sus deidades.
Subir al de El Sol es quizá el reto de todo turista. Más
de docientos escalones llevan a paso lento a multitudes que quieren experimentar
llegar a la cima de esta estructura.
Al culminar el viaje, se puede observar desde lo alto toda la ciudadela,
la calzada de los muertos y el templo menor dedicado a La Luna.
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| El plato fuerte. Además de un menú
de platillos mexicanos, en La Gruta la comida no sabe igual sin su
acostumbradas presentaciones de folclor y rituales autóctonos.
Fotos EDH/ Javier Maldonado |
Luego, a unos 200 metros se recuperan las energías en una cueva,
en el restaurante La Gruta. Lo mejor de la cocina mexicana.
Aquí se disfruta de espectáculos y comida a más no
poder.
Luego habrá que regresar a la capital y no perderse una vuelta
por la capilla gigantesca de la Virgen de Guadalupe.
Tres iglesias y un derroche de arte aún sobreviven al tiempo en
estas viejas construcciones antiguas que guarda la piel de el país
de los aztecas.
Un manto de oxidiana al pie de los turistas
- A 45 minutos de la ciudad de México, hacia el norte, la Avenida
Los Insurgentes lleva hasta Las Pirámides de Teotihuacán.
- Al pie de estos monumentos arquitectónico, fieles artesanos de
la oxidiana reproducen totems aztecas.
- Luego el recorrido del complejo invita literalmente escalar los templos
de El Sol o La Luna.
- La de El Sol es la más grande. Cuenta con 400 metros de diámetros
y 63 de altos.

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